El arte de procrastinar | Letras Libres
artículo no publicado

El arte de procrastinar

Sheila Heti

¿Cómo debería ser una persona?

Una novela desde la vida

Traducción de Regina López Muñoz, Barcelona,

Alpha Decay, 2013, 305 pp.

¿Cómo debería ser una persona? Una novela desde la vida es la novela más reciente de Sheila Heti (Toronto, 1976), escritora y editora de The Believer, que estudió dramaturgia en la Universidad de Montreal. Sheila, protagonista y narradora, se resiste a entrar en la madurez y teme acabar divorciada, como sus padres. Su vida da un vuelco cuando conoce a Margaux, una pintora cuya seguridad admira y envidia. Las dos son licenciadas, viven en Toronto y deciden hacerse amigas. A Sheila siempre le ha asaltado una duda, que da título a la novela, y que quiere resolver: ¿cómo debería ser una persona? En medio de los cambios que se producen en su vida, de los temores, confusiones e inseguridades y un concurso de cuadros feos tratará de encontrar una respuesta para llevarla a la práctica.

Sheila se muda a una especie de sótano con el objetivo de terminar la obra de teatro que le encargaron, un proyecto que lleva postergando un tiempo: “Me había pasado los últimos años aplazando lo que sabía que debía hacer: dejar de lado el mundo, encerrarme en mi cuarto y resurgir con la luna, bajo cuya luz se reflejarían mi experiencia y conocimiento en una auténtica obra de arte, una obra de verdad.” Debe escribir sobre mujeres, y espera poder hacerlo: “Ahora que había abandonado mi matrimonio y me había mudado a un piso propio, mi mente tenía libertad para reflexionar acerca de lo que se me antojara, y me hice el firme propósito de volver a la obra con renovado rigor.” Sin embargo, pasa la mayor parte del tiempo en el taller de Margaux y en la peluquería de Uri, donde empieza a trabajar porque los test de orientación profesional del instituto indicaban que esa era una buena profesión para ella. Sheila espera encontrar respuestas a todo en Margaux: la acompaña a Miami, a una feria de arte, y le deja leer lo que ha escrito a partir de sus charlas. Sheila decide huir a Nueva York y allí discute con un tendero, judío como ella, sobre la razón por la que el judaísmo pasó a ser transmitido por la madre. El tendero le dice: “Soy judío. Judío de nacimiento. A propósito, un judío es un judío, ¿lo sabías? Aunque te conviertas a otra religión: seguirás siendo judío.” Los episodios en los queSheila conoce a Israel y va a recoger sus cosas a casa de su madre y se droga con Margauxcompletan este retrato de las dos jóvenes sin demasiadas preocupaciones, además de ellas mismas y lo que hacen.

Muchos de los miedos e inseguridades de Sheila, que le hacen plantearse el problema de la identidad, tienen que ver con una obra de teatro que escribió su novio de la universidad después de escuchar una conversación de teléfono de Sheila con una amiga en la que le contaba “lo colada que estaba por un fotógrafo de Nueva York”. Dice Sheila: “A la mañana siguiente encontré en la pantalla [del ordenador] un esbozo para una obra de teatro basada en mi vida y en cómo se iría desarrollando década tras década. […] Las lágrimas me caían a borbotones a medida que iba asimilando la espantosa estampa de mi vida que había dibujado: gráfica, cruel, y aderezada a traición con los ingredientes que más daño me harían.” Y un poco más adelante: “Traté de olvidar aquella obra, pero no pude […]. Quedó alojada en mi interior como una semilla que yo veía echar raíces y crecer encaramada a mi vida.”

Una de las cosas más audaces del libro es su capacidad de mezclar géneros y materiales: la estructura, por ejemplo, copia la de una obra de teatro en cinco actos, con un prólogo, un interludio dedicado al sexo y a una relación de sumisión que establece con Israel, y un entreacto. En esa estructura cabe todo: una consulta transatlántica con una psicoanalista jungiana, digresiones sobre felaciones, cartas manuscritas, transcripciones de conversaciones, correos electrónicos, la historia del pueblo judío, el éxodo y fábulas. Sin embargo, a pesar de tener muchos ingredientes atractivos, de estar escrita con ingenio y mucho sentido del humor, cae en demasiadas ocasiones en la broma interna: queda la sensación de que Heti podía haber sido más ambiciosa. Aunque aborda un asunto universal, se queda encerrada en lo particular y lo concreto.

“Mientras caminábamos, le conté mis miedos a Misha. Entonces, tras escucharme durante un buen rato, por fin dijo: Lo único que siempre he tenido claro es que todo el mundo debe cometer grandes errores”, dice Sheila al principio del libro. Heti ha escrito, asumiendo la posibilidad del error, una novela que, al mismo tiempo, encierra el propio proceso de escritura; por eso cabe todo. Nos cuenta el desarrollo, las dudas y cómo una cosa lleva a otra, pero el mecanismo de la vida no siempre funciona en la literatura.Hasta sabemos en qué momento Sheila se da cuenta de que está escribiendo una novela: casi al final, Margaux le dice a Sheila: “Y quiero que encuentres la respuesta a tu pregunta, a cómo debería ser una persona, para que no tengas que pensar más en ello. […] Y puedes recurrir a mí todas las veces que quieras para hallar las respuestas… Lo que sea, pero acaba con eso. […] Y hazlo rápido”: Sheila le pregunta si tiene que ser una obra de teatro y, después de reflexionar, Margaux responde que no. Sin embargo, este descubrimiento, en lugar de universalizar y dar sentido a todo, lo reduce a un asunto entre dos amigas.

A veces el libro resulta tan confuso como la propia Sheila, y algunas cosas no se entienden del todo (las comparaciones y paralelismos que pretende establecer con el éxodo, Moisés y la liberación del pueblo judío): gana en profundidad cuando habla del trabajo en la peluquería, la relación con su madre o la intimidad con los hombres. Resulta mucho más interesante la historia de humillación voluntaria de Sheila con Israel que la fascinación que le produce Margaux, un personaje con el que es difícil empatizar. Sheila Heti ha escrito un libro honesto y arriesgado sobre las dudas y tribulaciones que a veces, por exageración, resultan banales, pero que otras nos afectan a todos: cómo queremos ser y cómo queremos que sea nuestra vida. ~