El bisturí filosófico de Cristóbal Pera | Letras Libres
artículo no publicado

El bisturí filosófico de Cristóbal Pera

El lector sale de esas páginas sintiendo una suerte de curación por las palabras. La palabra crítica recobra su compleja, variada significación. El doctor Pera ha operado el milagro.

No sabemos lo que puede un cuerpo.

Spinoza, Ética

 

Si el médico no es filósofo, no es médico. Si el filósofo no es médico, no es filósofo. A esa convicción llego después de leer el libro del doctor Cristóbal Pera.

España ha sido, a través de los siglos, cuna de célebres médicos filósofos: Averroes en el orbe islámico, Maimónides en el judío, Juan Huarte de San Juan en el cristiano. Don Cristóbal Pera se inscribe en ese linaje. Su obra es una cuidadosa y original exploración ensayística, no muy distinta de la que elaboró el doctor Freud sobre el malestar de la cultura en su tiempo. Aquel célebre médico filósofo publicó su libro en 1930. Más de ochenta años después, y a sabiendas de la historia de horror que dejó a su paso el siglo XX (horror apenas entrevisto por el propio Freud, en aquel escrito), su homólogo español se hace la pregunta central de nuestro tiempo: ¿puede sobrevivir la persona (esa unidad indivisible, física, social y psicológica, orientada hacia un fin que la trasciende) en el siglo XXI?

El libro se divide en dos (di)secciones: la cultura pensada desde fuera del cuerpo y la cultura pensada desde el cuerpo. La primera explora diversos conceptos que, de afuera hacia adentro, inciden en la persona, afectando potencialmente ese haz de valores físicos, éticos, estéticos, intelectuales, religiosos inclusive, que llamamos cultura. ¿Es válido el famoso contraste de C. P. Snow sobre la división entre cultura humanística y científica? ¿Disolverá la cultura de masas a la cultura personal en una mera prestidigitación tecnológica o la cultura personal encontrará formas de domesticarla, como domesticó al fuego? Las identidades (nacionales, culturales) ¿son fuente esencial de cultura para los pueblos o son cárceles vitales que los envanecen? Las ideologías ¿son construcciones coherentes de la realidad o (como ocurre con frecuencia) instrumentos del poder para oprimir a las personas? ¿Es compatible el concepto de cultura con el universo de lo sagrado? ¿Ha podido liberarse la cultura de las restricciones milenarias como la inequidad de género, la diferencia entre las civilizaciones? ¿Cumple la universidad con la misión que entrevieron para ella los grandes humanistas desde Humboldt hasta Jaspers u Ortega y Gasset? ¿Es posible encontrar en el mundo actual espacio para el ocio creativo u otras formas de creatividad activa para la cultura?

En la segunda (di)sección, la que opera de dentro hacia fuera, Pera traza con paciencia y sutileza el perfil ideal –casi el retrato hablado– de la persona culta. Sus valores –como diría Spinoza, cuyos ecos resuenan en el libro– son “claros y distintos”. ¿Quién es? Alguien que acomete la vida como una aventura de libertad, pero no una aventura insensata sino una acotada por las posibilidades del cuerpo. Un preguntón movido por la genuina curiosidad de saber, de conocer, de descubrir, no por la simple inclinación a las novedades. Alguien que ha recibido y procura la instrucción, la educación, el aprendizaje, pero que los integra de manera activa, original y personal. Un provocador (como los dadaístas, los surrealistas, o como Kafka, Joyce o Eliot) que intenta ensanchar con su imaginación el horizonte de lo posible y de lo real. No un mero erudito (que acumula sin digerir ni distinguir) sino un conversador (en el sentido libre y platónico que ha elaborado Gabriel Zaid) y, sobre todo, un crítico, porque después de Russell, Popper y Wittgenstein la cultura no puede volver a la edad de la inocencia, cuando las palabras se podían usar con impunidad metafísica, al margen de su significado.

En el método filosófico del doctor Pera, las palabras son la unidad esencial. Solo su uso transparente nos orienta a la salud social e individual. Cada capítulo arranca con la definición precisa, etimológica, de los términos que analiza. Desde ahí procede al examen histórico de los términos, su uso a través del tiempo. Véase, por ejemplo, su disección de la palabra crítico:

La adjetivación como crítico de este modo de pensar, que se cuestiona a sí mismo y pretende buscar la “verdad”, nos remite a sus raíces etimológicas, al latín criticus y, de aquí, al griego kritikós, con significaciones tales como “el que juzga” o “el que decide”; en griego crisis significa “decisión”, derivado del verbo krino, “yo decido, separo, juzgo”. En todo caso, decidir, del latín decidere, con los significados de “cortar” y “decidir” deriva de caedere, “cortar”.

El lector sale de esas páginas sintiendo una suerte de curación por las palabras. La palabra crítica recobra su compleja, variada significación. El doctor Pera ha operado el milagro.

El recorrido casual por las notas a pie de página, el amplísimo catálogo de autores citados, la variedad de las tradiciones intelectuales que explora (alemana, inglesa, francesa, española), podrían sugerir que se trata de una obra académica. No lo es, en absoluto. Con un estilo fluido, elegante y claro, Pera va creando sobre la marcha –como hacía Ortega y Gasset– sus propias categorías de análisis. Es, en la tradición clásica, la de Montaigne, un ensayista. Hablando de los otros, habla de sí.

De todos sus párrafos memorables, me quedo con este, que se pregunta por el lugar de lo sagrado, en una época crepuscular, en un mundo sin dioses:

¿Puede negarse, sin más, que todo el misterio de ese mundo tremendo y fascinante en el que nacemos, vivimos y morimos es el fruto de una inefable alquimia de la naturaleza, cuyos muy recónditos detalles íntimos se van revelando a la indagación científica y técnica con una enorme lentitud, la misma alquimia que ocurre también en el mayor de los silencios, en el espacio biológico en el que se asienta cada persona, con sus palabras y su pensamiento, y de manera preferencial, en su cerebro?

Heredero del humanismo liberal del siglo XVII, intérprete generoso y crítico de las pasiones sociales y solidarias del XIX, hijo de la vanguardia científica del XX, escéptico pero no vencido ante las perplejidades e incertidumbres del XXI, don Cristóbal ha escrito un libro secretamente autobiográfico y un legado a las futuras generaciones.

 

(Texto leído durante la presentación del libro: La persona culta, Cristóbal Pera. Ediciones cal y y arena)