Los debates de la Ilustración no se acaban nunca | Letras Libres
artículo no publicado

Los debates de la Ilustración no se acaban nunca

En el mundo hay catorce países donde el ateísmo se castiga con la muerte. Las ideas de la Ilustración todavía siguen vigentes. 

Muchos de los grandes debates que tenemos en la actualidad son todavía los debates de la Ilustración. Algunas de las ideas más características de ese movimiento -una espíritu universalista, la búsqueda de la evidencia empírica, un cierto optimismo temperamental- forman parte del proyecto Euromind, puesto en marcha por la eurodiputada Teresa Giménez Barbat del grupo Alde. La iniciativa, que aspira a la unión entre las ciencias y las humanidades, está comprometida con la defensa de los derechos del individuo frente la coacción comunitarista, y tiene en el laicismo una de sus reivindicaciones principales.

El secularismo y la libertad de expresión fueron los temas de su primera actividad, un seminario celebrado en el Parlamento Europeo en el que participaron una activista y un académico: Maryam Namazie y Paul Cliteur, profesor de jurisprudencia en la Universidad de Leiden y autor de Esperanto moral (Sin fronteras, 2009). En ese libro, el único de los suyos que está disponible en castellano, Cliteur defiende la separación entre ética y religión. Da cuenta de un fenómeno extraño: a menudo no parecemos conscientes de ideas que implícitamente suscribimos.

El volumen es una guía accesible y útil, que resume distintas concepciones éticas de las religiones y algunas formas de moralidad autónoma, desde los epicúreos y los utilitaristas a Kant. Señala diferencias entre un modelo místico (vinculado a la relación personal entre la divinidad y el creyente), uno protestante/islámico (caracterizado por la fidelidad a la escritura) o católico (donde media una casta sacerdotal), así como algunas teorías de formas de moralidad autónoma, desde los epicúreos y los utilitaristas a Kant. Su refutación de la apuesta de Pascal es ingeniosa, con un humor impasible que casi hace pensar en Buster Keaton.

Cliteur distingue cinco modelos de Estado desde el punto de la religión: un Estado teocrático, un Estado ateo, un Estado donde hay una religión oficial, un modelo multiculturalista o un modelo aconfesional. En Esperanto moral, se detiene en dos ejemplos de Estado laico: el francés y el estadounidense. Ese modelo, argumenta Cliteur, no discrimina a quienes tienen distintas visiones de la religión (incluyendo el ateísmo), protege la diversidad y es el más adecuado para sociedades donde coexisten múltiples conceptos de religión y moral, pero donde la convivencia requiere un espacio de valores compartidos. España, como ha explicado Javier Moreno Luzón, tiene que “abordar la separación, conforme a una sociedad cuyos lazos prácticos se muestran cada vez más tenues y minoritarios”, y revisar los privilegios financieros y fiscales de la Iglesia católica.

Uno de los peligros más graves de la disputa entre la religión y el Estado se produce cuando se extiende a la administración de la justicia, y un creyente entusiasta decide vengar a una deidad ofendida. Cliteur, que en su libro expone casos de asesinatos por mandato divino en las tres grandes religiones monoteístas (con Felipe II en un papel destacado), habló del cambio que supuso la fetua del ayatolá Jomeini contra Salman Rushdie por Los versos satánicos en 1989. Hace unos días los medios iraníes anunciaron la renovación de la sentencia. Comparaba este fenómeno con una toma de rehenes, en la que ni siquiera hay que apoderarse o ver a la persona: las comunicaciones contribuyen a extender el temor entre los ciudadanos y la idea de que el Estado no logra realizar su función primordial: garantizar la seguridad.

Lo importante, señalaba Cliteur, no es la libertad de religión, sino la libertad de cambiar de religión. No es la libertad de pensamiento, sino la libertad de expresar ideas impopulares. Esas dos cosas son precisamente las que lleva haciendo unos cuantos años la otra ponente de la sesión, la iraní afincada en Reino Unido Maryam Namazie. Namazie, que fundó una asociación de exmusulmanes, señaló atrocidades cometidas en nombre de varias religiones (no solo monoteístas), reiteró la importancia de distinguir entre el islam, los musulmanes y el islamismo, pero sobre todo reivindicó el derecho a cambiar de opinión: abandonar una religión no es algo que deba estar solo al alcance de los blancos. Algunas corrientes del islam defienden que la pena de muerte es la condena adecuada para el apóstata. Hay en el mundo catorce países donde el ateísmo se castiga con la muerte. Para Namazie, es importante que se proteja el derecho a hablar de los disidentes religiosos en Occidente: porque es un derecho esencial, y porque la exposición de esa libertad puede ayudar a abrir el espacio para los disidentes en otros lugares.

Namazie señaló casos de personas que han sido encarceladas por delitos de opinión contra los dogmas religiosos, como los miembros de la banda de heavy metal iraní Confess (que se enfrentan a una posible ejecución). En la sala estaba también presente Waleed Al-Husseini, detenido durante varios meses por la Autoridad Palestina por blasfemar en Facebook y en un blog. Al-Husseini escapó a Francia, donde ha publicado el libro Blasphémateur! Les prisons d’Allah.

Para algunos, gente como Namazie tiene razón y es valiente, pero es un poco demasiado intensa. Para otros, que exprese su opinión libremente es un ejemplo de insensibilidad o algo peor. A la opresión de la comunidad sobre los individuos se suma una tendencia, a veces inconsciente y a veces bienintencionada, de entender a las personas solo como miembros de esa comunidad. A menudo consideramos que es una comunidad oprimida, y por ello tendemos a pensar que tiene siempre razón.

La propia Namazie, miembro del Partido Comunista de los Trabajadores de Irán, ha tenido que enfrentarse más de una vez a esa manera de pensar. Hace unos meses, cancelaron una intervención suya en la universidad de Warwick (la charla se celebró tras una campaña). En diciembre, miembros de la asociación islámica de la universidad intentaron reventar una conferencia suya en Goldsmiths University. Una asociación LGTBQ apoyó a los que intentaron impedir que hablara. La asociación feminista del centro emitió un comunicado condenando las acciones de la asociación de ateos, humanistas y secularistas y solidarizándose con la asociación islámica.

Era un ejemplo del absurdo al que pueden llegar las políticas de la identidad, señaló. Namazie citó una frase de Kenan Malik, autor de un libro estupendo que recorre el camino desde el caso Rushdie hasta el 7-J, From Fatwa to Jihad: “El fundamentalismo o el secularismo no están cosidos al ADN de la gente”. Como ha dicho el periodista danés Flemming Rose, “la minoría más importante que debe proteger una democracia es el individuo”.

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