Cuando la literatura no deviene mercancía | Letras Libres
artículo no publicado

Cuando la literatura no deviene mercancía

El Anti-Humboldt no es la mera ocurrencia o el artificio de un joven poeta mexicano. No: lo que aquí tenemos es una verdadera apuesta, consciente y razonada, por la renovación del lenguaje

Hugo García Manríquez, Anti-Humboldt. Una lectura del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, México, Aldus/Litmus, 2014, 170 pp.

 

Pocas veces a lo largo de la historia se ha podido hablar de momentos saludables en la poesía mexicana. Salvo algunas excepciones, un excesivo conservadurismo y una relación conflictiva con la tradición ha mantenido a los poetas mexicanos al margen de la experiencia poética. Y es que, si miramos con atención, no es raro toparse, entre los escritores mexicanos del siglo XX y no se diga del XIX, a gente queriendo escribir —por poner dos ejemplos paradigmáticos— como Góngora o como Quevedo, sin asimilar que, más allá de su calidad, el verdadero valor de esas obras se encuentra precisamente en su actitud transgresora, en su posición beligerante frente a las convenciones y modelos establecidos de su tiempo. Góngora y Quevedo renovaron el lenguaje de una época; seguir escribiendo como ellos, cuatrocientos años después, no tiene mérito alguno. Pues, ¿de qué sirve aferrarse a las formas ya ganadas? La verdadera creación debe pulverizar toda certeza, correr el riesgo de no acabar en buena orilla. La poesía debe ser, ante todo, provocadora y combativa. En nuestros tiempos, como escribió Décio Pignatari, “en la poesía interesa lo que no es poesía”.

Es en esta dimensión que debemos entender el Anti-Humboldt de Hugo García Manríquez (Camargo, 1978). Un libro que dista mucho de parecerse a cualquier otra cosa hecha en México con anterioridad. Sin embargo, su novedad no radica en un alambicamiento incomprensible, pues de hecho, la propuesta es muy clara desde el principio: una lectura, o mejor dicho, una relectura del Tratado de Libre Comercio de América del Norte —TLCAN o NAFTA por sus siglas en inglés— a veinte años de su aparición el 1 de enero de 1994. Para este experimento, García Manríquez ha transcrito tal cual cada una de las palabras del tratado, tanto en su versión castellana como inglesa, para después seleccionar solo aquellas que le han interesado y que constituyen, a su modo de ver, la materia poética del documento. Nosotros, al abrir el Anti-Humboldt, nos encontramos de inmediato con la evidencia de este trabajo: las palabras separadas aparecen en negritas y las otras, las parcialmente desechadas, como una marca de agua. De este modo, lo que llega a nuestras manos más que un libro es un palimpsesto: m. manuscrito antiguo que conserva huellas de una escritura anterior borrada artificialmente. Es decir, hilvanando las palabras destacadas asistimos a la relectura propuesta por García Manríquez, pero también, al ignorar esta selección, podemos efectuar una lectura corriente del tratado. Así, el lenguaje corrompido por la velocidad y las instituciones vuelve a ser lenguaje, recupera su peso y su brillo. 

Ahora, resulta necesario aclarar que el Anti-Humboldt no es la mera ocurrencia o el artificio de un joven poeta mexicano. No: lo que aquí tenemos es una verdadera apuesta, consciente y razonada, por la renovación del lenguaje. Un ejercicio largamente meditado en el que cada una de las palabras ha sido seleccionada con extremo cuidado —por su sabor, por su extrañeza— y ha sido colocada en el centro de la discusión con las élites de poder. No obstante, dicha constelación de palabras no obedece a un sentido lógico, pues no se trata de un discurso o un panfleto, el cual pueda ser integrado sin mayor esfuerzo a la inercia del sistema capitalista. En elAnti-Humboldt, el quid está en desarticular las producciones de sentido, convertir la verborrea en puro lenguaje, para que éste pueda, en su aparente incongruencia, devenir significación novedosa, inútil para las intenciones del mercado. García Manríquez pone a las palabras en contra de quienes las han pronunciado, para volverlas, de este modo, una máquina de guerra que actúa contra sí misma. Dicho de otro manera, lo que tenemos aquí es una intervención performática de uno de los mayores instrumentos del neoliberalismo mexicano, una protesta contra la procacidad de los organismos y el cinismo de los mandatarios que se han dedicado a acabar con la diversidad de los recursos, volviendo la feliz heterogeneidad en una única cosa, ubicua y multiforme, llamada orgullosamente por algunos mercancía.

Otro tema relevante en el Anti-Humboldt es la traducción. No por nada se trata de un libro bilingüe en el que por un lado se encuentra el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y por el otro, el North American Free Trade Agreement. Cada una de estas versiones ha sido intervenida particularmente, por lo que no son las palabras con significados equivalentes las que han sido apartadas por el autor, sino que cada uno de los documentos tiene su propia selección y debe ser atendida individualmente. Y claro, en cada lengua las intensidades y sonoridades son diferentes, dicen y comunican cosas distintas; sería un error pretender equidistar las elecciones de una manera burda. Cada una de las versiones, pues, debe ser leída en su unicidad, entendiéndolas como lo que son: una continuidad y no una oposición. Bajo esta mirada, el Anti-Humboldt se enriquece: un poema que dialoga sin fronteras, un poema sin orillas.

En el centro de estas dos versiones, García Manríquez ha incluido un ensayo en el que se dedica a reflexionar en torno a su experiencia de rescritura y su posicionamiento frente a la realidad. No obstante, más que una explicación de lo que sucede al interior, podemos entender este texto intermedio como una extensión del poema. Un epílogo elocuente y lúcido en el que el autor señala, entre otras cosas, el porqué del título y los intereses personales que lo llevaron a disponer del TLC y no de otro documento; pero también apunta algunos de sus interlocutores principales, como por ejemplo, el libro Radi Os del poeta norteamericano Ronald Johnson, en el que el Paraíso Perdido de John Milton es borrado parcialmente y convertido, finalmente, en otro poema, o Zong! de la poeta canadiense M. NourbeSe Philip, en el que el reporte legal del asesinato de 150 africanos a bordo de un barco de esclavos es intervenido para devolver al mundo los gritos ensordecedores que fueron silenciados e ignorados hace más de doscientos años.

A estas alturas, hay que decirlo fuerte y muy claro: el Anti-Humboldt es uno de esos libros beligerantes y provocadores que nos suceden cada tanto tiempo. Una manifestación radical contra las políticas económicas, sociales y culturales que se han venido practicando en nuestro país desde hace ya tiempos inmemorables; pero también se trata de un enérgico llamado de atención al statu quo y el establishment intelectual mexicano que se ha preocupado poco por señalar la situación que atraviesa actualmente nuestro país. García Manríquez se encuentra en el limbo, pues no agrada ni a unos ni a otros. Pero finalmente, es desde esta posición incómoda que, escapando del facilismo al que acuden la mayoría de los poetas, que pretenden incorporar el presente a través de algunos guiños a la posmodernidad, utilizando equivocadamente los términos como anclaje y no como resistencia, el Anti-Humboldt se afirma como uno de los poemas más importantes que se han escrito en México en los últimos años.