Ciudad sobre ciudad, de Eugenio Trías | Letras Libres
artículo no publicado

Ciudad sobre ciudad, de Eugenio Trías

¿Una filosofía para el presente?Eugenio Trías, Ciudad sobre ciudad. Arte, religión y ética en el cambio de milenio, Destino, Barcelona, 2001, 320 pp.Hasta la aparición de este libro, la obra filosófica de Eugenio Trías ha sido un work in progress. La definición es del propio autor y no se trata, en absoluto, de un retórico acto de modestia. La idea nuclear de su pensamiento —la concepción del ser como ser del límite— ha ido forjándose lentamente, sometida a constantes reelaboraciones y puesta a prueba, con ánimo experimental, en distintos ámbitos filosóficos. Es probable que esta circunstancia haya dificultado más de lo debido la recepción de su filosofía. Otras dificultades (la poca relevancia internacional de la producción filosófica en español o la compulsión a la mimesis de buena parte del mundo académico hispánico) son exógenas a su pensamiento. Eugenio Trías es hoy, en efecto, un autor mucho más reconocido (como "ensayista" o como "pensador") que conocido como filósofo, es decir, como artífice de una propuesta intelectual profunda, ambiciosa y empeñada en satisfacer la famosa definición hegeliana de filosofía: aprehender el propio tiempo en pensamientos.
     Con Ciudad sobre ciudad, la suerte de la Filosofía del Límite está echada: nos hallamos ante la formulación completa de ella. Trías define el intento como una "insólita fundación a posteriori" de su pensamiento. Se trata, en efecto, de una fundación, la de la "ciudad fronteriza", una metáfora que, quizá pudorosamente, quiere significar "sistema". Sólo a partir de este libro cabe hablar de la filosofía de Eugenio Trías como un todo cuyas partes se hallan en íntima trabazón recíproca. Las partes son los cuatro "barrios" de la ciudad: la ontología (cuyo despliegue ha tenido lugar, sobre todo, en La razón fronteriza, 1999), la filosofía de la religión (objeto de La edad del espíritu, 1994), la estética (cuya fundamentación desde la idea —aún incipente— de límite se abordó en Lógica del límite, 1991) y la ética (cuyo desarrollo, con vías abiertas hacia la articulación de un nuevo proyecto cívico-político de comunidad, se produjo en Ética y condición humana, 2000). El todo se muestra en la remisión de la diferencia de sus partes a la unidad del "triángulo ontológico" compuesto por el "ser del límite", la "razón fronteriza" y el "suplemento simbólico". La Filosofía del Límite aparece, así, pertrechada para una tarea que, por hercúlea, fue formulada a modo de desideratum en La edad del espíritu: secularizar definitivamente la razón moderna y abrirla críticamente a la experiencia del límite.
     De hecho, la novedad que este libro aporta al pensamiento de Trías no radica sólo en sus aspectos "fundacionales" o arquitectónicos. También reside en la audacia de las propuestas que se derivan de esta transformación de su filosofía en sistema. En los inicios de su actividad filosófica, el autor perseguía un proyecto que, partiendo de la crisis de la modernidad, buscaba el modo de recuperar críticamente su herencia. El hallazgo de la idea de límite (Los límites del mundo, 1985) supuso un giro decisivo en este proyecto inicial: antes que recuperar una herencia difícil, se trataba de orientar el pensamiento mismo hacia la constitución de una ontología inédita para, luego, edificar sobre ella una nueva filosofía. Puede decirse que este proceso ha culminado en Ciudad sobre ciudad, de modo que el autor se halla en condiciones de acometer la parte "positiva" o "constructiva" de su proyecto filosófico. Así, se anticipa el concepto de un nuevo humanismo determinado por la condición "limítrofe" del ser humano y provisto de otra razón: "propongo una razón secularizada y una simbolización (artística y religiosa) marcada por la ilustración, avisada respecto a sus propios límites, bien advertida por efectos de su distanciamiento crítico" (p.82).
     También se trazan las líneas maestras de un nueva teoría estética y una nueva praxis artística: el arte nuevo ha de ser necesariamente ético. El arte "propicia, a través de una reflexión interna, radicada en la propia obra, una apertura distanciada pero efectiva de reflexión (ética) en el receptor. [...] Todo gran arte patentiza dicha promesa a través de recursos simbólicos en los cuales 'lo ético' parece resonar". (p. 253)
     O bien, a partir del hallazgo analítico de los "tres mundos" ideológicos (el "casino global", el "santuario local" y el "individualismo de la desesperación"), se perfila la idea de una comunidad humana global donde el momento "universal" sea la común condición limítrofe; el momento "particular", la reconciliación con el ámbito de lo simbólico propio (es decir, con la propia comunidad cultural en tanto relato portador de sentido); y el momento "singular", la tarea, personal e intransferible, de armonizar libremente la propia condición limítrofe con la pluralidad de comunidades simbólicas (p. 279). Incluso se contiene, en la séptima parte del libro, el germen de una (posible) teología merced a la humanización (en clave limítrofe) del tiempo propio de la divinidad, el instante o kairós.
     Parece evidente que, a partir de este libro fundacional, la Filosofía del Límite habrá de ser juzgada de otro modo. Hasta el presente, el juicio podía y debía referirse a los logros parciales de la idea de límite. Ahora se trata de decidir (y es esta una decisión que corresponde a los lectores, en calidad de coetáneos) si la Filosofía del Límite es el adecuado instrumento conceptual que, a voces, reclama nuestra época para entenderse a sí misma. -