Kafka en la Habana | Letras Libres
artículo no publicado

Kafka en la Habana

Mapa puede leerse también como una notable reflexión sobre las formas en las que el poder, asistido por el miedo, se introduce en la consciencia del individuo y la deforma.

Guillermo Cabrera Infante, Mapa dibujado por un espía. Barcelona, Galaxia Gutemberg, 2013, 400 pp

 

Mapa dibujado por un espía o “Ítaca vuelta a visitar” –como Cabrera Infante se refería también al libro que tenemos hoy en nuestras manos– se une a La ninfa inconstante (2008) y Cuerpos divinos (2010) en la serie de publicaciones póstumas que Galaxia-Gutenberg hace de la obra del escritor cubano. El manuscrito narra el viaje que el protagonista anónimo –escritor y diplomático con un puesto en la embajada de Bélgica– emprende de regreso a la Cuba castrista en 1965, al enterarse de la muerte de su madre. Sus aventuras en la isla conforman el grueso del relato: el encuentro con las moiras burocráticas, que decidirán si sale o no nuevamente de la isla; el canto de las sirenas políticas, prostitutas que venden los secretos de sus amantes al gobierno cubano; un ataque de hongos que obliga al protagonista a pasar por la sala médica de Piel y Sífilis, “como dos diosas, casi como Escila y Caribdis” (306); el loto –Silvia– que lo hará dudar incluso de sus proyectos de escape. El lector reconoce inmediatamente el contenido autobiográfico, mucho antes de que en el párrafo final se le revele que el protagonista del relato es el mismo Cabrera Infante.

Acerca de la naturaleza del manuscrito, el prólogo, a cargo de Antoni Munné, hace todas las señalaciones pertinentes a quien está por comenzar su lectura. Lo esencial es el carácter primerizo, y por tanto imperfecto,de Mapa: “En todo caso, lo que parece a todas luces evidente es que Cabrera Infante redactó una primera versión que podríamos llamar instrumental, y luego, sucesivamente, fue redactado fragmentos y más fragmentos con el propósito de otorgarle una nueva dimensión literaria.” Se trata entonces de un manuscrito testimonial: el énfasis está en el  registro de los hechos en el papel y en la memoria. A su vez, esta intención testimonial determina el estilo de la prosa: en lugar del virtuosismo verbal característico de Cabrera Infante, encontramos en Mapa un estilo directo, que además abunda en repeticiones y en oraciones del tipo “La marquesa salió a las cinco”. En palabras de Munné: “Este estilo directo del que habla Cabrera más bien es una ausencia de estilo, un borrador escrito con el afán de narrar los hechos, de conservarlos en la memoria”. No presento las observaciones de Munné por capricho o pereza: para un lector es siempre una alegría (y para el crítico un ejemplo) encontrar un prólogo que –rehuyendo lo vanidoso y lo superficial, apostando por la claridad, la concisión y la cordialidad hacia el lector– se declara a sí mismo nada más que un humilde servidor del texto que precede.

Lo anterior –el estilo directo o la ausencia de estilo, el énfasis en el registro de los hechos y los detalles, las repeticiones y la desorganización, hasta cierto punto, del manuscrito– no hace, sin embargo, de la lectura de Mapa una experiencia irritante o una experiencia solo recomendada al estudioso de la obra de Cabrera Infante. No. Mapa se lee con amenidad y agrado, el movimiento del relato es rápido y ligero, el lector se descubre incluso atrapado en el suspense de la narración, una experiencia nueva dentro de la obra de Cabrera Infante. Más: el lenguaje llano y transparente termina siendo un elemento positivo de la obra en tanto que resalta el carácter esencialmente kafkiano de la narración. El problema del protagonista de Mapa es el problema kafkiano: la postergación infinita del evento: “No sé. Mañana o pasado. Ven a verlo mañana”; su mundo es el de la burocracia, definida como esa contradicción en la que un individuo, por naturaleza contingente, es investido con un poder absoluto; esta contradicción produce una realidad que es a la vez cómica y trágica: “Bueno, lo importante ahora es no desesperarse. Esto seguro ha sido un error burocrático”, “No creo que haya mucho que aclarar. Por orden del ministro”, “Parecía que Gustavo hablaba de un organismo del Estado, pero era cierto que las esposas de los líderes de la Revolución formaban una suerte de entidad con miras a mantener los valores más burgueses de la santidad del matrimonio…” Quizá Cabrera Infante deseaba, en una revisión posterior, desarrollar más los puntos de contacto entre las aventuras de su protagonista y las aventuras de Ulises; el texto que se nos presenta hoy como Mapa, tanto por su lenguaje como por la realidad que este lenguaje hace presente, se encuentra más cercano a El Castillo que al poema homérico.

Mapa puede leerse también como una notable reflexión sobre las formas en las que el poder, asistido por el miedo, se introduce en la conciencia del individuo y la deforma. La obra abunda en observaciones geniales acerca de los procesos de identificación entre la opinión oficial y la consciencia individual, pero su logro más importante en este sentido es la honestidad con la que Cabrera representa la influencia del miedo en sí mismo. El protagonista de Mapa es problemático: muchas veces inmaduro, dispuesto a mirar hacia otra parte, acaso tibio: “…ahora se trata de que tú te quieres ir y al mismo tiempo no quieres pelearte con la Revolución”. Creo que la experiencia que se describe en Mapa es esencialmente esa: el contacto con el poder absoluto a partir del cual una consciencia se ve obligada a tomar una postura. Esta postura significó para Cabrera Infante aceptar la muerte de un ideal que él mismo había ayudado a construir, además de largos años de exilio y miseria. Mapa convence finalmente por ser la narración implacable de un proceso moral y el testimonio de una decisión valiente.