Orient Express, de John Dos Passos | Letras Libres
artículo no publicado

Orient Express, de John Dos Passos

No deja de resultar chocante la suerte que ha corrido la literatura de John Dos Passos en España. De fecha tan temprana como 1930 son las traducciones de Rocinante vuelve al camino y Manhattan Transfer, y la intensa influencia que esta última novela ejerció en la narrativa española de posguerra (ahí está La colmena de Cela para demostrarlo) parecía haberle asegurado un hueco estable en la programación de las editoriales. Eso fue más o menos así en los años cincuenta y sesenta, e incluso en los setenta, muerto ya el novelista, y llama la atención que, a esas alturas, nadie se interesara por acercar al lector español su novela póstuma, Century's Ebb, ambientada parcialmente en nuestro país. Los gustos habían cambiado de golpe, y la literatura de Dos Passos, convertida en una reliquia del pasado, sólo sobreviviría desde entonces en las ocasionales reediciones de Manhattan Transfer, el único de sus libros que casi siempre ha estado presente en las estanterías de las librerías.
     Estoy hablando del último cuarto de siglo, durante el cual el resto de su producción parecía haber sido engullida por el olvido. Han tenido que pasar todos estos años para que algunos editores se arriesguen a intentar una recuperación parcial de su literatura. Regresa Dos Passos, pero el Dos Passos que regresa no es el novelista sino el autor de libros de viajes. Hace un par de años Alfaguara reeditó Rocinante vuelve al camino, en el que el escritor dejaba constancia de las impresiones de sus primeros viajes por España, y este año Ediciones del Viento y Península recuperan respectivamente Orient Express y Viajes entre guerras.
     Aquí se impone hacer una advertencia: Viajes entre guerras fue concebido en su momento como una pequeña summa de textos viajeros, y eso explica que, entre otros escritos, incorpore algunos que previamente habían sido publicados en los otros dos libros mencionados. De hecho, los textos estrictamente originales del volumen no pasan de la media docena. Media docena, eso sí, de interesantísimas crónicas que recrean el viaje que el autor hizo en abril de 1937 a la España republicana, y que a veces conviene leer entre líneas para percibir algo del drama que en ese momento atenazaba a Dos Passos: su dolor por la muerte de su amigo y traductor José Robles, asesinado muy poco antes por los servicios secretos de Stalin, un episodio que sería determinante para el entonces incipiente viraje ideológico del escritor de Chicago y que acabaría provocando su definitiva ruptura con el comunismo. Hay pasajes que se diría que fueron escritos para "buenos entendedores", pero no hace falta conocer esas claves secretas para apreciar las dotes del escritor para trazar ágiles y contundentes retratos, captar pequeños detalles cargados de significación y transmitir con viveza sus propias experiencias.
     Esas dotes, por supuesto, no eran nuevas en Dos Passos, y resulta fácil rastrearlas en los textos que 16 años antes había escrito durante un viaje por Turquía, Georgia, Persia, Irak, Siria... También aquí nos encontramos al escritor en una geografía y un momento particularmente convulsos, algo que parecía atraer al joven y aventurero Dos Passos: tiene su mérito pasarse casi cuarenta días a lomos de un camello para cubrir la distancia que separa Bagdad de Damasco... Los escritos de Orient Express acreditan a John Dos Passos como uno de esos viajeros clásicos que se enfrentan a las penalidades con una mezcla de curiosidad y estoicismo y que tratan de adaptarse a unas formas de vida distintas, en las que rige otra medida del tiempo. Es Dos Passos un viajero sin prisas, un hombre observador y atento al que no puede dejar de interesar nada de lo que le rodea: la vestimenta de los nativos, la arquitectura y el mobiliario, las luces y los olores, los diferentes paisajes... Todo queda registrado en sus textos porque todo le estimula y le inspira. De ahí que su despedida se tiña de melancolía y el libro concluya con el decepcionante regreso a la propia ciudad, cuando "te enfrentas contigo mismo de vuelta a casa y te sientes sumido en el abatimiento al ponerte otra vez tu viejo sombrero negro". -