Piedra de corazón, de Jean Bollack | Letras Libres
artículo no publicado

Piedra de corazón, de Jean Bollack

Jean Bollack, Piedra de corazón, texto revisado y ampliado con el autor, traducción de Arnau Pons, Arena Libros, Madrid, 2002, 144 pp.

POESÍA
Un valioso documento sobre Paul Celan

Este poema, dedicado a Mayotte y a Jean Bollack, tiene su título en francés, "Le Périgord", y aporta el testimonio de una estancia que el gran poeta —por aquel entonces lector de alemán en la École Normale Supérieure— hizo en agosto de 1964 en el castillo de Baneuil, en el Périgord. Se trata del testimonio de un encuentro improbable, difícil y fecundo entre aquel que había "venido de lejos", tal como dice el poema, de la lejana y desgraciada Bucovina, antaño rumana, hoy ucraniana, y un viejo país de civilización meridional, de colinas, viñas, castillos y campos de tabaco. Un viejo país ya marcado, a ojos del poeta, por la estancia de Hölderlin en 1802, "en los jardines de Burdeos", pero también por el recuerdo de Oradour-sur-Glane, situado más al norte, en el Lemosín, que Celan visitó cuando, al dirigirse hacia el sur, venía de su casa de campo en Normandía.
     Esta estancia se produjo en unas circunstancias particulares. Celan acababa de publicar en 1963 su libro más elaborado, Die Niemandsrose (La Rosa de Nadie). En 1964 la interpretación de estos poemas densos y difíciles había dado lugar a una fuerte polémica en la "Correspondencia" del Frankfurter Allgemeine Zeitung entre un tal Holthusen y el filólogo Peter Szondi, una disputa sobre la oscuridad de las metáforas y los neologismos "gratuitos" y "surrealistas" de Celan y sobre la memoria que asedia a estos textos de un lirismo ahogado con el recuerdo del exterminio de los judíos en los campos. Tal como Szondi escribió en su carta al director del "Folletín literario" del FAZ: "Celan contradice la frase, tan a menudo citada, de Adorno, según la cual después de Auschwitz ya no se pueden escribir más poemas, y lo hace con una obra lírica en la que Auschwitz se encuentra presente incluso donde Holthusen no ve 'el tema' tratado 'de un modo expreso.'" Igualmente invitado al castillo de Baneuil, Szondi le pide al poeta una carta que confirme y avale, de alguna manera, su interpretación. Pero el poeta —¿y acaso alguien se extrañará de ello?— no se ve en condiciones de redactar este texto; tan cierto es esto como que la hermenéutica de Szondi, por justa y exacta que sea, no puede ocupar el mismo lugar que los poemas, los cuales, con su oscuridad característica, dicen claramente lo que ellos mismos quieren decir.
     A falta de este texto, y a modo de carta de castillo, una vez ha abandonado Baneuil, Celan envía a los Bollack esta oda titulada "Le Périgord", en la que no es difícil oír un eco voluntario de "Andenken", el famoso poema que, de regreso a Suabia, hacia 1803, Hölderlin compone en honor a esta región de Burdeos, así como a la "bella corriente del Garona", aunque se trata, a decir verdad, de un eco crítico, ya que, para Celan, Hölderlin está siempre asociado, inevitablemente, a esa cultura alemana de la Heimat que encontró en Heidegger a su arrogante comentador, y que Celan rechaza tajantemente. Bollack expone con la atención delicada del amigo y del filólogo los diferentes estratos que la hermenéutica permite encontrar de nuevo en cada una de las palabras-metáforas, las palabras-frases, las palabras-cristales de Celan, oscuros condensados de experiencia: éste es por ejemplo el caso del término compuesto "Steineichenhügel" (literalmente "cerro de encinas", pero donde se lee también "cerro de encinas, piedras") que abre la tercera estrofa, y por encima del cual brilla una estrella. Se trata evidentemente de una evocación del paisaje meridional del Périgord, en una estampa de una melancolía profundamente nervaliana. Cerca de la torre del castillo crecía una encina ("Steineiche"), sobre un cerro. Pero las hojas de roble ("Eiche") también siguen siendo para el poeta judío el odiado emblema de la Wehrmacht y de la violencia germánica. Ambigüedad de los signos. La encina, la carrasca o, si se quiere, la chaparra, en alemán se dice "Steineiche" (roble de piedra). Ahora bien, en el vocabulario metafórico de Celan, la "piedra" ocupa una posición absolutamente central: arrastra, de un modo fúnebre, el peso de todas las muertes en las palabras. Y el cerro se convierte en túmulo ("Grabhügel"). "El pasado en el que se arraiga el origen de la destrucción de los judíos se lee en los robles y en la 'piedra', y en la estrella que centellea encima", escribe Jean Bollack. Esta oda nos permite asistir, pues, a la transfiguración de este paisaje demasiado familiar, el Périgord civilizado y meridional, en un "Périgord" ("piedra de corazón") en el que el poeta lleva siempre el duelo de sus antepasados de Bucovina, muertos en los campos. ¿Era esta oda una manera paradójicamente lírica y sutilmente cortés —pensamos en Rilke— de decir la distancia infinita de duelo y dolor que separaba al poeta de este bello decorado y, de una cierta manera, de justificar así su silencio, su melancolía? "El canto se ve importado a un país de sol, pero permanece marcado por el duelo. La tierra abrasada toma un color de ceniza."
     Este libro no sólo es interesante por las informaciones de tipo personal e incluso anecdótico que aporta sobre un gran poeta de lengua alemana afincado en París. Ilustra con una rara intensidad la paradoja del método de lectura filológico asociado tanto a Jean Bollack como a Peter Szondi. Un método que no se contenta con generalidades sobre la condición humana, como ocurre con la aproximación hermenéutica clásica de Hans-Georg Gadamer en su ¿Quién soy yo y quién eres tú? (Comentario a "Cristal de aliento" de Paul Celan) (traducción castellana de Adan Kovacsics, Editorial Herder, 1999), sino que, contrariamente a Gadamer, se dedica a señalar las alusiones biográficas, los datos curiosos, los términos especializados que forman la materia y, por así decir, el "afuera del texto" de los poemas. Y todo esto para afirmar que este tipo de lectura ve, ante todo, el objeto del poema en la lengua, lo cual justifica la atención prestada a todas las ocurrencias de una misma palabra en el conjunto de la obra. Según Bollack: "La comprensión de la 'hermenéutica' reposa en la acepción de esa continuidad, escritura de un único texto (o 'libro') que se rescribe y se hace explícito desde dentro, de un poema a otro. El desarrollo interno de la materia, en un sistema cerrado, prevalece por encima del encuentro exterior, que se ve como aspirado e integrado por la materia. Nada tiene sentido fuera del sistema que se construye." Esto es tanto más cierto en el caso de Celan desde el momento en que éste se implica en un lento y contradictorio trabajo de "refección" lingüística a partir de una lengua alemana durablemente embrutecida por crímenes inexpiables.
     El respetuoso testimonio que Jean Bollack recoge sobre su huésped, acompañado de fotos y de un facsímil del poema, es de hecho algo más: se trata de un valioso documento sobre las relaciones entre la persona del poeta y la obra que, en otro plano, se elabora según una sintaxis propia.
     Esta edición española, que aparece diez años después de la publicación francesa, ha sido revisada y ampliada por el traductor junto con el autor, lo cual la convierte en la edición de referencia. Como señala Bollack en su prólogo: "El traductor ya era de entrada un maravilloso descifrador, atento y lúcido, de lo que el poeta había escrito y que yo mismo había intentado formular; él no podía no aportar los progresos que permite hacer un reexamen implícito de las propuestas de lectura —siempre ventajosamente dialogado y compartido—; Arnau Pons tiene su parte en el texto que ha traducido." ~