Dos mujeres | Letras Libres
artículo no publicado

Dos mujeres

Elena Ferrante

Las deudas del cuerpo

Traducción de Celia Filipetto

Barcelona, Lumen, 477 pp.

Las deudas del cuerpo, penúltima entrega de la serie napolitana de Elena Ferrante (que se cerrará con un cuarto volumen, Storia della bambina perduta), comienza con el último encuentro de las dos protagonistas: un paseo invernal por el barrio, cinco años antes de la desaparición de Lina, en el que se topan con el cadáver de Gigliola Spagnuolo, la que fuera la exuberante hija del pastelero, al lado de la iglesia. “Cuántos de los que habían sido con nosotras ya habían muerto”, piensa Lenù. Y luego: “El sol del precioso día invernal daba a las cosas un aspecto sereno. El barrio viejo, a diferencia de nosotras, seguía idéntico.” La amiga estupenda (Lumen, 2012), que abría la serie, empezaba con la llamada de Rino a la narradora, Elena Greco, para avisarle de la desaparición de Lina Cerullo, la madre de Rino. La narradora conoce muy bien a Lina: “No solo quería desaparecer ella, ahora, con sesenta y seis años, sino borrar además toda la vida que había dejado a su espalda. Me dio mucha rabia. Veremos quién se sale con la suya, me dije. Fue entonces cuando encendí el ordenador y me puse a escribir hasta el último detalle de nuestra historia, todo lo que quedó grabado en la memoria.” La noticia de la desaparición de Lina hace que Elena se ponga a escribir, en parte, para no dejar que Lina consiga borrar todo rastro.

Tirando del hilo de la memoria, Elena Greco, Lenù, recompone la historia de ambas: la infancia en el barrio miserable, la violencia siempre presente, los amoríos, la amistad, el deseo de escapar, los sueños de infancia que se transforman en la adolescencia, el discurrir inesperado y sorprendente de la vida, que incluye los veranos en Ischia, los primeros acercamientos sexuales y lo que siempre será el refugio de Lenù: los libros. La amiga estupenda cubría la infancia de las protagonistas hasta la boda de la primera, a los dieciséis años. En Un mal nombre (Lumen, 2013), Lenù se refugiaba en los estudios para esconder sus desengaños amorosos y se convertía en escritora, y Lina acababa trabajando en una fábrica de embutidos después de haber abandonado a su marido. Enzo, un amigo del barrio al que ayuda a estudiar informática por las noches, cuida de ella y de su hijo, cuyo padre podría no ser el marido abandonado, sino Nino Sarratore, el amor de juventud de Lenù, con el que Lina vive un romance intenso. En Las deudas del cuerpo, Lenù retoma el relato donde lo dejaba Un mal nombre: en la presentación de su libro, en Milán, cuando, después de que un profesor de gafas gruesas la critique duramente, pide la palabra Nino Sarratore. Lenù no vuelve a verlo hasta unos años después, casada y con dos hijas, pero le llegan noticias de su vida: conoce a Silvia, una joven implicada en la revueltas comunistas, que amamanta a un bebé, hijo de Nino, mientras grita consignas en una asamblea en la universidad; sabe que se ha casado y vive en Nápoles, aunque no ha vuelto al barrio. Mientras tanto, Lenù se casa con el hijo de una importante familia de la izquierda burguesa, su libro es un éxito de ventas y corre en auxilio de Lina, que amenaza con enloquecer por exceso de trabajo y falta de sueño. Lenù escribe una segunda novela de la que su suegra, modelo y cómplice de su carrera literaria, le dice que “es vieja en todos los sentidos y está escrita de una forma tan pretenciosa que las palabras parecen vacías”. Lenù renuncia a escribir, a leer; se dedica a cocinar y a ser elegante. Pero empezará a cambiar tras las reuniones de mujeres que organiza su cuñada, en las que descubre el feminismo (“Qué pena la soledad femenina de las mentes”, reflexiona Lenù).

La novela no es solo los accidentes vitales de dos amigas: la serie conforma un cuadro napolitano que retrata el paso del tiempo y su efecto en las costumbres, las ideas y la vida. Cuenta la tímida llegada de las libertades: por ejemplo, Lina no se divorcia, pero años después, Lenù se plantea la separación en términos legales. También se aprecia una apertura cuando la madre de Lenù acepta que la hermana pequeña conviva con su prometido antes de la boda. La introducción de la historia sociopolítica a través de las implicaciones sindicales e ideológicas de los personajes (Gino se une a la banda fascista del barrio, Pascuale se inscribe en el Partido Comunista y anima a Lina a que inicie el movimiento sindical en la fábrica Soccavo) lastra la trama y no resulta tan natural como en las otras entregas. Esa impresión se ve reforzada por una escritura apresurada.

Las deudas del cuerpo ofrece además un juego de espejos cervantino: gran parte de la trama se centra en la carrera literaria de la narradora, se habla de la recepción de la novela de Lenù, se citan algunas críticas al libro (“una muchachita empeñada en ocultar su falta de talento tras unas paginitas excitantes de mediocre trivialidad”) en el que narra acontecimientos de la anterior entrega. Gigliola le alabará haber contado muy bien esas cosas –“tal como pasan, con esa suciedad. Son secretos que se saben únicamente si se es mujer”–, refiriéndose al sexo, uno de los temas de la novela, pero desde un enfoque sociológico, y al temor, al dolor, al deseo o la falta de él que lo acompañan. El libro dialoga con Chesil Beach (Anagrama, 2008), de Ian McEwan, en cuanto al sexo, y ofrece una imagen de la amistad femenina distinta pero complementaria de la que se ve en Girls (2012), Frances Ha (2012) o Doll and Em (2014). Las deudas del cuerpo cuenta el “Tiempo intermedio”, como dice el subtítulo, de unos personajes humanos, imperfectos, con aristas y claroscuros, y a través de ellos pinta un retablo complejo y detallado de la última mitad del siglo XX italiano. ~