Los presupuestos y la ciencia | Letras Libres
artículo no publicado

Los presupuestos y la ciencia

Según cifras oficiales del Ministerio de Ciencia e Innovación, el incremento para el 2010 en inversiones reales respecto a la evolución del presupuesto anterior será inferior en un 35,04%. Esto no se compadece con las promesas de Zapatero de cambiar una economía basada en “el ladrillo” y en el turismo por otra más acorde con el papel que debería jugar un país que se quiere del G8 o del G9 de la innovación, como lo denominó Juan Tomás Hernani, Secretario General de Innovación.

¿Quiere realmente Zapatero –próximo titular de la Presidencia Europea– este papel para España o son clave la escasa ambición que ha demostrado su gobierno en política exterior y su manifiesta simpatía por líderes que no están, precisamente, en primera línea? Sirva de ejemplo una medida compensatoria al recorte que se le ha ocurrido: vamos a impulsar la cooperación tecnológica con Latinoamérica. No es la Champions League. Si aspira a ser algo más que una especie de Pepito Grillo planetario se verá en su exposición sobre estrategia internacional en innovación y desarrollo del próximo semestre. Podemos reprochar al gobierno de Aznar algunos errores impopulares como Irak, pero esas suelas de zapato en la mesa de café de Bush eran expresión de una voluntad, una ambición y un proyecto que no existen en el gobierno socialista. Como la Reina Roja de la novela de Lewis Carroll, aunque sólo sea para mantenerse en el mismo lugar, hay que correr. Y Zapatero es The Quiet Man.

Las partidas destinadas a ciencia e innovación se reducen de forma sensible. ¿No quedamos, como dijo la ministra Garmendia, en que: “La innovación es imprescindible para salir de la crisis”? El pretexto que se arguye es que la reducción del presupuesto del Ministerio de Ciencia e Innovación responde principalmente a un recorte de los gastos corrientes y de transferencias a organismos dependientes que son aplazables porque las entidades de destino tienen remanente. Pero el Plan Nacional de I+D+i, siendo la joya de la corona del sistema, no se está desplegando como el marco estable que se anunció para el fomento de la innovación empresarial tan necesaria para remontar esta crisis y evitar las que puedan venir en el futuro. Lo que está claro es que el recorte tendrá efectos drásticos para la competitividad en 2010 y que la situación puede ser catastrófica en 2011 si no repunta radicalmente la inversión. De momento se olvida el objetivo del Plan Nacional de I+D+i 2008-2011 de aumentar la financiación un 16% cada año.

Lo único positivo de la crisis podría ser la racionalización de los programas que tienen que ver con la mejora del I+D en nuestro país. Me explico. Aunque en su primera legislatura el Gobierno Zapatero casi duplicó el presupuesto de I+D, este aumento se canalizó especialmente hacia el sector público. Pero España, como cualquier otro país promedio, no puede ofrecer empleos públicos permanentes a todos los investigadores y doctorados. Si Zapatero quiere que juguemos en la gran liga deberá vencer el talante buenista y subvencionador (que no afecta sólo a la izquierda) y afrontar que o se desarrolla y crece la investigación en el sector privado, o la investigación no despegará y España no recibirá el empuje que necesita para afianzarse como una potencia económica de primer orden.

Los tres países europeos que aportan más dinero a la I+D como porcentaje del pib son Suecia (3,73%), Alemania (2,53%) y Francia (2,08) mientras que en España el porcentaje se sitúa en un 1,34%. Aunque todo el mundo está de acuerdo que en que hay que mejorar la financiación de la i+d, puede ser contraproducente si los recursos humanos y económicos que se dedican se retraen del sector privado. La ventaja de esta crisis podría ser un replanteamiento sensato que evite que la euforia inversora desemboque en una burocracia funcionarial y, por ello, improductiva.

El programa Ramón y Cajal (RYC), iniciado en 2001, pretende recuperar cerebros ofreciendo contratos de cinco años de duración a aquellos investigadores que se encuentren en el extranjero. Durante dicho periodo son acogidos básicamente en las universidades y en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). La primera promoción de investigadores RYC cumplió los cinco años de contrato en noviembre de 2006. Ninguno se ha colocado en el sector privado, y sólo 474 de los 774 graduados han conseguido puestos estables en el sector público. No está claro que contratar a científicos extranjeros sin un objetivo muy claro sea la solución, ni es viable aumentar el número de investigadores mediante la expansión de programas doctorales y posdoctorales si al final de los mismos hay que crear empleos públicos para evitar que la mayoría vaya al paro. Esto no es California.

No es del todo cierto que la investigación en el sector público crea riqueza. Como ha sido señalado anteriormente, con la desaparición de la Unión Soviética se vio que Rusia carecía de tecnología civil. No es un país que exporte tecnología, y su fuente de riqueza son el petróleo y el gas: se ha convertido en una especie de Arabia Saudita. El Gobierno podría ayudar si entendiera que el problema fundamental de la ciencia y la tecnología en España es la casi inexistencia de I+D en el sector privado. Y no es culpa del sector privado, que ya carga con mucho. Es este sector el que debería cuidar un gobierno que no piense que se soluciona todo con buena intención y dinero. Los líderes mundiales en tecnología (IBM, Nokia o Novartis, por ejemplo) crean sus avances y productos en sus propios laboratorios de investigación. Los recursos han de destinarse al fomento de este sector privado mucho más que a organismos como el CSIC, aunque también. Silicon Valley fue concebido y desarrollado a lo largo de varios decenios sin ningún subsidio ni intervención gubernamental. La ayuda del gobierno americano consiste en la financiación de programas de posgrado en las universidades. Y no sólo la industria farmacéutica o biomédica absorbe estos doctorados. En el caso americano, casi la cuarta parte de los doctores en matemáticas se emplea en el sector de los servicios financieros, lo mismo que un número apreciable de los graduados en ciencias e ingeniería.

“Los proyectos competitivos tienen garantizada la financiación”. Con esta frase, la Ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, quiso subrayar el cambio de tendencia a la hora de financiar las actividades de I+D+i: menos subvenciones y más préstamos a empresas. En conjunto, en el 2010 se van a destinar a su Ministerio 5.290 millones de euros, de los que un 50,94% corresponderá a políticas de investigación y un 47,72% a políticas de innovación. Veremos si este dinero se recibirá donde de verdad hace falta y da como resultado eso que tanto necesitamos: elementos tangibles que, en resumidas cuentas, podamos vender por el mundo. No se trata de otra cosa. Como dice un conocido periodista en su blog: “se trata de fabricar nuevos productos (caso del chip) o de lograr los viejos con nuevas técnicas (tomates transgénicos)”. ~