La tragedia del hombre | Letras Libres
artículo no publicado

La tragedia del hombre

Carlos García Gual

Enigmático Edipo. Mito y tragedia

Madrid, FCE,

275 pp.

La relación con los textos clásicos está en España muy coartada por la filología, que ha sido, tradicionalmente, el único instrumento tolerado para renovar su lectura. Quizá ese genuino miedo a interpretar surja del catolicismo, del imperativo de silencio –pensemos en la historia de la traducción en nuestro país– que su doctrina nos ha impuesto, condenándonos a mantener una castidad hermenéutica dentro de los estrictos márgenes de la crítica textual. Sea como fuere, lo cierto es que el helenista Carlos García Gual es uno de los pocos que ha sabido zafarse de esa escuela, en la que por otra parte se formó y que le ha permitido sustentar su obra ensayística con el necesario rigor filológico.

La amplitud de su campo de investigación, que va de Homero y los líricos arcaicos a la tragedia, la mitología, la literatura helenística y la Edad Media, le ha convertido en un verdadero comparatista, siempre incómodo con los límites de la especialización y capaz de moverse con soltura por el corredor de la tradición occidental –desde Grecia hasta el siglo XX–, entendida como un organismo todavía vivo, en constante transformación, y no como una simple pieza de museo, venerada pero inofensiva.

Enigmático Edipo constituye una síntesis de la metodología, el gusto y la ensayística de García Gual, que sabe articular sus dotes como traductor y filólogo con sus conocimientos de mitología y literatura, de tal manera que la erudición restalla y estimula la reflexión. Pues eso es, sobre todo, este libro, una larga meditación, incubada durante toda una vida, acerca del mito de Edipo en general y sobre la tragedia de Sófocles en particular, hermano de aquel otro, Prometeo: mito y literatura, que publicó en 1979 y que recientemente ha sido reeditado por el Fondo.

Al principio –y es un gesto muy de agradecer–, el autor ofrece su propia traducción de Edipo rey, una versión ágil y armoniosa, que respeta –otra rareza entre nuestros clasicistas– el movimiento de los versos, un requisito fundamental para apreciar el eco, aunque sea muy remoto, no solo de la música original sino sobre todo de la irreductible forma de pensamiento que la versificación determina. A partir de ahí, García Gual rastrea las fuentes míticas de la tragedia, es decir, la labor de selección y apropiación que Sófocles hizo con una historia que desde hacía mucho tiempo era de dominio público y que terminó por convertir en una radical indagación de la naturaleza humana.

Después de enmarcar la obra de Sófocles en la atmósfera dramática de su hora –algo esencial para entender la dimensión social, política y religiosa del teatro en el siglo v– y de incardinar la tragedia en la saga tebana, García Gual perfila un análisis estilístico, estructural e interpretativo de Edipo rey, muy bien acotado por la bibliografía que le precede y que de algún modo vertebra su propio comentario. Como él mismo admite en el epílogo, se trata de un ensayo polifónico, una investigación compartida y conversada con algunos de los mejores helenistas del siglo XX, tales como Karl Reinhardt –autor de un imprescindible libro sobre Sófocles–, Bernard Knox, Hugh Lloyd-Jones o Walter Burkert.

En la última parte del libro, García Gual habla de las vidas que el mito de Edipo tuvo después de Sófocles, en las adaptaciones de Séneca –que tanto influyeron a Shakespeare–, en el Roman de Thèbes, en Corneille, Voltaire o Hofmansthal hasta llegar, ya en el siglo XX, a las interpretaciones de Freud, de Heidegger o de René Giscard, de modo que el lector puede ver en perspectiva las diversas metamorfosis que la historia del incestuoso parricida ha conocido a lo largo de los siglos y las lenguas.

Quizá uno de los aspectos más interesantes y reveladores de este ensayo sea la voluntad de su autor por pensar el mito desde un ángulo a la vez griego y contemporáneo que ilumine todas las caras del héroe trágico. Nuestro conocimiento de la peripecia de Edipo está muy influido e incluso deformado por la lectura moderna, sobre todo por la teoría de Freud, que hasta cierto punto ha vaciado e incluso ridiculizado el pathos original, convirtiéndolo en una típica traumnovelle de la burguesía vienesa de finales del XIX. García Gual, por el contrario, consigue que nos asomemos a lo que pudo ser Edipo en sus orígenes, al terror, el reconocimiento y la catarsis que sintieron los primeros espectadores de la obra de Sófocles en el teatro de Dioniso, cuando quizá identificaron la plaga de Tebas con la epidemia que se llevó a Pericles o se estremecieron con la torsión que Sófocles aplicó a una historia que conocían de memoria y que de pronto arrojaba una nueva y extraña oscuridad, alejándola de las fronteras de lo conocido y atrayendo una nueva inquietud.

A pesar de tantos años de hermenéutica, Edipo rey sigue siendo –y esa es la lección primordial de este libro– una obra insondable, precisamente porque representa la tragedia del hombre, condenado a vivir en la penumbra de su inteligencia, a tientas entre unas sombras cuya forma, origen y significación van mutando a lo largo del tiempo y que envuelven una verdad cada vez más difícil de descubrir pero que siempre termina por aparecer, con todo su horror. Como dice García Gual: “La condición humana, en la perspectiva sofoclea, comporta el actuar en la ignorancia, en esa ágnoia que Aristóteles percibía como un rasgo de la acción humana. Solo los dioses saben el sentido último del obrar en el mundo. El héroe avanza en una cierta penumbra y sus grandes acciones y pasiones conllevan siempre grandes riesgos. De esa ignorancia humana proviene la frecuente hamartía, el “error”, y luego la tardía anagnórisis o reconocimiento del sentido real de la actuación pasada.”

Entre las virtudes de este libro, útil e instructivo, no es menor la de recordarnos la necesidad de mantener con vida a los clásicos, no solo mediante la traducción, sino sobre todo a través del pensamiento como única forma de relación con nuestros antepasados. ~