Líderes de hombres | Letras Libres
artículo no publicado

Líderes de hombres

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El Universal del 5 de agosto que apareció un trabajo titulado Evaluación de la Contratación Colectiva en el Distrito Federal, coordinado por los investigadores José Alfonso Bouzas (UNAM) y Luis Olivier y auspiciado por la fundación Friedrich Ebert (la FES, una institución alemana dedicada a las ideas y valores “de la democracia social” que tiene representación en México).

El resumen del escrito es que “México es el único país en donde prácticamente en todos los sectores los trabajadores quedan en condiciones de contratación simulada.”

Dice el estudio que en el Distrito Federal hay 34 líderes de hombres que tienen el control indiscutible de 8 mil 900 contratos colectivos de trabajo.

La cantidad de trabajadores y empleados que sólo pueden trabajar si se someten a las condiciones de esos contratos no es mencionada en las notas periodísticas, pero no debe ser pequeña.

Obviamente, los propietarios de estos “sindicatos” pertenecen a su vez a la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC) o a la Confederación de Trabajadores de México (CTM). Obviamente, hacen lo que les viene en gana con sus “comités ejecutivos” (si es que los hay): se autoproclaman líderes, o fingen elegirse, o se reeligen cuantas veces sea necesario, o ponen a su señora esposa de líder, o a sus demás seres queridos, y pueden hasta heredarlos (como Napoleón).

Los ramos en los que estos caballeros ejercen el control de los empleados, por medio de sus contratos de trabajo y su forzada incorporación a la militancia revolucionaria sindical, son sobre todo los de las industrias alimenticia, refresquera, turística, hotelera, gastronómica, el comercio, las oficinas particulares, la construcción, la automotriz, las escuelas particulares, las cantinas, discoteques, clubes y bares, la industria de la seguridad (sic), el resguardo de valores, la paquetería, etc.

¿Cuánto dinero deben desembolsar al mes las cientos de miles de personas que sólo pueden trabajar si agachan el testuz ante estos 34 líderes? Porque cada empleado, desde luego, debe “cotizar” y aportar aportar su granito de arena al engrandecimiento de estos líderes invariablemente revolucionarios urgidos de casotas, carrotes, pulserotas, cuentotas de bancotes, viajesotes a Las Vegotas, putotas, jacuzzotes, tequilotas, coñacotes y otros insumos necesarios para el correcto desempeño de sus funciones.

El estudio mencionado sólo se refiere a “contratos de protección” (o “fantasmas”) en el D.F. Por lo mismo, no se refiere a los grandes sindicatos corporativos ni a sus lamentables propietarios/as, eternamente reelectos, eternamente vivos (¿sabe usted que cada vez que se toma un refresquito fortalece a Armando Neyra Chávez, líder del Sindicato de Trabajadores de la Industria Embotelladora –STIES/CTM- desde 1970?). Tampoco se refiere a otros líderes de otros sindicatos, locales o nacionales, que controlan otros ramos y cuyos líderes no están afiliados al PRI, sino al PRD, o a la UNT o al FAP o, francamente, a AMLO (el caso paradigmático es el del líder del STUNAM, diputado –but of course (hola Carlos)— Agustín Rodríguez, que este año cumple quince de liderear a su progresista grey). Líderes que también cobran, que también venden plazas, que también ejercen derecho de pernada, también se convierten en diputados o senadores, que también consumen casotas, carrotes, collarsotes, etcétera.

Líderes, liderazos y lidercillos intocables. Nacen, o llegan o se apoderan de su cacho de realidad y la confiscan en su beneficio. El líder de los empleados de las boutiques unisex, o de los empacadores de lentejas, o de las uñas articifiales, o del que transporta aluminio, o de los que componen música, o de los que salen en la tele, o del que vende artesanías en Coyoacán, o del que mueve la manivela de un cilindro o enrolla billetes en un banco. ¿Hay actividad humana? Hay líder y hay ganancia. Punto.

Nadie a quien rendirle cuentas; nadie que se las pida. Resistentes a la Secretaría de Hacienda, a la del Trabajo, al IFAI, a la democracia, a la transición, a los partidos, al poder ejecutivo, al legislativo y al judicial, al cuarto poder, y al quinto y a lo que le pongan enfrente. Claro, porque todos ganan (menos los trabajadores)... Amos y señores de vidas, haciendas y destinos, vitalicios, impunes, absolutamente invulnerables.

Chitón.