Máscaras de la ficción, de Román Gubern | Letras Libres
artículo no publicado

Máscaras de la ficción, de Román Gubern

Román Gubern, Máscaras de la ficción, Anagrama, Barcelona, 2002, 512 pp.
MITOLOGÍA
La dirección de las obsesiones

Aun quienes están familiarizados con el trabajo de Román Gubern (Barcelona, 1934) se podrían sorprender por el área de trabajo que ha elegido para su más reciente libro, Máscaras de la ficción, que él mismo ha calificado de "antropología amateur". El término es pertinente en cuanto se trata del estudio histórico de algunos mitos y sus representaciones (los personajes de ficción), en el periodo que va de la Revolución Industrial a nuestros días. Sin embargo, basta observar con detenimiento la bibliografía de Gubern para percatarse de que su nuevo libro no causa extrañeza, como sí interés y expectación que se ven recompensados con la lectura.
     Gubern ha hecho suyo el trabajo a profundidad del crítico cinematográfico mediante la investigación histórica y el ensayo, fruto del cual son libros como Historia del cine (1969), Godard polémico (1969), Homenaje a King Kong (1974), El cine español en el exilio (1976), El cine sonoro en la ii República (1977), Las raíces del miedo. Antropología del cine de terror (1979) y Carlos Saura (1979), entre otros. De forma paralela ha cultivado investigaciones desde el punto de mira de la semiótica, que abarcan un espectro aún mayor del fenómeno de la comunicación, como El lenguaje de los comics (1972), Mensajes icónicos en la cultura de masas (1974), El simio informatizado (1987), La mirada opulenta. Exploración de la iconosfera contemporánea (1987), La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas (1989) y Del bisonte a la realidad virtual (1996). A todo esto habría que agregar su labor docente en diversos centros de enseñanza y que actualmente es catedrático de Comunicación Audiovisual en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona.
     En Máscaras de la ficción se unen los dos caminos por los que ha transitado Gubern. Los personajes de ficción son vistos como entes virtuales que encarnan mitos antiguos de la cultura occidental. Ya que dichas construcciones viven en soportes narrativos, el análisis de Gubern se basa en el cine y la novela, agrupando los personajes en "familias". Así, la familia titulada "La mujer depredadora", por ejemplo, reúne, entre otras, a Carmen, Lulú y Lolita, personajes de distintos tiempos y procedencias, bajo el mismo sello mitológico de ansiedad masculina, el de la mujer que aparece en la vida del hombre, lo atrae con lascivia y lo lleva a la perdición.
     Para efectuar el análisis de estas familias de personajes, de los mitos a los que corresponden y de sus posibles orígenes sociales, Gubern se sirve de múltiples herramientas a su disposición, convirtiendo las reflexiones en una arena de discusión multidisciplinaria, donde el psicoanálisis, la semiótica, la historia literaria y la cinematográfica, así como la antropología, se enfrentan a la interpretación del mismo fenómeno, arrojando resultados diversos y de rica densidad.
     Es cierto que, para la elaboración de un libro con estas características, el autor se vio obligado a seleccionar de un nutrido elenco la lista final de personajes y, sin embargo, éstos parecen suficientemente representativos de su momento histórico. También es cierto que las familias mitogénicas son sólo catorce, pero el lector descubrirá pronto que no hay necesidad de más. Esto se debe a que algunas obsesiones se manifiestan como mitos distintos en cuanto se traducen en personajes, pero en términos generales pueden corresponder a pulsiones muy cercanas entre sí. Es claro, por ejemplo, que el capítulo iii, "Los enigmas de la vida", donde nos encontramos con Victor Frankenstein y el Doctor Moreau, no es la misma familia del capítulo XV, "La máquina emocional", que engloba a personajes como hal-9000 o Robocop, pero su relación de parentesco queda establecida si pensamos que en ambos casos se habla de la vanidad humana y de cómo los hombres han intentado manipular las leyes de la naturaleza por medio de la tecnología. Es decir, las familias mitogénicas están relacionadas y Gubern parece provocar al lector para que encuentre otras ahí donde lo lleven nuevas novelas y películas.
     En este sentido, si el autor ha creído encontrar en catorce familias los mitos más representativos de la modernidad industrializada, las relaciones entre esas familias muestran al lector conjuntos  más amplios: la dualidad del ser; el miedo y la pasión ante la tecnología; el enfrentamiento entre el hombre y su sociedad, y los conflictos de las relaciones entre los sexos, siendo el primero el conjunto más amplio. Si este apunte puede tenerse por cierto, entonces Máscaras de la ficción nos advierte que quizá la obsesión más frecuente del hombre en la era industrializada es la que corresponde a su desdoblamiento o fragmentación. Si tal constante se localiza en Victor Frankenstein —donde la polaridad establecida por el científico (apasionado de la ciencia) y su creación (un monstruoso y catastrófico resultado) hace pensar en dos caras del mismo problema— no es menos cierto que también insufla parte de los conflictos del Dr. Henry Jekyll o de Robocop. En el mundo de hoy, cuando hemos decidido llevar a sus últimas consecuencias nuestra fe en la ciencia, Máscaras de la ficción resulta un recordatorio oportuno de que la historia se repite y de que los hombres no siempre aprenden de sus contundentes lecciones. ~