La figura humana casi en su totalidad | Letras Libres
artículo no publicado

La figura humana casi en su totalidad

Leila Guerriero

Plano americano

Santiago de Chile, Ediciones Universidad Diego Portales, 2013, 407 pp.

“Nadie puede dudar que la crónica latinoamericana tiene oficio y músculo entrenado para contar lo freak, lo marginal, lo pobre, lo violento, lo asesino, lo suicida […], pero en cambio tiene cierto déficit a la hora de contar historias que no riman con catástrofe y tragedia”, afirmó alguna vez la periodista argentina Leila Guerriero; como si estuviese dispuesta a subsanar ella misma esa omisión, la autora de Los suicidas del fin del mundo (Tusquets, 2005) y Frutos extraños (Aguilar, 2009 y Alfaguara, 2012) ha reunido en Plano americano textos que la distancian de los que fueron sus temas anteriores (la “catástrofe” y “tragedia” a las que hacía referencia) para instalarla en el ámbito de lo que, a falta de un nombre mejor, quizás pudiésemos llamar “perfil biográfico”. En Plano americano (ese tipo de encuadre cinematográfico en el que se muestra la figura humana casi en su totalidad al tiempo que es posible vislumbrar parte del fondo de la imagen) Guerriero se ocupa de escritores como Rodolfo Enrique Fogwill, Idea Vilariño y Nicanor Parra (“un hombre [que] podría ser otra cosa: una catástrofe, un rugido, el viento”), artistas plásticos como Guillermo Kuitca, periodistas de moda como Felisa Pinto (responsable de una singular “frivolidad en serio”) y culturales como el magnífico Homero Alsina Thevenet (autor de una “prosa de hueso y latigazos” de la que Guerriero es la mejor heredera), cineastas como Lucrecia Martel, fotógrafas como Sara Facio y orfebres como Marcial Berro, pero también otros personajes: el cantautor Facundo Cabral, la artista plástica Marta Minujín, los escritores Juan José Millás, Ricardo Piglia y Hebe Uhart, entre otros.

Notablemente, lo más valioso de la aproximación propuesta a estos personajes no es la información que aporta (aunque, por supuesto, el lector tiene aquí toda la que necesita), sino la enorme capacidad de su autora para dar cuenta del detalle significativo que ilumina a su retratado, así como su estilo, fingidamente desordenado y compuesto de frases breves y a menudo poéticas, repeticiones y ritornelos que otorgan a sus perfiles un ritmo particular. Guerriero dosifica con extraña habilidad la información narrativa y, como el título de este volumen anticipa, presenta a sus retratados solo de forma incompleta, como si estos no pudiesen o no permitiesen ser aprehendidos por completo. Entre todos estos retratos parciales y ensombrecidos, que parecen el resultado de la misma curiosidad que llevó a su autora a editar en 2011 el libro de perfiles Los malditos (Santiago de Chile, Ediciones Universidad Diego Portales, 2011), destacan los de los escritores argentinos Martín Kohan y Aurora Venturini y, especialmente, el único texto inédito de Plano americano (la mayor parte vieron la luz previamente en publicaciones como el suplemento cultural Babelia del diario El País de España, la revista colombiana El Malpensante y la chilena Paula, adn del diario La Nación de Argentina y la revista Sábado de El Mercurio de Chile): un excelente perfil de Roberto Arlt que supera a muchas de sus biografías y posiblemente llegue tan lejos como se pueda llegar, ya muertos la mayor parte de sus contemporáneos, en la comprensión del más contradictorio y oscuro e incomprensible de los escritores argentinos.

Aunque posiblemente vaya a ser esgrimido como argumento a favor en la monótona y algo redundante discusión acerca de las supuestas relaciones entre literatura y periodismo por parte de aquellos que opinan que esa relación existe, Plano americano es un libro que (más allá de sus muchas erratas y de la ausencia de un índice onomástico que le hubiese venido muy bien) no contribuye a esa discusión sino que más bien la clausura, ya que demuestra que, si el mal periodismo y la mala literatura se parecen al tiempo que se distinguen entre sí, el buen periodismo y la buena literatura son una y la misma cosa, y que Leila Guerriero sabe escribir esa cosa (se la llame como se la quiera llamar) como ningún otro entre los periodistas latinoamericanos contemporáneos. ~