La leyenda negra de Joseph Pérez, Historia, literatura, sociedad | Letras Libres
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La leyenda negra de Joseph Pérez, Historia, literatura, sociedad

España no es diferente. Ha sido y sigue siendo un país normal. Afortunadamente, la excepcionalidad ha ido desapareciendo en los últimos tiempos, tanto de la mirada sobre la actualidad española –una Transición bastante ejemplar y, asimismo, la consolidación de la democracia y la modernización del país avalan este cambio– como de la mirada sobre el pasado. Las Españas trágicas, negras, anormales o excepcionales se han convertido poco a poco en viejas y obsoletas imágenes. Las “anomalías” y los “fracasos” pertenecen ya, afortunadamente, a la historia de la historia de España. En este sentido, en un texto de 2007 –dedicado a los trabajos que se han elaborado últimamente sobre las construcciones nacionales en la historiografía hispánica– Javier Moreno Luzón hizo alusión, con acierto, al fin de la melancolía. Carmen Iglesias, por su parte, toma prestada una frase de Calderón de la Barca para el título de su importante libro No siempre lo peor es cierto. Estudios sobre Historia de España (2009), en el que se abordan, entre otras cuestiones, los estereotipos y las imágenes de España desde el exterior. Cualquier historia de un Estado o de una nación resulta, como no podría ser seguramente de otra manera, anormalmente normal o normalmente anormal. La normal anormalidad de España está lejos de toda excepcionalidad.

La idea de la no excepcionalidad de la historia española se encuentra en los fundamentos del libro La leyenda negra, de Joseph Pérez. Este autor, especialista en la Monarquía católica de los siglos xvi al xviii y maestro de historiadores, además de antiguo rector de la Universidad de Burdeos y de la Casa de Velázquez de Madrid, nos ofrece un ensayo basado en amplios conocimientos y en un nítido discurso sobre la controvertida cuestión de la “leyenda negra”. Julián Juderías, que popularizó esta afortunada expresión en la segunda década del siglo xx –aunque no debiéramos olvidar a Rafael Altamira, Emilia Pardo Bazán, Vicente Blasco Ibáñez y, sobre todo, a Juan Valera–, la definía como “la leyenda de la España inquisitorial, ignorante, fanática, incapaz de figurar entre los pueblos cultos lo mismo ahora que antes, dispuesta siempre a las expresiones violentas, enemiga del progreso y de las innovaciones, o, en otros términos, la leyenda que habiendo empezado a difundirse en el siglo xvi, a raíz de la Reforma, no ha dejado de utilizarse en contra nuestra desde entonces, más especialmente en momentos críticos de nuestra vida nacional”. Después de Juderías, muchos otros autores se han acercado a este tema. Debe recordarse, en especial, a Ricardo García Cárcel, que, en 1992, dio a la luz un excelente volumen titulado La leyenda negra. Historia y opinión, en el que insistía en el síndrome de la interiorización por parte de los españoles de las opiniones negativas provenientes del exterior. 

Joseph Pérez distingue, por lo que a los ataques a España se refiere, tres elementos. En primer lugar, las reacciones contra el imperialismo hispánico; esto es, el de la Casa de Austria. Se trata, sostiene el autor, de una consecuencia del éxito, en forma de rechazo, envidia, sarcasmo u odio. Los aspectos ideológicos constituyen la esencia del segundo de los elementos: las naciones protestantes del norte de Europa se enfrentaron a las del sur, en especial a la católica España, en defensa de su independencia y de la libertad de pensamiento. De la rivalidad al odio había un pequeño trecho. Finalmente, en tanto que derivación de los dos puntos anteriores, el complejo de inferioridad y la frustración de una parte de los propios españoles, que acabaron por interiorizarlos. La culpabilidad de España, tanto por su presente como sobre todo por su pasado, quedaba, de esta manera, reafirmada.

La leyenda negra, aunque difundida mayormente a partir del siglo xvi, tiene una prehistoria. La Corona de Aragón fue acusada, a finales de la época medieval, de aspiraciones imperialistas como consecuencia de su expansión por el Mediterráneo. Algunos temas que más tarde fueron desarrollados se encontraban ya presentes en el meollo de la mala reputación aragonesa.

Las acusaciones contra los Borgia, pongamos por caso, base de su propia leyenda –exitosa y perdurable–, deben inscribirse en este contexto. Si en aquel entonces fueron con especialidad los italianos los que se sintieron concernidos, a partir de 1516, con el ascenso al trono hispánico de la dinastía de los Habsburgo, la amenaza se extendió a toda Europa. La Casa de Austria, al frente de la llamada Monarquía católica, dominó el continente entre 1516 y 1648, tanto a nivel militar y diplomático, como monetario y cultural. Pérez compara esta situación, en lo que supone una de las aportaciones más sugerentes del volumen, con la de los Estados Unidos en la actualidad. La hegemonía suscita múltiples reacciones. De algunas de ellas, las más negativas y rencorosas, surge, precisamente, la leyenda negra. 

Guillermo de Orange y los flamencos fueron los creadores de la leyenda negra, en tanto que instrumento para enfrentarse a la Casa de Austria y a la parte más dinámica de la monarquía, esto es, España. Debe ser puesta directamente en relación, así pues, con la revuelta de los Países Bajos en la segunda mitad del siglo xvi. La Apología o defensa del muy ilustre príncipe Guillermo, que constituye el documento clave en la ruptura entre los Países Bajos y Felipe II, así como la exposición más nítida de los argumentos de la leyenda, fue presentada a fines de 1580 y circuló abundantemente por toda Europa. Contenía tres argumentos centrales, nuevos y con largo recorrido: las acusaciones personales contra Felipe II (asesinatos, incesto, bigamia), que permitían presentarlo, en palabras de Voltaire, como el “Demonio del sur”; el fanatismo y la intolerancia de los españoles, ejemplificados en la Inquisición; y, finalmente, el exterminio de los indios en América, con argumentos deudores del dominico Bartolomé de las Casas. Como afirma con acierto Joseph Pérez, lo importante, en este caso, no era que la mayor parte de los argumentos utilizados resultaran falsos o exagerados, sino que la propaganda resultó efectiva para desacreditar al adversario y combatir el dominio hispánico.

Tras la decadencia de la Monarquía católica, la leyenda continuó difundiéndose con éxito, mezclada ya con otros ingredientes, desde el absolutismo de Fernando VII hasta la Guerra Civil de 1936-1939 y el franquismo, pasando por el romanticismo, el atraso económico, el clericalismo, la decadencia de finales del siglo xix o el conflicto entre las naciones del norte y la latinidad. Esta parte del libro merecería, pienso, algo más de desarrollo. No existe en todo ello, sin embargo, ninguna excepcionalidad española. La España del último medio siglo ha acabado definitivamente con las viejas imágenes del país en el exterior. Hoy, asegura el autor, puede que queden todavía algunas secuelas de la leyenda negra, pero “esta vez los juicios desfavorables, cuando los hay, no proceden del extranjero, sino del interior mismo de la nación”. Algunos españoles siguen, en definitiva, sin aceptar su historia y prefieren cultivar el masoquismo.

De la leyenda negra trata también el último de los trabajos de Pérez recopilado en el libro Historia, literatura, sociedad, publicado recientemente por la Universidad de Granada. “En torno a la leyenda negra” fue escrito inicialmente para los volúmenes de homenaje que la misma institución universitaria dedicó, en 2008, al historiador Antonio Domínguez Ortiz. Otros catorce trabajos de Pérez acompañan al más arriba citado, con temas que van desde la transición de la Edad Media a la Moderna hasta las bibliotecas en la España del Siglo de Oro, pasando por Vives, Erasmo y el erasmismo, Cervantes, San Juan de la Cruz, Unamuno, Jean Cassou o, entre otros más, Fernand Braudel. La mayor parte de los textos fueron redactados en la última década del siglo xx y en los primeros años de la actual centuria, pero se incluyen, asimismo, un par de contribuciones anteriores. La frase final de Joseph Pérez, en “En torno a la leyenda negra”, resume bien una de las principales conclusiones de este estudio y, asimismo, del libro que es objeto principal de esta reseña: “La leyenda negra pertenece al pasado.” ~