España después de Hegel | Letras Libres
artículo no publicado

España después de Hegel

Juan Pablo Fusi

Historia mínima de España

Madrid, Turner/El Colegio de México,

2012, 312 pp.

Si es cierto aquello de que los pueblos que ignoran su historia están condenados a repetirla, no lo es menos que quienes se ocupan de reseñar obras destinadas a mantenerla viva parecen condenados a repetir la famosa frase de George Santayana sin tener muy clara su plausibilidad. Y ello porque resulta dudoso que la investigación de la historia arroje luz sobre el presente, cuando la historia misma la hacen esos mismos hombres que con tanta frecuencia se equivocan. De ahí que sea tan saludable la aparición de un libro sobre la historia de España cuyo propósito es, precisamente, evitar todo dogmatismo, finalidad confesa de esta Historia mínima de España que nos ofrece Juan Pablo Fusi. Naturalmente, quienes discrepen de sus conclusiones también lo harán en nombre de la objetividad científica: parafraseando a Churchill, nadie está dispuesto a creer en una historia nacional que no haya falsificado él mismo. Sin embargo, no solo la trayectoria de nuestro autor, sino el tono y contenido de la obra, avalan sus intenciones, haciendo de ella una recomendable guía de perplejos para todo aquel que desee aclarar sus ideas sobre los procesos históricos que han dado forma a la realidad social de España y reflexionar sobre su significado.

En ese sentido, esta ajustada síntesis histórica no ofrece novedades documentales ni tesis especialmente originales, porque no es ese su objetivo; tampoco es ahí donde reside su valor. Fusi tiene el acierto de comprimir en trescientas páginas toda la historia registrada de lo que andando el tiempo se llamará Hispania primero y España después, haciendo sobresalir los momentos más significativos de su historia, subsumidos al tiempo en procesos más amplios que facilitan la comprensión de los episodios particulares. Digamos que los hechos aquí considerados hace tiempo que fueron transformados en historia por la disciplina encargada de su estudio; lo que esta obra logra es imbricarlos en un relato a la vez conocido y novedoso, asentado sobre una premisa general y orientado sutilmente hacia la reflexión sobre dos problemas –que son el mismo– que han alimentado y contaminado a partes iguales el estudio de la historia de España.

Su premisa es la misma que la historiografía ha terminado por abrazar, una vez abandonados los comprensibles delirios teleológicos heredados del idealismo de cuño hegeliano, pero acaso también inscritos en nuestra necesidad de comprensión del mundo, incluida nuestra historia personal: el rechazo de la idea de que los hechos tienen una dirección inevitable que puede ser comprendida retrospectivamente, dando lugar a un sentido que los historiadores se encargan de revelar. O sea, que las cosas fueron de un modo, pero pudieron haber sido de otro; la historia no es lineal, ni predecible. ¿Es que las campañas de Flandes, el liberalismo de Cádiz o la Guerra Civil no pudieron haber tenido otro desenlace? Por supuesto que sí; y entonces la historia habría sido otra. Por esa misma razón, no hay una historia de España, sino muchas posibles. Fusi insiste en subrayar este elemento de contingencia, a fin de atenuar la sensación de determinismo que lo acontecido trae consigo. Tal como señala, ni él ni su generación tienen la elocuencia de los “grandes relatos” históricos, pero tampoco su inverosimilitud. Ahora bien, la paradoja radica en que, si no quiere convertirse en una ucronía, la historia tiene que limitarse a estudiar qué pasó y a explicar por qué pasó. Por eso, Fusi también señala aquellos factores que imposibilitaban el mantenimiento del Imperio español o la victoria republicana en la Guerra Civil; factores, digamos, determinantes. En esta tensión inevitable entre contingencia y determinismo se sustancia parte del mérito de este trabajo; el autor logra presentar la historia de España como el producto de un proceso abierto, que no obstante es susceptible de una interpretación significativa y no un mero sin sentido à la Beckett.

Sucede que esta tensión se relaciona directamente con los dos problemas antes mencionados, que son uno y el mismo: la identidad de España y la presunta excepcionalidad de su historia. Ambos asuntos se hallan relacionados, porque la dificultad para fijar la primera se ha atribuido tradicionalmente a la segunda, y viceversa: así como el fatalismo derivaría de una débil identidad nacional, esta habría dificultado la homologación de España dentro de la liga de las naciones “normales” europeas. Fusi, en línea con la historiografía reciente, desecha ambas ideas heredadas de un solo golpe: España no es excepcional, porque no es excepcional tener una historia difícil ni una identidad débil. A lo largo de la obra, destaca la similitud de la historia de España con la de otras naciones europeas, si bien ello no es óbice para reconocer en la historia española un modo de ser que la aproxima a Italia y la aleja de Suecia. Por otro lado, la interacción entre las distintas historias nacionales, cristalizada ahora en el proyecto político europeo, explica algunas de sus frustraciones: Fusi acierta al señalar que el magnífico siglo XVIII español no desemboca en un XIX igualmente triunfante a causa del impacto que tienen sobre las políticas nacionales la Revolución francesa y las subsiguientes restauraciones conservadoras.

Subyace a la obra una defensa de la identidad liberal española, una identidad común abierta y flexible, orientada al reformismo y al reconocimiento no esencialista de las llamadas nacionalidades históricas. Porque tan absurdo es rechazar la existencia de hechos culturales diferenciales dentro de España como convertirlos en un instrumento para negar la historia común de esta. Para Fusi, el reformismo liberal no entiende de dinastías ni siglas: así como elogia la modernización emprendida por los primeros gobiernos socialistas, lamenta la ruptura de los consensos posfranquistas protagonizada por Zapatero, entre ellos, señaladamente, el relativo a la organización territorial del poder. Si la identidad contemporánea española se había asentado sobre una cierta visión del pasado, sobre la épica de la transición y sobre el acuerdo plurinacional, su refundación presenta un futuro incierto por el efecto combinado de la actual crisis socioeconómica, el cambio generacional y la reapertura del problema nacionalista. La historia futura de España, advierte el autor, será “imprevisible, a menudo inquietante y siempre problemática”.

Desde luego, sería deseable que los españoles dejaran de tener motivos para sentirse “excepcionales”, para no tener que repetir la versión más desafortunada de su historia. Pero, como el propio Fusi recuerda, en ningún sitio está escrito que la historia sea racional o justa. Seguramente esa reserva basta para desear lo mejor y esperar lo peor, divisa inconsciente de una nación hoy atribulada a la que le iría mejor si sus ciudadanos leyeran asiduamente obras como esta. ~