Último alarido | Letras Libres
artículo no publicado

Último alarido

Félix Romeo

Noche de los enamorados

Barcelona, Mondadori, 2012, 142 pp.

 

Noche de los enamoradoses un libro de difícil clasificación. Lo fácil en esos casos es meterlo en el cajón de sastre de la novela, pero en realidad se trata de algo distinto: la historia real de un exorcismo privado.

Félix Romeo pasó año y medio en la cárcel de Torrero en Zaragoza cumpliendo la pena que se le impuso por negarse a hacer el servicio militar. Joven escritor premiado por su primera novela, Dibujos animados, no entró a una cárcel. Entró a un agujero pestilente y negro, con inocentes con largas condenas y con culpables a punto de salir. El primer día en su celda fue el 14 de febrero de 1995, el día de los enamorados. Y en esa misma celda, ese mismo día, por la noche, conoció a Santiago Dulong, quien le confesó que había estrangulado a su mujer, María Isabel Montesinos Torroba. Este hecho se le quedó enquistado en la cabeza hasta este libro. En 1998, trabajando como conductor del audaz programa de televisión La Mandrágora, se topó en Zaragoza a Dulong ya libre y este le dirigió un amago de saludo, un guiño de viejos camaradas. Tengo para mí que este segundo encuentro con el asesino confeso volvió a poner a Félix Romeo en la urgencia de investigar la historia para poder narrarla. Noche de los enamorados es la historia de esa investigación y la narración de los hechos descubiertos. Y también, en clave autobiográfica, la relación entre esa investigación y esos hechos y la vida y la obra de quien los investiga y narra, el propio Félix Romeo.

En el libro demuestra que Dulong maltrataba a su segunda mujer y que la estranguló hasta matarla tras dejarla inconsciente, y además, sin necesidad de decirlo explícitamente, que también había matado a su anterior mujer, hecho por el que nunca se le condenó. Pero, sobre todo, narra por qué esto no se reflejó ni en la prensa que informó del crimen, ni en el juicio que culminó con una condena ridícula: un año de prisión por imprudencia temeraria. ¿Por qué? Porque Isabel era una mujer sin protección ni familia, sin dinero ni suerte, alcohólica, exprostituta, criada en los confines africanos de España, que había conocido a su asesino y marido en el bar de alterne en el que trabajaba. Ningún familiar fue para identificar su cuerpo y a nadie le importó su destino ni su final. Los policías del barrio estaban hartos de acudir al domicilio conyugal, en la calle de Barcelona, ante las denuncias de gritos y malos tratos, y ya habían advertido que solo irían si había sangre, y el fiscal no investigó los miles de hilos sueltos que el crimen dejó y que habrían conducido a una condena diferente. Para el juez era otro día más de trabajo. Lo mismo que para el forense, que advirtió que la rápida muerte de María Isabel se pudo haber debido al reducido tamaño de su glotis, problema común en personas con problemas de alcohol durante años, y no a la mano que la estranguló. La prensa de nota roja, como buena ave carroñera, pronto se desentendió del caso ante el poco atractivo de una historia de marginales. Y máxime si coincidió en el tiempo con un joven iracundo que decapitó a otro en la calle de copas de Zaragoza con una espada de samurái. De hecho, el juicio y la sentencia consistieron básicamente en convertir a la víctima en culpable: por puta, por alcohólica, por problemática. Y no de una manera voluntaria: pura inercia burocrática, pura indeferencia de los profesionales en lidiar con el dolor ante el dolor humano. Pura negligencia sin consecuencias para los infractores. Todos menos el asesino, que en su celda de Torrero, con sus gafas y sus manías de enfermo de la próstata, no tiene reparos en decir la verdad al joven insumiso Félix Romeo.

Limpia de toda grasa, Noche de los enamorados es literatura magra. Una historia pata negra. No hay nada que no tenga una relación directa con lo que se cuenta, incluidas las referencias a cómo esta historia ya había asomado sus pestilentes patas, transformada en ficción, en su segunda novela, Discothèque, y cómo, en cierto sentido, era una historia encriptada semejante a la de Amarillo, en donde Romeo narra el suicido de su amigo, Chusé Izuel, en Barcelona, cuando compartían el piso y el sueño de ser escritores en la Ciudad Condal. Noche de los enamorados es también un libro sobre sus libros anteriores. No por ego de artista, sino por necesidad narrativa. Y porque es consciente de las consecuencias de los libros cuando tratan de la cruda realidad y las personas se ofenden o reclaman. Cuenta que cuando publicó Amarillo: “habían transcurrido dieciséis años desde el momento de los hechos, el suicido de Chusé Izuel, e hizo que eclosionaran miles de moscas. Todavía las estoy espantando. Sin mucho éxito.”

Noche de los enamoradosnarra también una parte desconocida de la historia de Zaragoza: Santiago Dulong, el asesino, era bisnieto del primer alcalde republicano (de la I República) de la ciudad. Y esta historia, también triste y decadente, acaba mal: nunca lograron hacerle una vindicación justa durante la II República y sus deudos vivieron y murieron en la pobreza. Además, Dulong fue toda su vida falangista y miembro de una cofradía católica desde su fundación en 1947. El documento cobarde, puro eufemismo, con el que la cofradía informa de la muerte de la esposa de su vicepresidente, Santiago Dulong, es otra de las gotas de horror helado del libro:

 

No queremos remover este hecho; simplemente queremos recordarte, porque eras asidua a los actos de la cofradía y siempre con tu marido, ahora después de esta separación terrena sabemos que te encuentras al lado del Padre Eterno disfrutando de la plenitud de su Compañía.

 

Y, sobre todo, Noche de los enamorados es una investigación sobre el sinsentido de las jergas y la inutilidad de las palabras policiales, jurídicas, históricas, periodísticas y literarias para perfilar la verdad: las mismas palabras que fueron incapaces de contar correctamente la historia de la muerte de María Isabel.

La tensión narrativa del libro nace de los sucesivos regresos que hace Romeo, en espiral, a la escena del crimen para ir ilustrando en la mente de los lectores los nuevos indicios que recoge tortuosamente, contra la voluntad de las partes y el olvido, contra la carencia de archivos y leyes que permitan acceder a la información. Y en cada regreso, un elemento más del horror que vivó María Isabel el día que fue asesinada. Todo en un tono sincopado, de frases cortas y puntos y aparte. Por momentos, mezcla con maestría cómo se movía el Dulong preso, o lo que le dijo del asesinato, con la descripción más veraz a su alcance de la tarde del crimen:

 

Tras un tiempo indeterminado, aunque a mí Santiago Dulong me dijo en la celda que habían pasado diez minutos, quizá para seguir imponiéndose en su fanfarronería penitenciaria, se da cuenta de que María Isabel ya no se mueve.

 

Aterrador.

Félix Romeo fue un defensor incansable de la libertad en sus textos de prensa. Un humanista disfrazado de ogro que creía en la dignidad de las personas. Con Noche de los enamorados, lanzó su último alarido contra el abuso, la infelicidad y la miseria moral. Un alegato ético contra la España negra. Una venganza contra el cobarde compañero de celda que una noche de los enamorados le contó sin remordimiento que había estrangulado a su mujer.

 

CODA

Félix Romeo me escribió el 9 de marzo de 2010 para pedirme que buscara un corrido mexicano en el que se hablara de la muerte como “la pelona”. Nunca supe para qué lo quería, pese a que nos vimos varias veces más en viajes míos a España e intercambiamos cientos de e-mails. Cuando me tropecé con el corrido en la novela, sutilmente hilado con la trama, como las escasas citas literarias y artísticas siempre de mujeres en situación de abuso o indefensión, toda la contención que había logrado tener para leer su libro póstumo se desquebrajó. Pero esto, ¿a quién carajos le importa? ~