El libro que no pretendía escribir | Letras Libres
artículo no publicado

El libro que no pretendía escribir

Fernando Savater

Ética de urgencia

Edición de Gonzálo Torné, Barcelona, Ariel, 2012, 168 pp.

 

Ya en el prólogo de un libro publicado a los 29 años (La filosofía como anhelo de la revolución, 1976) escribía Fernando Savater: “Yo soñé con una obra pequeña, secreta, delicadamente cincelada a través del tiempo, como la de Cavafis o Saint-John Perse. La triste realidad es que me veo propietario de un fluido caudal de exabruptos, de una numerosa y variopinta colección de blasfemias, de una ruidosa zarabanda de lamentaciones e insultos.” Esta temprana conciencia del abismo que separa lo que uno soñó que iba a ser, lo que realmente va siendo y lo que los demás piensan que es ha tenido una rotunda confirmación en el año 2012. En el mes de abril publicó Savater la novela Los invitados de la princesa, en la que había trabajado dos años sin hacer concesiones a nada más que a su propio gusto literario. Articuló en ella la jocosa descripción de un congreso cultural con una serie de relatos de acción, de intriga y de fantasía. Intentó así llevar a la práctica el proyecto teórico que él mismo había presentado en un libro ya clásico, La infancia recuperada (1976): escribir una literatura narrativa como la que consigue hacer de un adolescente un adicto a la lectura, seguir avanzando por la senda que abrieron Stevenson, Poe, Conan Doyle, Tolkien... Los invitados de la princesa fue galardonada con el Premio Primavera –dotado con doscientos mil euros–, masivamente promocionada y prácticamente ignorada por la crítica. Con su publicación, Savater dio por cerrada su obra ensayística, afirmó públicamente que en el campo de la ética y la filosofía ya había dicho lo que tenía que decir y expresó su deseo de ponerse a escribir obras de ficción a tiempo completo.

En septiembre publicó el primero de los libros que no pretendía escribir: Ética de urgencia. Pero no rompió, de hecho, su promesa, pues en la presentación aclara: “El presente libro no es una obra directamente escrita por mí, sino la transcripción cuidadosa y selectiva de coloquios que he mantenido en dos centros de enseñanza de nuestro país.” Se trata, por tanto, de las charlas mantenidas por Savater con alumnos de institutos, redactadas y ordenadas por Gonzalo Torné. Un encargo editorial que pretende prolongar el éxito de Ética para Amador y Filosofía para Amador forzando un poco más a Savater para que renuncie a convertirse en el que quiere ser y se resigne a seguir siendo el que los demás quieren que sea.

Hay razones para explicar que Savater se haya convertido en víctima de su propio éxito. Quienes, en los colegios de los años sesenta, padecimos asignaturas denominadas Historia sagrada y Formación del espíritu nacional, solo podemos sentir envidia de los quinceañeros que desde hace veinte años leen en la aulas Ética para Amador y Filosofía para Amador. La comparación entre unos y otros es una auténtica refutación de los agoreros que solo saben lamentar lo mal que siempre van las cosas. Frente al adoctrinamiento en la Única Religión Verdadera, en la obediencia a la Autoridad Incuestionable y en los Principios del Movimiento Eternamente Inmóvil, los libritos que Savater ofrece a los adolescentes actuales son una invitación a la libertad personal, a la responsabilidad que conlleva, al pensamiento propio, al placer solidario. Un estímulo a convertirse en adultos autónomos y alegres, carente de pedantería, redactado en un lenguaje brillante de tono amable y adecuado a sus interlocutores.

La modesta ampliación que supone Ética de urgencia aporta poco nuevo al lector familiarizado con los escritos de Savater. Se presenta como un complemento de aquellos dos manuales de gran éxito, poniendo el énfasis en cuestiones actuales que no se planteaban hace veinte años. Tiene la fluidez y espontaneidad del diálogo improvisado. Sirve, de ese modo, como ilustración de la diferencia que se suele encontrar entre la obra de un autor y la deliberación personal con él. No es raro conocer escritores admirables de aburridísima conversación; o escritores ilegibles que resultan ser brillantísimos charlatanes; tampoco faltan, desde luego, autores que hablan tan bien como escriben y muchos otros a los que conviene tener tan lejos como a sus escritos. Hay también, por supuesto, todo tipo de híbridos, como las Opiniones contundentes de Nabokov, que disfrazan de oralidad lo que es en buena medida escritura.

Ética de urgencia es una auténtica exhibición de habilidad para refutar a interlocutores ingenuos sin agredirlos e incluso seduciéndolos. Al adolescente que defiende la libre descarga de libros y películas en internet porque “la ropa y el jamón son caprichos, mientras que la cultura es un bien necesario”, Savater le responde:

¿Por qué va a ser un jersey un capricho cuando tienes frío? [...] Si los Rolex se pudieran bajar por internet, todos llevaríamos Rolex, y nadie iría a la joyería nunca. La cultura no te la descargas gratis porque sea algo especial, sino porque está accesible. Entonces, como te conviene, te montas una teoría para justificar la conveniencia de que siga siendo gratis.

Y al que ya reconoce sus argumentos contra la piratería pero no admite la oposición a WikiLeaks porque entiende que desvela secretos americanos perjudiciales para el resto de la comunidad internacional, Savater le relata:

Durante casi quince años de mi vida he tenido que salir de casa acompañado por dos escoltas que me protegían cuando yo iba de un lado a otro. ¿Crees que nos hubiese beneficiado en algo a ellos y a mí que se difundieran por internet sus identidades, mi lugar de destino, la ruta que iba a seguir, dónde haríamos un descanso? ¿Que se revelasen esos datos solo porque un tipo a quien nadie ha escogido ni se representa más que a sí mismo decida que ya está bien de algunos secretos?

Retrato del Savater oral o el arte de la pedagogía. Esa es la gran aportación de esta discreta Ética de urgencia. ~