Integrismo moderado | Letras Libres
artículo no publicado

Integrismo moderado

Paul Berman

La huida de los intelectuales

Traducción de Juanjo Estrella, Barcelona, Duomo Ediciones, 2012, 280 pp.

 

Me ha gustado este libro de Paul Berman, La huida de los intelectuales. La palabra “intelectual” parece estar siempre recuperándose de sus desprestigios, como el que cayó sobre ella por el apoyo de tantos pensadores a los totalitarismos del siglo XX. Este libro de Berman ahonda en esa crítica a “los intelectuales”, pero desde un punto de vista actualizado y distinto: va contra aquellos que defienden o son comprensivos con ciertas formas del llamado “islamismo moderado”, sin ser capaces de percibir la raíz violenta y totalitaria que encierra. Porque, y esta es una de las originalidades del libro de Berman, el autor sostiene que el islamismo actual, el que fascina a tantos jóvenes europeos, hijos de inmigrantes, no se deriva tanto de la vieja tradición musulmana como de la que surge de la misma raíz occidental totalitaria, de la modernidad, empezando por el nazismo, por paradójico que pueda parecer. En particular la obra se centra en Tariq Ramadan, un personaje no muy conocido en España –Pilar Rahola le dedicó algún artículo controvertido, mientras que el gobierno anterior lo quiso incluir en su proyecto de la Alianza de Civilizaciones–, pero que en el ámbito francés, y después en el anglosajón, se ha impuesto como “interlocutor” mediático de un islamismo supuestamente moderno y conciliable con nuestras democracias. Simplificando un poco, nos encontramos con dos posturas: la de Ayaan Hirsi Ali, autora de libros fundamentales como Yo acuso, que tras abandonar el entorno islámico familiar defiende que la religión musulmana es incompatible con la democracia y el pensamiento autónomo, y la de Tariq Ramadan, nieto del fundador de los Hermanos Musulmanes y principal divulgador hoy de un “islamismo a la europea” –una y otro se han enfrentado personalmente en diversos debates, no siempre sosegados–. A su vez, Berman se centra en su libro en criticar a dos intelectuales actuales, en principio nada sospechosos de estar apartados de posturas liberales, como son Ian Buruma y Timothy Garton Ash. Es muy interesante seguir los matices que Berman denuncia en ellos, como cuando coinciden en calificar a Hirsi Ali de “fundamentalista de la Ilustración”: es decir, situar el punto de vista de esta autora en un extremo equivalente al “otro extremo”, que sería el de los “fundamentalistas islámicos”. En España, por desgracia, conocemos bien esta táctica falaz de “equiparar extremos”, como el poner a Bush y Aznar de un lado y a Bin Laden del otro, etcétera. El libro de Berman da muchos argumentos para los que piensan que la expresión “islamismo moderado” no deja de ser en el fondo un oxímoron, o al menos el que trata de representar Ramadan –en la lista de oxímoros yo incluiría el de “diálogo de religiones”, entendiendo que el diálogo empieza donde acaba la religión, así como se ha de entender que “diálogo de civilizaciones” no deja de ser una redundancia innecesaria–. En el libro, que puede leerse también como una guía del antisemitismo actual, aparecen escritores franceses judíos defendiéndose de los ataques de Ramadan, quien les acusa de actuar como un lobby, y así Glucksmann escribió: “El señor Ramadan dice, en resumen: Glucksmann no piensa con la cabeza, piensa con la raza”, una cita que utilizó también Sarkozy en su debate televisado con Ramadan en 2003.

El libro tiene una parte histórica muy larga al principio sobre los “ascendientes” intelectuales y familiares de Ramadan, especialmente sobre la alianza con los nazis que hizo el muftí de Jerusalén, vinculados mesiánicamente por el odio a los judíos. Pero luego se centra en cuestiones más actuales, como en el magnífico capítulo titulado “El reino de los cielos”, donde trata de la mujer bajo el islam y el velo, o en el también interesante capítulo dedicado a los desprecios que ha levantado Hirsi Ali. Cuando Garton Ash le reprochó que ocupaba portadas antes por ser una mujer atractiva que por su talla de intelectual, Berman responde, maliciosamente: “Leyendo a Garton Ash, no puedo evitar observar que tal vez nos encontremos ante la prueba de que, hoy día, la revista Glamour ofrece una guía más fiable de los principios liberales que The New York Review of Books.”

Resulta muy interesante también cuando describe la evolución de los apoyos que tenían los musulmanes en Europa desde los años sesenta hasta ahora: se empezó con colectivos antirracistas –con eslóganes como el conocido “¡A mi colega, ni tocarlo!”, que se gritaba en París–, así como de la izquierda, que daban cobertura a los inmigrantes musulmanes para que no fueran discriminados, hasta llegar a un nuevo y joven islamismo que sale a la calle orgullosamente para reafirmarse en su identidad reaccionaria, y que no puede sino abochornar a “los progresistas” que les acompañan. Berman lo explica así: “SOS Racismo hacía campaña para impedir que en las discotecas se discriminara a los jóvenes árabes y negros. Los islamistas hacían campaña para impedir que los jóvenes musulmanes fueran a las discotecas.”

El tono humorístico y sarcástico va asomando a lo largo de este extenso reportaje en que consiste el libro, como cuando desmonta la existencia del llamado “feminismo islámico”. Una de las fuentes en que se apoya Ramadan en esta materia es la fetua dictada para que las terroristas palestinas quedasen dispensadas de tener que llevar el hiyab en su inmolación. “Todo un avance –concluye Berman– del feminismo islámico.” Estos momentos de humor –negro, si se quiere– no resultan en absoluto frívolos ni eluden lo esencial: la denuncia de un tipo de pensamiento alienante. ¿Y por qué, se pregunta el autor, sigue este fundamentalismo provocando tantas aproximaciones, tibiezas y equívocos entre el mundo libre? Y responde dando dos razones con las que cierra el libro: por la intimidación que inauguró la fetua de Salman Rushdie y el terrorismo que le siguió. Aunque nos pase inadvertido, sin eso, viene a concluir Berman, no habría nada (Félix de Azúa, refiriéndose en un artículo a este libro, amplió ese mismo argumento a nuestros nacionalismos). ~