Los corazones patinantes | Letras Libres
artículo no publicado

Los corazones patinantes

Carta de Esmógico City

Posí —me iba diciendo el Peatón Pensante mientras a lento pie dábamos vueltas en torno a la capitalina Plaza Mayor transfigurada en jubiloso Central Park de Niuyor en Invierno—, posí, quién sabe qué tanto por ciento del titipuchal de los ciudadanos y ciudadanas de esta Esmógico City están allí donde usted los ve patinando como gráciles Sonjas Enie y Genes Kelly o dándose sentones de los que hacen retemblar en su centro la República Pejista del Zócalo o abrazando a el/la instructor/a con pretexto de no poder sostenerse erecto/a sobre los patines, pero lo que parece seguro es que este cuate don Marcelo Ebrard, el Jefe de Gobierno del Deefe, el mañanero, bien rasurado e intrépido campeón mensual de Pedal y Fibra, como que de veras quiere tenernos contentos a sus gobernados, los esmogicanos deefeños, y uno que mira este espectáculo de sano esparcimiento popular, este verdadero ballet espontáneo y gracioso tanto en sus ágiles como en sus torpes deslizamientos, uno no puede menos de felicitar al susodicho don Marcelo, pues ya sabe usted que al multitudinario corazoncito del Pueblo le hace mucho tilín el gobernante que no sólo atiende a las necesidades básicas y perentorias del ciudadanaje sino que también acude a la feliz satisfacción de los ocios populares, y, ver para creer, vea usted nomás esas chavas y chavos que en lugar de sujetarse al escolar pupitre se vinieron acá en un épico, gozoso, clamoroso arrebato de pinta (esto es de deserción escolar de un día), véalos, ésos ya no van a ser ni panistas ni priistas y ni siquiera pejistas, esos ya le entregaron el corazoncito a don Marcelo, moderno Santa Claus pero de izquierda, y van a ser marcelistas o ebrardistas, de modo que cuando don Marcelo se lance a la palestra para la presidencia ya no de la República Zocaliana, sino de, ¡oh!, la República Mexicana entera, ellos votarán por él, lo aclamarán como el Legitimisímo de los Legítimos, y aquí en el Zócalo ya para siempre convertido en pista helada, y ante un Palacio Nacional hecho un Palais de Glace casi pasisiense, entrechocarán sus pies calzados de patines en una ovación de clic-clic-clics que acallará las consabidas interruptoras campanas de la negra reacción, y en coreados gritos honrarán al presidente sportsman con el título de Gran Entretenedor del Pueblo. Posí.

(Milenio Diario, miércoles 5 de diciembre de 2007)