Grandeza en lo pequeño | Letras Libres
artículo no publicado

Grandeza en lo pequeño

Javier Gomá Lanzón

Todo a mil. 33 microensayos de filosofía mundana

Barcelona, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2012, 176 pp.

 

El filósofo Javier Gomá Lanzón (Bilbao, 1965) es autor de tan excelentes libros como Aquiles en el gineceo  (Pre-Textos, 2007) o Ingenuidad aprendida (Galaxia Gutenberg, 2011). También de Ejemplaridad pública  (Taurus, 2009), que ha tenido una gran resonancia social al instar a los políticos a que pongan al día esa vieja virtud de la ejemplaridad, que actúen como modelos de excelencia y virtud cívica o que al menos infundan credibilidad moral en los ciudadanos. Gomá Lanzón no ha inventado nada nuevo, pero ha puesto la mano en la llaga con valentía recordando que hay conductas y actitudes que parecen haber caído en el olvido. Su formación clásica y filosófica, amén de su enorme cultura literaria –es un lector gozoso y agradecido de la gran literatura de todos los tiempos–, nos recuerdan casi en cada línea de sus escritos que las verdades eternas permanecen y que están ahí para iluminar a los mortales.

Otro libro suyo, Experiencia y sistema, mereció el Premio Nacional de Ensayo en 2004. Este título es quizás el más académico; en los restantes, un Gomá Lanzón más curtido como pensador independiente ha ganado en firmeza de estilo y su claridad expresiva ha ido incrementándose hasta la ejemplaridad –es el signo evidente de que “piensa bien” (a mayor claridad expositiva, mayor diafanidad del pensamiento, Schopenhauer dixit)–. Con este Todo a mil que ahora reseñamos, volumen que recoge sus colaboraciones periodísticas en Babelia, Gomá da otra vuelta de tuerca a su pensamiento, ha ido en busca de un más difícil todavía al portar sus claras ideas fuera de sus libros más serios, trasladándolas a las páginas de un diario de tan apreciable resonancia como El País (estas mismas colaboraciones se han publicado también en La Nación, de Argentina). Gomá denomina a sus breves textos filosóficos “microensayos”. Publicarlos en prensa significa lo mismo que decir que expone su pensamiento al azar público, como si lo expresara en la mesa camilla familiar, en el bar de tapas, en la oficina o en los parques de recreo; en suma que ha sometido a prueba sus ideas exponiéndolas a la crítica y discusión de cualquiera que se tope con ellas. ¿Soportarán el comentario generalizado? ¿La aceptación beatífica, el rechazo acalorado, la disputa acre, la discusión pacífica, la serena reflexión? Solo si son “interesantes” habrán de fructificar.

¿Y lo son estas ideas? El lector atento observará, en primer lugar, que son muy originales puesto que pertenecen al propio Gomá; este las ha sentido y pensado manteniéndose fiel a su método filosófico de la ingenuidad aprendida, que nace de su experiencia vital; y, en segundo lugar, verá que son de flagrante universalidad: “comunes”, como la Belleza a la que Borges se refería reseñando su cotidianeidad, que es de todos: nada de buscarla en la extravagancia, se ofrece sin más a la mirada atenta.

Cada uno de los breves “microensayos” se circunscribe a las mil palabras que exige el diario para su publicación; de ahí viene en parte ese título que solo se advierte afortunado cuando se conoce su razón de ser. “A mil” van también los hombres y mujeres en esta sociedad nuestra del Twitter, el Ipad y el trabajo casi esclavo (o la desasosegante falta de él), junto a los ocios desaforados y ayunos de reposo. Así que estos artículos breves se destinan a quien tiene prisa y lee a tragos cortos, aunque su impacto momentáneo conceda materia para seguir pensando más allá de un breve trayecto de autobús –¡e incluso durante el camino de una larga vida!–. Si algo revelan de su composición es que en modo alguno parecen concebidos con prisa ni escritos a vuelapluma: presentan la solidez de pequeñas obras de arte bien cinceladas; y su pulcra forma reafirma y resalta el fondo; acogen en sí preguntas eternas, vastos anhelos, certeros atisbos de respuestas y cuantiosas dosis de sabiduría. No piense el lector que en este Todo a mil hallará un libro de engañosa autoayuda, u otro de estos intragables productos softcore de filosofía para todos (y ello a pesar de que el libro “ayuda” y es “para todos”). Si bien Gomá es ciertamente pedagógico y piensa y siente desde la experiencia formativa personal, esta viene enriquecida por un aval cultural poco común (nada que ver, pues, con los mencionados productos, reiteradores de tópicos y fórmulas vanas pretendidamente sapienciales); por eso –vuelvo a repetir– el libro es muy original; el lector encontrará en estas páginas alta cultura combinada con la experiencia de la cotidianeidad; un pequeño gran todo sabiamente administrado por un autor que también se complace en reír, pues exhibe un punto de ironía muy particular que transmite gozo –saberse vivo y mortal–, además de un lúcido optimismo. Esto es solo una parte de lo que encontrará el lector en Todo a mil.

Los temas que Gomá trata en estos pequeños ensayos se corresponden con lo que más debería importarnos como seres humanos: las elecciones vitales, por ejemplo; las aporías entre genio y vida, la entronización excesiva de la individualidad en detrimento de lo común o la dicotomía entre la adolescencia y la vida adulta. Se refieren a lo transgresor en tiempos en que casi cualquier acción reivindica este epíteto, o meditan sobre qué es la filosofía, el arte y la ciencia. Desmontan tópicos apelando al sentido original de las palabras y, con ejemplos, tratan también de la excelencia y la virtud. Quien disfrute de la crítica social la encontrará también en ellos, pero con amenidad y sin exabruptos: claro ejemplo de ponderación y equilibrio.

Ignoro si en el futuro se incluirá este librito en la tradición de los grandes moralistas –el tiempo lo dirá–; lo cierto es que en la actualidad me cuesta mencionar a algún ensayista o filósofo, al menos hispanohablante, que piense y se exprese con tanta solidez como el autor de Todo a mil, y que sepa poner a prueba sus pensamientos con semejante talento. Todavía hoy elogiamos a pensadores como Montaigne, Voltaire, Kant, Schopenhauer, Nietzsche o Russell por su claridad expresiva y rotundidad de pensamiento. Entre otros pocos más, estos se caracterizaron porque en algún periodo de sus vidas “mundanizaron” sus filosofías, es decir, porque ofrecieron al público de manera digerible  el producto de sus cogitaciones; esta es una de las razones más poderosas por las que todavía hoy se los lee con placer. Javier Gomá Lanzón, todavía un autor joven, continúa una senda trazada por los mejores espíritus, los de letra más libre; y como ellos es consciente de que la libertad individual de avanzar hay que conquistarla desde el compromiso con lo que de más excelso hay en el ser humano. Grandeza en lo pequeño, tal es lo que desvelan estos magistrales “microensayos”. ~