Conversación crítica | Letras Libres
artículo no publicado

Conversación crítica

Malva Flores

Viaje de Vuelta. Estampas de una revista

México, Fondo de Cultura Económica, 2011, 373 pp.

 

En América Latina, las revistas culturales han funcionado como una extensión del ágora, un modelo de vida intelectual y una escuela informal. A diferencia de una revista científica o institucional, una publicación cultural no aspira meramente a difundir o producir conocimiento sino a crear, pensar y debatir en los márgenes del saber certificado. Vuelta (1976-1998), animada por Octavio Paz y un amplio abanico de escritores, fue una revista que cultivó el rigor en la creación y la reflexión en español, estimuló la agenda pública e influyó en el gusto y los valores de, al menos, un par de generaciones. Surgida en 1976, tras el golpe a Excélsior, recogió el espíritu de su antecesora Plural y durante más de veinte años funcionó como un espacio para el diálogo y la confrontación intelectual. Las estampas de Vuelta que traza Malva Flores, si bien tienen un respaldo documental exhaustivo y un enfoque panorámico que va desde la tradición intelectual que honra la revista hasta detalles de su administración, no son simplemente un recuento académico neutral, sino que destilan simpatía y un aire de nostalgia. No es raro: Vuelta fue, de manera oculta o explícita, una ineludible referencia literaria, política y sentimental para quienes accedieron al universo de la lectura y la vida pública en las décadas de los setenta a los noventa.

El estudio de Malva Flores cumple varias funciones: por un lado, reconstruye la convulsa atmósfera cultural y política de las décadas en que circuló la revista; por otro lado, con la acuciosa enumeración de autores, temas y polémicas que alojó Vuelta, permite superar algunas simplificaciones que se acuñaron en medio del fragor ideológico; finalmente, con un conjunto de semblanzas y entrevistas a sus principales animadores, ofrece una visión íntima de la revista, revela afinidades y diferencias entre sus colaboradores y, sin dejar de reconocer la invaluable animación de Paz, retrata a un elenco de autores con personalidad, obra y agenda propias.

En una etapa de ilusión radical y militante, en la que muchos consideraban que el arte y la literatura debían tener un propósito revolucionario, en la que se desconfiaba de las nociones de exigencia y de alta cultura y en la que llegaba a profesarse la vía de la transformación violenta, Vuelta reivindicó, por un lado, un arte sin fronteras o consignas y, por el otro, practicó la crítica como un atributo civil. En esa revista se formularon una serie de preguntas en torno a la naturaleza de la cultura y el arte y la función del artista. Igualmente, se reflexionó sobre la Guerra Fría y sus secuelas, sobre la oposición entre capitalismo y socialismo real, sobre la opción de la revolución violenta, sobre las dictaduras de izquierda y derecha y sobre los nuevos fundamentalismos religiosos. La naturaleza de los regímenes totalitarios y la situación de las libertades en la entonces URSS, Europa Oriental o Cuba fueron preocupaciones constantes, pero, como señala Malva Flores, también las limitaciones y contradicciones del mercado, las políticas equívocas de Estados Unidos y las atrocidades de las dictaduras del Cono Sur, al grado de que la circulación de Vuelta fue prohibida en Argentina. En lo que atañe a México, la agenda de temas fue abundante: una revisión de las diversas fases de la historia del país; una disección de los fenómenos del autoritarismo, clientelismo y expansión económica del Estado; una indagación de las relaciones entre intelectuales y gobierno y una demanda, pionera en el mundo intelectual, por la democratización política.

Vueltatambién amplió el radio de la conversación: la red de afinidades y contactos que construyó con artistas y pensadores de todo el mundo, así como la proyección que alcanzó, no tiene paralelo en la historia de las publicaciones hispanoamericanas contemporáneas. El prestigio y el abanico de relaciones que Paz había construido en su largo periplo europeo y asiático, así como los contactos de otros miembros de la revista, le brindaron un colorido cosmopolita e interdisciplinario, pues al coloquio no solo eran convocados artistas, sino filósofos, historiadores, antropólogos y científicos. En particular, Vuelta convocó a una pléyade internacional del liberalismo y el socialismo democrático.

Vueltafue una revista de ideas que, sin embargo no desdeñó el combate y su historia polémica (en la que descollaron Paz, Zaid y Krauze) muestra una radiografía de la polarización, pero también una pedagogía de ese debate extensivo que abarcaba desde la noción de la cultura y la literatura hasta las posturas ante coyunturas específicas, como los conflictos centroamericanos. Vuelta orientó su interlocución polémica a las distintas izquierdas (a las que a veces simplificó); por su parte, la revista fue objeto de reducciones y estereotipos enquistados (“instrumento de la derecha y de la televisión”, “ala del neoconservadurismo norteamericano”, “reducto de ultramontanismo moral”). De cualquier manera, en retrospectiva y más allá de las eventuales destemplanzas, en los fuegos cruzados que sostuvo con otras publicaciones, principalmente Nexos, se pueden encontrar discusiones ejemplares y es factible reconstruir un mapa y una cronología de los principales acontecimientos que marcaron las décadas recientes. Los pronunciamientos ante estos dilemas históricos constituyen un referente indispensable, pues las prácticas políticas y culturales hoy legitimadas por el conjunto de la república de las letras sufrieron un tortuoso proceso de definiciones.

Suele decirse que una revista cultural es un libro escrito a varias manos, una construcción colectiva que responde a valores, pasiones y coyunturas históricas concretas. Con Vuelta se replanteó el diálogo entre cultura y política y, en un momento en que ya tendían a ser desplazados de la arena pública por los expertos en ciencias sociales, los escritores consolidaron una tribuna periódica para hacer crítica y demostrar que la especialización excluyente desarticula la unidad de la cultura, extirpa el conocimiento del ámbito ciudadano, enrarece el lenguaje común y desdeña la conversación. Vuelta buscó restaurar esa conversación entre diversas expresiones artísticas, disciplinas del saber y valores morales y políticos y, así, devolver al lector la capacidad de opinión y albedrío en temas fundamentales. A la distancia, y gracias a recuentos como este libro, la calidad de la conversación que estimuló Vuelta es patente en los autores que convocó, en los entusiasmos, animadversiones, dudas o vocaciones que despertó, y en los debates que suscitó, dentro y fuera de sus páginas. ~