Un retrato sin decadencia | Letras Libres
artículo no publicado

Un retrato sin decadencia

George Packer

El desmoronamiento

Traducción de Miguel Marqués Muñoz

Barcelona, Debate, 2015, 528 pp.

Hay en El desmoronamiento un pasaje increíble. Danny y Ronale son una pareja negra con dos hijos pequeños que viven en Tampa (Florida). Ni Danny ni Ronale tienen dientes. En Estados Unidos la sanidad es privada y los dentistas son caros. La boca no es por tanto una prioridad para la gente que apenas llega a fin de mes.

Danny y Ronale apenas llegan a fin de mes. Él vive de trabajos temporales que rondan los diez dólares hora y ella no trabaja. Un día van a ponerse una dentadura, gracias al programa Medicaid de sanidad pública para pobres.

La dentista es hispana y entra primero Danny. Sale orgulloso y pide su primer deseo, que cumplirá al día siguiente: comer un Dorito. “Llevo ocho años esperando.” Sus hijos le toman el pelo y le hacen pronunciar palabras difíciles que necesitan de los dientes: “them”, “Zebra”, “Tycoon”, “Dolphin”.

Luego entra Ronale pero sale menos contenta. Los dientes de la mandíbula superior le aprietan y le duelen. La dentista se ofrece a ajustársela, pero deberá ser la semana próxima. Ronale no podrá ir a la consulta porque al día siguiente se mudan de Florida a Georgia. “Es doloroso. Lamento que al resto de sus clientes no les importa que les duela, no soy perfecta”, dice Ronale. Se va enfadada.

En el coche de vuelta a casa ríen con los niños de sus nuevos dientes. Pero a Ronale le duele al hablar. El autor del libro, George Packer, describe así lo que ocurrió al llegar: “En casa se quitó los dientes y nunca más los volvió a llevar. Por simpatía o inercia, Danny hizo lo mismo”.

Es incomprensible. Una familia que vive al borde de mendigar, que pasa temporadas durmiendo en el coche por no poder pagar el alquiler y lleva a los niños a la parada del bus escolar por la mañana como si nada, cuya dieta básica es pasta, Coca-cola, patatas y hamburguesas, desprecia por pereza o por molestias algo que podía hacer su vida más fácil y sana sin luchar.

Así son en parte los Estados Unidos que no se ven y hasta ahí llega este libro de George Packer, que es un retrato magnífico de las últimas tres décadas del país. Packer es un periodista en plantilla de The New Yorker, que es esa revista que todo el mundo cita como modelo pero que resulta tan difícil de copiar. Packer cuenta varias etapas de la vida de una docena larga de americanos medio anónimos mezclada con la de famosos.

Para contar las biografías de los desconocidos Packer ha hecho cientos de horas de entrevistas. El esfuerzo para lograr que alguien cuente su vida sin adornarla requiere méritos que no tiene todo periodista. The New Yorker publica ese tipo de reportajes. Packer hace aquí un gran reportaje a partir de pequeñas piezas independientes. Las vidas no se entrecruzan.

Las tres vidas más importantes son las de, primero, Dean Price, un empresario tan americano de esos que cae y se levanta y llega la bancarrota y luego vuelve como si nada a buscar una nueva idea. Segundo, Jeff Connaughton, un banquero de Wall Street que pasa por el equipo del senador Joe Biden –hoy vicepresidente–, la Casa Blanca con Clinton y un lobby, donde se hace millonario. Tercero, Tammy Thomas, una mujer negra con antepasados esclavos, bisabuela digna, padres drogadictos, embarazos adolescentes y una vida dedicada a su comunidad en Youngstown, Ohio.

Es un libro muy americano. Los famosos son nombres habituales en Estados Unidos –Newt Gingrich, Sam Walton, Oprah Winfrey, Andrew Breitbart– que en el extranjero pueden sonar menos. Es un texto lleno de suburbios, de religión, de Wal-Mart, de crack, del Sur y de la Costa Oeste no como lugares geográficos, sino como metáforas. Es reveladora por ejemplo la inmensa rabia contenida con la que las familias que no pueden pagar una hipoteca aceptan su desahucio y se van. Es un desahucio –como cuenta muy bien Packer– locamente injusto: las hipotecas están tan desmembradas que las casas no tienen un solo propietario real o al menos el banco no puede demostrarlo. Pero nadie va a juicio a pelearlo y no se convierte por supuesto en un movimiento nacional. Los detalles son maravillosos, pero el lector que conozca poco Estados Unidos puede quedar descolocado. La historia de la dentadura es otro ejemplo. En Estados Unidos es normal encontrar a trabajadores en moteles o limpiamesas en el McDonald’s que no tienen dientes.

El título tiene un problema, sobre todo en español. Packer retrata un desmoronamiento, pero no solo. The Unwinding –el título original– puede ser también “la destensión”. Los retratos de Packer sirven para ver mejor la vida de unos cuantos americanos y entender su sociedad. Pero no es el análisis de una caída o de la crisis de 2008. Se desmorona una forma de ver el mundo, pero eso ocurre en cada generación. La crisis de 2008 es un impacto brutal. Packer se inspira en el relato novelado de John Dos Passos de la crisis del 29. Pero Packer no intenta –o no puede– explicarla porque es demasiado complicada.

Su libro es un gran ejemplo de que las cosas ocurren, de que la vida pasa, y de que quizá sea injusto e inexplicable, pero es así. La reforma financiera de 2010 –ahora aún más difuminada– fue un apaño de los senadores con los bancos. Packer, a través de la voz de Connaughton, lo denuncia. Es útil ver las debilidades de los políticos. Pero no hay más profundidad ni alternativas. Eso hace el libro más real.

Las teorías quedan para otro tipo de relatos. El periodismo de Packer cumple con el subtítulo: “Una historia íntima de la nueva América”. Sus momentos más débiles son cuando intenta teorizar o explicar que otras épocas fueron mejores: cuando el presentador Walter Cronkite decía la verdad por la tele y todo el mundo le creía y no había los gritos ni las medias verdades de Fox News. O cuando la política era un servicio público y no un servicio a los lobbies. Pero en aquel mundo suave y rosa de antaño los negros no podían votar, Vietnam era una guerra innecesaria, un presidente moría a tiros y los gays no podían hablar.

Packer parece reconocerlo y no describe solo un desmoronamiento. Sus personajes viven en altibajos y es cierto que la cultura industrial de Estados Unidos decae y destruye regiones, pero el paro a principios de 2015 es menor que antes de la crisis. No es un mundo ideal, pero nunca lo ha sido. El mérito del libro es enseñarlo por dentro, desde los salones y las oficinas, desde las discusiones de pareja y los despechos del jefe. Packer cuenta una franja americana desigual pero digna, no decadente. ~