Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, de Álvaro Mutis | Letras Libres
artículo no publicado

Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, de Álvaro Mutis

Mutis: Viaje de un largo d'a hacia la noche Álvaro Mutis, Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, Alfaguara, Madrid, 2001, 774 pp.Sólo en apariencia la obra literaria del colombiano Álvaro Mutis (1923) tiene dos vertientes: la poética y la narrativa; por comprensibles razones prácticas, la misma crítica especializada ha insistido en esa división al estudiar el corpus del autor. La realidad es que no hay una diferencia esencial entre ambas ramas de su producción, más allá de los obvios rasgos retóricos que separan la prosa del verso. En verdad, hablar de "verso" en el caso de Mutis no es muy preciso porque lo que encontramos con más frecuencia en su obra poética son el versículo, el poema en prosa o el relato lírico; e, inversamente, su narrativa se llena de ritmos cuyos efectos de encantamiento la aproximan a la plegaria, al himno o a la invocación. Aún más importante que todo eso es el hecho de que ambas formas tienen un claro hilo conductor que les da unidad y que es el gran sello creador de Mutis: la invención del personaje llamado Maqroll el Gaviero, su alter ego, su paradigma existencial y el emblema de su vida imaginaria. (Hay incluso otro personaje o figura recurrente —el húsar— que refleja su pasión por el mundo heroico y militar de la época napoleónica.)
     La tendencia a ver esta obra unitaria como dos distintas es consecuencia de otro aspecto singular de su proceso: hay un amplísimo desfase cronológico entre la obra poética de Mutis (que comienza en 1948, con La balanza, libro escrito "en compañía de Carlos Patiño Roselli") y su narrativa (que se inicia en 1973 con La mansión de Araucaíma, si se deja de lado su testimonio carcelario Diario de Lecumberri, de 1960). Hay incluso una periodo de transición que puede observarse en ciertos libros genéricamente anfibios, como Caravansary (1981) y Los emisarios (1984), que entremezclan poemas y relatos líricos. El verdadero centro de su novelística y la primera aparición protagónica de Maqroll dentro de ese género se consolida, más tardíamente, en La nieve del almirante (1986). Con esta novela, Mutis iniciaba lo que había concebido como una trilogía necesaria para contar la historia completa del personaje; esa trilogía se integraba con Ilona llega con la lluvia (1988) y Un bel morir (1989).
     Las andanzas y malaventuras de Maqroll desbordaron, sin embargo, las dimensiones de ese proyecto y dieron origen a otras novelas, cuya naturaleza es siempre epilogal, pues extienden y esclarecen la larga agonía de un personaje que está preparado para morir pero que, por diversas circunstancias, se convierte en un repetido sobreviviente. Los lectores tienen ahora la saga entera del personaje —aunque Maqroll ha renacido de sus propias cenizas más de una vez y aún puede volver a hacerlo— en un solo volumen de casi ochocientas páginas, bajo el apropiado título de Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero. Lo componen siete novelas o relatos breves publicados entre 1986 y 1993. El conjunto confirma la cualidad esencialmente marginal, nomádica, marinera y crepuscular que tiene la narrativa de Mutis, cualidad que hace difícil asimilarlo —pese a los esfuerzos por presentarlo como "posmoderno"— a ninguna corriente o estética reconocible en nuestro proceso literario en la segunda mitad del siglo xx.
     El tono general del ciclo queda establecido en la primera novela, que quizá sea la mejor de todas. Se trata del supuesto diario de Maqroll, que un narrador-presentador (el cual luego desaparece discretamente del relato) dice haber hallado por azar en una librería de viejo en Barcelona; se trata del clásico recurso del "manuscrito perdido y encontrado", con larga tradición en la literatura de viajes y aventuras, los modelos primordiales de Mutis. En su breve texto, el presentador anuncia que ha complementado el diario con "algunas crónicas sobre nuestro personaje aparecidas en publicaciones anteriores y que aquí me parece que ocupan el lugar que en verdad les corresponde". En efecto, al final de la novela hay una sección titulada "Otras noticias sobre Maqroll el Gaviero", que incluye piezas como "Cocora", que ya figuraba  en  Caravansary.
     Así, hay una circularidad textual entre estos libros (y sus respectivos géneros) que confirma la naturaleza fragmentaria y rapsódica mediante la cual su mundo creador alcanza la unidad. No importa cuál sea su aventura, Maqroll es el mismo personaje de siempre; cada una agrega nuevos u olvidados detalles, desvíos y codas a una vasta historia conocida: la travesía de un viejo marinero que se acerca inexorablemente al momento final. La misma circularidad —como en las novelas de aventuras, con su estructura episódica— parece salvarlo una y otra vez porque ese momento se posterga en infinitos enredos. Lo vemos incluso en Un bel morir, anunciado desde el título; al final de esta novela hay un apéndice que nos ofrece versiones discrepantes y cuestionables sobre el fin del Gaviero. Pese a todas sus catástrofes, el personaje sigue tercamente su vagabundeo por el mundo, prolongando el largo epílogo de su vida. Así lo prueban  relatos posteriores, como Amirbar o Abdul Bashur, soñador de navíos (ambos de 1990), textos con un marcado sabor de escolios o apéndices que echan una luz lateral sobre el sentido de la peripecia existencial del Gaviero. En el segundo, por ejemplo, las líneas iniciales nos informan que Bashur "desempeña el papel de salvador, rescatando a Maqroll en los momentos críticos". Y una advertencia en Tríptico de mar y tierra (1993) nos aclara que reúne tres experiencias de Maqroll "que le revelaron [...] regiones desconocidas y cuyo descubrimiento lo marcó para el resto de sus días".
     Afirmé más arriba que el Gaviero era un sobreviviente; quizá sea más exacto decir que es un "sobremuriente", que se perpetúa en los textos que presuntamente dejó dispersos y que Mutis encuentra, compila y publica en un gesto testamentario. Tanto en su poesía como en su ficción, sentimos el mismo ardor incandescente de la visión que Maqroll, por delegación, encarna: la de un hombre que siempre se deja seducir por la insensata posibilidad de nuevas tareas, pero que ha perdido ya la batalla y lo sabe. La obra de Mutis parece estar escrita frente al abismo metafísico de esa comprobación. -