Historias vividas | Letras Libres
artículo no publicado

Historias vividas


Martín de Riquer y Borja de Riquer

Reportajes de la Historia. Relatos de testigos directos sobre hechos
ocurridos en 26 siglos

2 volúmenes, Barcelona, Acantilado, 2010, 2.880 pp.

 

 “¿Ustés no lo vieron?”, pregunta castiza y reiteradamente a sus interlocutores el cojo Pepe Pallejas, alias Sursum Corda, en Zaragoza (1874), la sexta entrega de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. “Pues yo sí”, “Pero yo sí”, añade, según la ocasión. Sursum Corda es un testigo presencial de los hechos ocurridos en la ciudad aragonesa, duramente sitiada por los franceses en los inicios de la Guerra de la Independencia. El gran escritor canario inmortalizó, con este curioso personaje, la figura del testigo directo de los hechos, que, en otro orden de  cosas, tan útil le resultó a la hora  de documentarse para la escritura de su magnífico friso literario de la historia española del siglo XIX. Sursum Corda ofrece, a fin de cuentas, con todas las dosis de subjetividad que ello supone, para bien y para mal, historias vividas.

De historias vividas y testigos directos se nutren, precisamente, aunque en esta ocasión los personajes sean reales –o, en cualquier caso, reales de otra manera, realmente existentes más allá de las páginas de una novela–, los dos volúmenes de Reportajes de la Historia que presentan Martín y Borja de Riquer y que ha editado, con su exquisita excelencia habitual, la editorial Acantilado de Jaume Vallcorba. El subtítulo de la obra –Relatos de testigos directos sobre hechos ocurridos en 26 siglos– incide en la característica vivida de los textos seleccionados. Un total de ciento cincuenta y tres narraciones, en casi tres mil páginas, nos permiten conocer algunos de los principales acontecimientos de la historia de la humanidad, desde la peste que en el año 430 a. de C. se abatió sobre Atenas, contada por Tucídides, hasta los inicios de la guerra de Iraq, en 2003, vista por periodistas de la agencia EFE. La obra constituye –aunque no se especifique en ningún lugar– una ampliación y corrección de otra que, con el mismo título, fue preparada por Martín de Riquer para la editorial Planeta y publicada en 1962, vendida sobre todo a domicilio, posteriormente reeditada en varios formatos y descatalogada desde hace mucho tiempo. De las veinticinco centurias que se anunciaban entonces se ha pasado lógicamente, con la inclusión de hechos acaecidos en el siglo XXI, como los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y la ya citada guerra de Iraq, a una más, esto es, veintiséis.

En la introducción, demasiado breve para una obra de este calibre, los autores afirman que su pretensión es la de ofrecer al lector “una serie de acontecimientos ocurridos en la historia y descritos por testigos directos”. La única excepción a este último punto se hace con la muerte de Sócrates, relatada por Platón. La mayoría de los autores de los relatos son cronistas, periodistas o los propios protagonistas de las acciones, como, por ejemplo, Jaime el Conquistador (conquista de Mallorca), Cristóbal Colón (descubrimiento de América), H. M. Stanley (exploración de África), Charles de Gaulle (liberación de París) o Mijaíl Gorbachov (hundimiento de la URSS). En algunos casos se ofrecen varias narraciones de un mismo acontecimiento, como el 2 de mayo de 1808 (José Mor de Fuentes, el conde de Toreno, Mesonero Romanos) o la Transición española (Santiago Carrillo, Adolfo Suárez, Alfonso Guerra). No se pretende, con esta opción, ganar en objetividad, sino en complejidad. La experiencia y los conocimientos de los Riquer –el padre Martín y el hijo Borja, en el territorio de la historia, sobre todo de la historia de la literatura y de la época medieval, en el primer caso (les aconsejo la lectura de Martín de Riquer. Vivir la literatura, una interesante biografía coral escrita por Cristina Gatell y Glòria Soler en 2008), y, en el segundo, de la historia política y la época contemporánea– resultan una garantía. Reportajes de la Historia está dirigido, como se asegura en las primeras páginas, “a un público culto no especializado que lee con gusto relatos de materia histórica”.

El primero de los volúmenes empieza con el relato ya citado de Tucídides sobre la peste de Atenas y termina con la curiosa historia de unos hermanos siameses, Chang y Eng, en el París de 1836, extraída de un reportaje del Journal des Débats. Cada uno de los textos, tanto en este volumen como en el siguiente, está encabezado por una breve introducción de los Riquer. Como puede apreciarse, las historias de los siglos XIX y XX predominan, puesto que el segundo de los tomos se abre con un texto de José Mor de Fuentes sobre la capital francesa en tiempos de Luis Felipe y concluye en 2003, con el inicio de la guerra de Iraq. Para los periodos antiguo y medieval destacan los relatos de Julio César sobre la campaña contra Vercingetórix, de san Juan Evangelista sobre la pasión y muerte de Jesucristo, de Marco Polo sobre sus viajes por Asia o de Pedro López de Ayala sobre la batalla de Aljubarrota. De los siglos modernos merecen ser citados los textos de Colón sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo, de Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo sobre la conquista de México, de fray Miguel Servia sobre Lepanto o de Isabel Carlota de Baviera, princesa palatina, sobre la corte de Luis XIV. La aproximación al siglo XIX se hace, entre otros, a partir de la noticias del parisino Journal des Débats sobre la coronación de Napoleón en 1804, del intercambio de notas entre Moncey y Palafox en pleno sitio de Zaragoza –una perspectiva bien distinta de la del entrañable cojo Sursum Corda– o de los relatos del conde de Ségur sobre el incendio de Moscú, de Pedro Antonio de Alarcón sobre la batalla de los Castillejos o de Luisa de Bélgica sobre la muerte en Mayerling del archiduque Rodolfo. Destacan, finalmente, para el siglo XX, los escritos de Félix Yusúpov sobre el asesinato de Rasputín, de Dámaso Berenguer sobre el último día de la monarquía de Alfonso XIII, del mariscal Paulus sobre el cerco de Stalingrado, de Eisenhower sobre el desembarco aliado en Normandía, de Charles Chaplin sobre la “caza de brujas” o, en un interesante guiño al editor de la obra, de Vallcorba sobre la caída del muro de Berlín.

La selección de los hechos relevantes a lo largo de veintiséis siglos no es tarea sencilla. La opción de los Riquer es inteligente y coherente. Los desequilibrios resultan, en ocasiones, inevitables. Tres de ellos pueden detectarse con relativa facilidad. Del primero ya se ha comentado más arriba alguna cosa. Se trata de la distinta presencia de las épocas históricas, con una preponderancia de lo contemporáneo, los siglos XIX al XXI. Tanto la perspectiva como la sobreabundancia de materiales impelen a ello. Menos explicables resultan los otros dos desequilibrios: una perspectiva muy eurocentrista –o, a veces, euro-americana–, que en contados momentos nos acerca a las historias africana y asiática (la exploración africana de Stanley, la guerra civil china de Mao o la lucha de Mandela contra el apartheid constituyen excepcionales excepciones); y, asimismo, una aproximación muy política, que deja en un segundo plano la economía, la sociedad y la cultura. Para la segunda mitad del siglo XX, pongamos por caso, únicamente el texto de Adenauer sobre los inicios de la unidad económica europea nos aleja ligeramente de la política. Este par de comentarios no pueden, sin embargo, empañar un trabajo ingente y una obra de altísimo nivel, que se lee con interés y agrado. Algunos de los relatos escogidos resultan de gran belleza. La obra admite acercamientos variados y en múltiples órdenes (o desórdenes), que van desde la lectura seguida hasta la de uno o varios relatos según la conveniencia o la disposición del lector. Martín y Borja de Riquer han entendido, lo que no es demasiado habitual entre los historiadores, que acercar el pasado al público no significa desvirtuar o convertir en menos seria la historia. La narración es indispensable. El estudio de la historia en profundidad y su amplia comunicación no resultan incompatibles, sino todo lo contrario. En Reportajes de la Historia el lector vivirá la historia a partir de un conjunto de relatos de historia vivida. Ni más, ni tampoco menos. ~