El plagio: una aproximación policial | Letras Libres
artículo no publicado

El plagio: una aproximación policial

Hélène Maurel-Indart

Sobre el plagio

Traducción de Laura Fólica, México, FCE, 2014, 446 pp.

Uno de los escándalos más sonados sobre plagio de los años recientes sucedió en torno a la serie de televisión True detective, creada por Nic Pizzolatto. En agosto de 2014 Mike Davis, fundador y editor de Lovecraft eZine, publicó una conversación en la que él y Jon Padgett descubrieron, tras desmenuzar la primera temporada del programa, que varios de los diálogos del coprotagonista Rustin Cohle (Matthew McConaughey) estaban tomados casi palabra por palabra de The conspiracy against the human race, ensayo del escritor Thomas Ligotti.

El asunto tenía el agravante, según Davis, de que las frases robadas se habían utilizado para delinear el carácter de un personaje cuyas sentencias filosófico-existenciales determinaron el tono entero de la serie. Las escenas plagiadas, agregaba, son algunas de las más cautivadoras y citadas de True detective; por ejemplo aquella en el primer capítulo en la que los detectives charlan en el auto rumbo a la escena del crimen que habría de trastornar sus vidas. En este diálogo Cohle dice cosas como “somos criaturas que no deberían existir de acuerdo a las leyes naturales” o “lo único honorable que puede hacer nuestra especie es negar su programación, dejar de reproducirnos y marchar juntos hacia la extinción”. Dichas ideas están presentes –palabras más, palabras menos– en la obra de Thomas Ligotti, pero lo cierto es que son principios básicos de una filosofía pesimista y antinatalista que forman parte de una tradición que, afortunadamente, no tiene dueño.

Más que ahondar en la validez de estas imputaciones, pongo el incidente sobre la mesa con la intención ilustrar el complejo debate que despierta el préstamo de palabras (me resisto, en este caso, a llamarlo plagio). Es justamente esta discusión, en un sentido amplio, la que está al centro de Sobre el plagio, de la académica y escritora Hélène Maurel-Indart (Versalles, 1961), gran entusiasta del tema de la originalidad. El libro se trata de la primera edición en español, actualizada y enriquecida, de Du plagiat, publicado por vez primera en Francia en 1999.

Aunque por momentos su prosa puede resultar árida, Sobre el plagio tiene la gran virtud de funcionar en varios registros, permitiendo así distintos acercamientos según las obsesiones y manías de cada lector. Es una enciclopedia, un mapa y una narración.

En primer lugar se trata de un riguroso manual de referencia que resuelve dudas puntuales sobre los orígenes e historia del plagio, la legislación, la psique y motivaciones del imitador, los cruces entre el campo literario y el académico, consideraciones filosóficas y casos célebres de presuntos ladrones de palabras, desde Aristófanes hasta Michel Houellebecq. La autora va hilando historia con teoría y dibujando los límites de lo aceptable, tarea difícil considerando que las fronteras del plagio están en continuo movimiento y que a su alrededor orbitan una serie de falsos amigos como el pastiche, la parodia o las continuaciones.

El territorio es pedregoso pero Maurel-Indart traza, apoyándose en sistemas, categorías y órdenes, un mapa que ayuda a recorrerlo. De todas la clasificaciones propuestas –la autora tiene alma de taxonomista– una de las más interesantes es la distinción entre plagiario conquistador y plagiario melancólico: mientras que los primeros son vampiros literarios que actúan con plena conciencia, los segundos son creadores torturados por sus propias influencias y su impotencia creadora. También es de reconocerse el capítulo que este libro dedica a la creación de una tipología del préstamo. Es aquí donde Maurel-Indart muestra más claramente su vocación policial con sentencias como “debería darle vergüenza a quien, sin autorización previa, proceda a esta clase de transformación del trabajo del otro”.

Digo vocación policial porque el libro también es una suerte de novela detectivesca que cuenta la historia del plagio desde los antiguos griegos, cuando el problema de la propiedad literaria estaba incluso desprovisto de una dimensión jurídica. Lupa en mano, la autora se detiene en momentos clave que han transformado el concepto de originalidad, incluyendo el parteaguas que fue la invención de la imprenta entre 1436 y 1440, cuando las obras multiplicaron de pronto su alcance y con ello los casos de plagio y sus respectivas denuncias. En el siglo XX, la modernización de las técnicas de producción editorial, así como el sistema de premios literarios, dieron otro vuelco a los hábitos de lectura y escritura. Actualmente, argumenta Maurel-Indart, la presión que ejerce el mercado sobre los escritores para producir bestsellers ha despertado tentaciones en autores sedientos de fama y altas retribuciones económicas.

Si bien Maurel-Indart rechaza la noción de la literatura como creación pura, la discusión filosófica sobre el concepto de individuo –por lo tanto, de autor– brilla por su ausencia. Para aterrizar este punto, pensemos en la disputa en torno a la crítica que hizo Evodio Escalante del poemario Tríptico del desierto (2009), en el que Javier Sicilia tomó prestadas palabras de T. S. Eliot, Rilke y Celan, entre otros, sin citarlos. El debate fue interesante por feroz y vale la pena tomarse el tiempo de repasarlo, pero el punto que me interesa retomar ahora es el modo en el que se defendió Sicilia: “He declarado públicamente que pertenezco a una tradición muy antigua y a la vez muy moderna para la que la noción de autor no existe y a través de la cual el poeta dialoga con la tradición y la reactualiza para otros”, advirtió, e invitó a Escalante a recorrer la historia del concepto de autor que ya Eliot y Pound pusieron en crisis a principios del siglo XX. Esta es una reflexión que no aparece en Sobre el plagio.

Parafraseando a Borges que a su vez parafrasea a Valéry (aunque acaso sería más justo no mencionar a ninguno de los dos), la historia de la literatura debería estar libre de nombres propios. Pero la ilusión de la absoluta originalidad rige en un mundo en el que se han impuesto los derechos de autor y en donde es cada vez más fácil rastrear las influencias, por llamarlas de algún modo, de cualquier obra literaria. Es precisamente en este contexto que me parece fundamental que Maurel-Indart justificara y delineara más meticulosamente la noción de autor de la que parte su análisis. En su extraordinaria defensa de las influencias Contra la originalidad (Tumbona, 2008), Jonathan Lethem señala que a una época no la definen tanto las ideas que se discuten como las que se dan por sentadas. Que el lector se acerque a Sobre el plagio con esto en mente. ~