Jugar a nubes y lluvia | Letras Libres
artículo no publicado

Jugar a nubes y lluvia

Anónimo

Jin Ping Mei. El erudito de las carcajadas

Traducción, introducción y notas de Alicia Relinque Eleta, Girona, Atalanta, dos tomos, 2010 y 2011, 1.200 y 1.622 pp.

 

Jugar a las “nubes y lluvia”, yün-yü, metáfora del acto de copular, es un tópico de la literatura erótica y pornográfica china que se utilizó por primera vez en un poema de Song Yu (siglo iii a. de C.) –“Soy nube del alba cuando amanece, y lluvia que cae al atardecer”– y una imagen que en sus orígenes identificaba los óvulos con las nubes y las secreciones vaginales de la mujer y la emisión de esperma del hombre con la lluvia.

Los tópicos del erotismo chino, presentes en el carnal y práctico Jin Ping Mei El erudito de las carcajadas (Atalanta y Destino,* 2010)–, en el irónico y paródico Rou Pu TuanLa alfombrilla de los goces y los rezos (Galaxia Gutenberg, 2000)– o en el espiritual Hung Lou MengSueño en el pabellón rojo (Galaxia Gutenberg, 2010)–, tienen su origen en un imaginario que se remonta hasta la dinastía Zhou (ca. 1500-771 a. de C.) y responden a una comprensión de la sexualidad como forma de desarrollar la unidad con el cosmos. Una tradición para la que el coito no está asociado al pecado o la culpa moral y en la que el sexo es concebido como una forma de encontrar el equilibrio, chi, con la naturaleza, a través de la interacción entre las fuerzas cósmicas femeninas yin y masculinas yang.

La comprensión china de la sexualidad es el resultado de una combinación de taoísmo –para el que copular es saludable porque garantiza larga vida al hombre, que se nutre de la energía vital de la esencia de la mujer–, confucionismo –que considera que el fin de la sexualidad es asegurar la descendencia masculina y no necesariamente el gozo o la felicidad– y, en menor medida, budismo –que predica la búsqueda de la iluminación espiritual.

La regularización social de la sexualidad en China fue acompañada de una literatura –técnica, médica, literaria, ética o moralizante, erótica o pornográfica, hay para todos los gustos– destinada a encauzar deseos, apetitos y voluntades. El Li Chi o Libro de los ritos, uno de los seis libros clásicos confucianos, por ejemplo, incluye directrices específicas sobre la vida marital. Durante la dinastía Chin y la primera dinastía Han (206 a. de C.-220 d. de C.), apareció una prolífica colección de manuales ilustrados que mostraban las distintas posiciones del acto sexual y hasta detallaban las manifestaciones fisiológicas durante el coito. Escritos para enseñar a hombres y mujeres, tal vez no por igual, a mantener relaciones sexuales satisfactorias y a ensalzar las ventajas del coito como regulador neurofisiológico. Eran textos didácticos que también se utilizaban para estimular a las mujeres tímidas, como la primera esposa del protagonista de Rou Pu Tuan, que no se libera de las ataduras puritanas hasta después de contemplar y practicar las posturas que ilustran los libros que le ofrece su joven y ambicioso marido Vesperus. Estos manuales proliferaron durante el periodo Song (908-1279 d. de C.) debido a la invención de la técnica de impresión xilográfica y se ocultaron durante la ocupación de la dinastía extranjera mongola (1279-1367 d. de C.), en la que se aplicaron estrictas medidas confucianas, porque a los chinos no les gusta mostrar su vida sexual a extraños. Prácticamente dejaron de circular durante la dinastía Ming (1368-1644 d. de C.) para dar paso a la literatura erótica en la que abundan las descripciones explícitas de actos sexuales y que cuenta con obras maestras como Rou Pu Tuan, comedia sexual protagonizada por el estudiante de zen Wei Yingsheng, que quiere convertirse en el mejor poeta del mundo y aspira a casarse con la mujer más guapa del imperio, y Jin Ping Mei.

La novela Jin Ping Mei está considerada junto a Shui Hu ZhuanA la orilla del agua–, San Guo Yan Yi Romance de los tres reinos– y Xi You Ji Viaje al Oeste– una de las obras maestras de la literatura china. Aunque trata de la historia detallada de las maquinaciones de Ximen Qing para conseguir el ascenso social, el título hace referencia a tres de las muchas mujeres que jalonan su vida: Pan Jinlian o “Loto dorado”, quinta concubina de Ximen Qing; Li Ping’er o “señora Hua”, sexta concubina; Pang Chunmei o “Ciruelo de primavera”, criada y confidente de Pan Jinlian. La historia está ambientada en la dinastía Song, durante el reinado del emperador Hui-Tsung (1101-1126), en la que se crearon fuertes monopolios comerciales que dieron lugar a la emergencia de una nueva clase de comerciantes y funcionarios, como es el caso del protagonista, que no se regirían por el privilegio de la sangre para su promoción social. Sin embargo, la vida y las costumbres sociales descritas corresponden a las de finales de la dinastía Ming, cuando el arte de vivir placenteramente y de modo refinado se convierte en culto, se desarrolla ampliamente la cultura urbana y se impone el ideal de la esposa fiel y virtuosa.

Las descripciones de los encuentros sexuales de Ximen Qing con las mujeres de la casa –esposas, concubinas y criadas–, con algún que otro muchacho y con prostitutas de un lupanar al que suele acudir con sus zafios y poco cultivados amigos atrapan al lector desde la primera hasta la última de las más de dos mil páginas que componen la novela. Por la descripción meticulosa de aquellos usos eróticos que ya no se inspiran en los manuales que habían estado en boga hasta principios de la dinastía Ming. Por el tono paródico e hiperbólico de algunas de las descripciones. Por la curiosidad que despierta la relación de objetos eróticos de los que se vale Ximen Qing para satisfacer a sus amantes: un anillo de plata en la base del miembro, una cinta de satén blanco con afrodisíacos, las campanillas birmanas, un ungüento para el ombligo. Por el asombro que causa en Occidente el mantenimiento de semejante ejército sexual para un solo hombre. Por la perplejidad que despierta el erotismo de los pies vendados de las mujeres, práctica que se había iniciado en la dinastía Tang, que durante la dinastía Ming alcanza todo su esplendor y que en la novela sirve tanto para conseguir posturas favorables al orgasmo como para que, con las cintas, se ahorque una de las amantes de Ximen Qing.

La carnalidad y la sensualidad que rezuma la novela obedecen al puro deseo, pero Jin Ping Mei esconde una carta tanto o más llamativa que el sexo: el poder. ¿O son conceptos sinónimos? En primer lugar, porque la cantidad de mujeres bajo la custodia de Ximen Qing es una imagen de su posición social y económica. Para continuar, porque en esa estructura familiar poligámica y jerárquica que es su mansión las mujeres luchan por ocupar el espacio más próximo ¿al corazón? del marido. Porque las rivalidades acechan en cada rincón. Y porque la mujer que era madre de un hijo varón alcanzaba la posición más alta, como se comprueba con la maternidad de Li Ping’er. Lucha de poder, escondida también en los “celos” del vigoroso Ximen Qin: “Puta, acércate; contéstame, ¿quién es más fuerte, ese tipejo de doctor Jiang o yo?”

Nada que ver con los protagonistas de Hung Lou Meng, otra de las novelas fundamentales del canon clásico chino. Escrita en el siglo xviii, durante los reinos de los emperadores Kang Hsi, Yung Cheng y Chien Lung, en plena dinastía Qing, cuando los generales manchúes subyugaron el sur de China. Y en contraste con la brutalidad que representaban los manchúes, los chinos se refugiaron en el puritanismo confuciano y la pudibundez budista y convirtieron el sexo en algo completamente privado. Este libro cuenta la historia del declive de la familia Jia, que tiene como telón de fondo el amor/pasión del joven delicado e hipersensible Baiyu por su frágil prima Daiyu. En contraste con los bárbaros Qing, estos muchachos de brazos largos y puntiagudos estarán sometidos a una especie de fatalismo feudal.

En todos los casos, los personajes insisten en jugar a las nubes y la lluvia, que no siempre es sinónimo de amor. ~



* N. del E. Destino tradujo el título como Flor de ciruelo en vasito de oro.