¿Dónde estás? Ontología del teléfono móvil Marbot, de Maurizio Ferraris | Letras Libres
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¿Dónde estás? Ontología del teléfono móvil Marbot, de Maurizio Ferraris

Este libro es dos libros. Y no en el sentido que Cortázar otorgaba a Rayuela. ¿Dónde estás? es, en realidad, dos libros distintos. Uno, el primero por numeración de páginas, corresponde con el título y estudia al móvil como objeto social. Se interna en la teoría del objeto (ontología) para descubrir qué es, por qué este “instrumento absoluto” produce transformaciones como preguntar, a quien contesta el teléfono, “dónde estás” en lugar del “cómo estás”. El otro libro, que comienza en la página 146, olvida el móvil por completo y se centra en el debate de la escritura como “registro” o como “comunicación”. El autor, discípulo de Derrida, salda cuentas en nombre del maestro y defiende el rol sumerio de la escritura. Este argumento, que no logra interrelacionar ambas partes, sirve como bisagra: el móvil registra, más que comunica.

En la primera parte del libro, el análisis de Maurizio Ferraris se centra en la máquina inédita que ha surgido alrededor de un teléfono sin cables, un aparato conectado a redes y con funciones de ordenador, grabador, máquina de vídeo y fotografía, tarjeta de crédito y tantas cosas más. Es preferible entonces obviar la palabra “teléfono”, utilizada en gran parte de la obra, y hablar del “móvil”, a secas. Porque, como señala el autor, en otros idiomas, al “móvil” se le conoce con diversos nombres que refieren a una “extensión de la mano”, lo que induce a relacionar al usuario con la mujer biónica, en cuanto a nuevas capacidades que provee y a la fuerte dependencia de la tecnología que produce. “Tal vez llegue un día en que nos entierren con nuestra tarjeta sim”, dice. El móvil no es un teléfono; es una interfaz portátil del ciberespacio.

Con definiciones hermosas, como “es mano y tabula”, gran parte de su análisis sobre el móvil resulta muy lúcido: Se considera estrictamente privado, mientras que el fijo es semi-público; con el móvil, el usuario está siempre al teléfono (aunque el móvil, al contrario que el fijo, se puede apagar); el individuo conectado adquiere cualidades ubicuas e individuales, pero no hace ubicuas a las personas: “se limita a propagar nuestra voz y nuestra escritura”, dice Ferraris; quien llama y no encuentra al destinatario sucumbe al “desasosiego” y despierta “fantasmas”: ¿por qué no contesta? (dramático es el ejemplo de una mujer que llama a su pareja, un soldado israelí capturado en Cisjordania, y el secuestrador le responde: todo en orden, acabamos de degollar a su marido); posee un carácter emotivo porque “es íntimo”, “atañe sólo a nosotros” (aunque se podría matizar que el móvil permite mayor intimidad sin dejar de ser una herramienta de trabajo); es uno de los pocos hallazgos técnicos sofisticados que está al alcance de casi todo el mundo.

Para acompañar sus teorías, Ferraris acude a la provocación. Después de lamentar que ningún pensador haya dedicado más de cinco minutos a meditar sobre la trascendencia del fax, escribe que “la verdadera pobreza” es la “falta de conexión”, parafraseando a Heidegger. Con lucidez también sostiene que, aunque todo está escrito, “no hemos entrado en lo absoluto en una sociedad más literaria ni letrada”; y que Google (ese triunfador de los premios Príncipe de Asturias 2008) es un “erudito acéfalo”, “que lo recuerda todo y no ha comprendido nada”. Ahora bien, el afán provocador también le lleva a afirmar, en 2005, año de la primera edición en italiano, que el e-book es un “solemne fiasco”, sin imaginar los progresos de Amazon y Sony.

Este tono provocador le lleva a cometer lo que resulta la principal debilidad del ensayo: la necesidad de proclamar enfrentamientos inexistentes, como la supremacía de lo escrito sobre lo oral (acusando a quienes opinan lo contrario de utilizar “falsas evidencias”) o que la esencia de la escritura es “registrar” y no “comunicar”. Para Ferraris no hay equilibrio ni compatibilidad. “Creer que la esencia de la escritura es principalmente la comunicación es más o menos como pensar que las mesas sirven esencialmente para bloquear puertas”. Que los sumerios inventaran la escritura con fines contables no impide la evolución posterior del lenguaje escrito. Aunque es válida la tesis del registro como esencia de la escritura, no convierte a la función comunicativa de la escritura en “sentido derivado”. Cosa que, durante las últimas 170 páginas, el autor intentará demostrar, para lo que se vale de conceptos como “verdad”. Para demostrar esa verdad suya, utiliza el cuento de Stevenson “El genio de la botella”, en donde quien compra una botella mágica entrega su alma a la perdición, pero puede salvarse si la vende a la mitad de lo pagado. En el cuento, sólo el “tonto” compra por un precio que no puede dividirse porque no existen monedas para ese exiguo valor. Para Ferraris lo mismo pasa con los filósofos que han sostenido que la verdad no existe. “Espero, mi benévolo lector, haber ilustrado esta verdad en esta primera parte del libro”, dice. Y si no está de acuerdo, benévolo lector, engrosará la lista de tontos que compraron la botella de Stevenson.

Y así como incita a la confrontación, Ferraris también oficia una boda entre el correo electrónico y el SMS, a los que equipara cuando son tan diferentes como la carta manuscrita y el telegrama, pues la naturaleza del e-mail no lo condiciona a convertirse en un lenguaje íntimo e instantáneo ni lo impulsa a la elaboración de un nuevo lenguaje, como sucede con el SMS. No obstante, si, al igual que se obvia el término “teléfono móvil” para hablar sólo de “móvil”, se piensa en los SMS cuando el autor menciona el e-mail, se pueden obtener interesantes ideas, como que en los mensajes de texto se encuentra la abreviatura de un sentimiento, o que un antecedente de las abreviaturas SMS se encuentra en el tetragrama JHVH, Jahveh.

El móvil desata paradojas. Ferraris afirma que una manera de aislarse del mundo es dejar el móvil en casa. Pero también dejar el móvil en casa es la única manera de estar en contacto con el mundo inmediato. El móvil conecta con aquellos que están lejos y se desea contactar, al tiempo que aísla al usuario de aquellas personas con las que comparte el mismo espacio físico. Otra paradoja podría ser la que contiene la intención del libro: utilizar una nueva tecnología, el móvil, para revivir un viejo debate, el de la escritura como registro o comunicación. ~