Obras (Tomo I), de Copi | Letras Libres
artículo no publicado

Obras (Tomo I), de Copi

Copi nació como Raúl Damonte en 1939 en Buenos Aires, pero vivió toda su vida adulta en París, escribió buena parte de su obra en francés y dedicó una novela a Uruguay, donde pasó su infancia; escogió un nombre de pluma que ni siquiera es un nombre; fue homosexual y travesti y produjo una obra breve e iconoclasta que ocupa a la crítica aún hoy, más de veinte años después de su muerte en 1987. Aunque todo esto sería ya suficiente para considerarle un escritor extraordinario, hay algo más: si bien su influencia es notoriamente visible en buena parte de la literatura argentina de las tres últimas décadas, durante años sus libros han sido prácticamente inhallables en ese país y en España, donde su nombre funciona aún hoy como contraseña para la entrada a un club selecto y poco elegante.

Obras, primer volumen de lo que se proyecta como la prosa reunida del autor publicada en Anagrama, viene pues a devolverle la visibilidad a un escritor fundamental. El libro contiene tres novelas y un texto autobiográfico parcialmente inédito. Escrita en 1984, “Río de la Plata” es una pieza de una memorialística delirante que atribuye a los argentinos una sexualidad compulsiva y zoológica, a sus políticos forma de pecho femenino y a sus mujeres un carácter intolerable; de todas estas atribuciones, quizá sólo la última sea verdaderamente cierta, pero lo que importa aquí es que el texto autobiográfico induce al lector a preguntarse si Copi no está tomándole el pelo. Naturalmente, lo está haciendo; pero lo hace de forma tan hilarante que el lector acaba cayendo derrotado bajo el imperativo, que surge de la propia obra, de que no se tome muy en serio lo que lee, ni a sí mismo.

La narrativa de Copi se caracteriza por la sustitución de las relaciones causales por las contingencias sin motivo, el cuestionamiento de la representabilidad del mundo y el borramiento de los límites entre el mundo real y el mundo narrado, pero también por la ironía, el esteticismo, la teatralidad camp y la exageración humorística. En buena medida, todos estos elementos se encuentran presentes ya en la primera novela del autor, El uruguayo: aquí la ciudad de Montevideo es cubierta de arena por el perro del narrador; del pozo cavado por el animal comienzan a salir pollos que mueren asados cuando tocan la superficie; un misterioso avión lanza una bomba sobre un grupo de militares y sobre el presidente del país; y el narrador comienza a hacer pequeños milagros, los cadáveres esparcidos por la ciudad resucitan y empiezan a perseguirlo, pero el presidente le otorga protección cortándole los labios y los párpados para conservarlos como reliquias y canonizándole; Uruguay comienza a encogerse y el cielo se junta con la tierra, anunciando más catástrofes por venir.

En otra de las novelas reunidas en Obras, La vida es un tango, Silvano Urrutia llega a Buenos Aires tras ganar un concurso de poesía auspiciado por un periódico pero a poco de llegar se ve envuelto en la muerte de uno de sus redactores, Alemania invade Holanda, la decisión de titular “Hitler asesino” crea un conflicto con el jefe de policía, un notorio entusiasta del nacionalsocialismo que, en ausencia del presidente de la República, auspicia los ataques contra judíos y chantajea a los dueños del diario, trasuntos corruptos y cocainómanos de la familia del autor, que dirigió el importante diario Crítica en las décadas de 1930 y 1940; Urrutia huye de Buenos Aires y en la segunda parte del libro presencia y protagoniza involuntariamente la revuelta de París de mayo de 1968, sólo para regresar más tarde a su origen provinciano.

En La Internacional Argentina, única obra del autor escrita en español, el mediocre y vanidoso poeta argentino Darío Copi conoce al magnate Nicanor Sigampa, un gigantesco negro que financia a la intelectualidad argentina exiliada en París y convence a Copi de que se candidatee a la presidencia; Copi acepta y se ve involucrado en el asesinato del embajador argentino en París y en las intrigas de Raoula Borges, la hija natural del gran escritor argentino, y acaba viendo frustrados sus planes de acceder a la presidencia argentina al descubrir que es hijo ilegítimo y que además es judío y nacido en Auschwitz. Aquí la crítica a instituciones tan argentinas como el racismo, el antisemitismo y la homofobia, ya presente en textos como “Río de la Plata”, alcanza su punto más alto: Sigampa le anuncia que ha decidido retirarle su apoyo ya que es improbable que la ciudadanía argentina vote a un candidato judío.

El uruguayo, La vida es un tango y La Internacional Argentina muestran que Copi no duda ni se detiene ante consideraciones estéticas o de índole nacional, y con ello va mucho más lejos que cualquiera de sus contemporáneos. Aunque de forma distorsionada y delirante, las tres obras son también piezas autobiográficas al tiempo que textos humorísticos de primera categoría y piezas fundamentales del puzzle de la literatura argentina. Sin ellas, autores tan diferentes como los argentinos César Aira, Alberto Laiseca, Washington Cucurto y Pablo Pérez, el chileno Pedro Lemebel y el uruguayo Dani Umpi, serían difíciles de imaginar, ya que todos parecen haber recurrido a la figura tutelar de Copi para librarse del mandato de seriedad, corrección y falta de sentido del humor que preside las literaturas del Cono Sur. La publicación reciente de sus novelas La ciudad de las ratas y La guerra de las mariconas por el sello argentino El Cuenco de Plata y la de estas Obras por Anagrama merecen ser celebradas pues por lo que tienen de rescate de la obra fundamental de un escritor de una sofisticación y una inocencia únicas, alguien que oponiéndose a todas las convenciones fundó convenciones nuevas y transformó la literatura en dos idiomas, el español y el francés. Es de desear que a este primer tomo de la narrativa de Copi, al que seguirá un segundo volumen con la novela El baile de las locas y los relatos de Los viejos travestis y Virginia Woolf ataca de nuevo, le siga también la publicación de la dramaturgia de Copi, tan visceral como su narrativa pero prácticamente inédita en español, y de sus extraordinarios cómics, también parcialmente inéditos en castellano, cuyos vínculos formales y temáticos con la narrativa del autor son notables. Se trata de la mejor literatura argentina en francés que puede leerse, escrita por un autor cuyo nombre no era de mujer ni de hombre y que alguna vez reconoció ser tan vanguardista que se había pillado el sida primero que nadie. ~