Cambios de piel | Letras Libres
artículo no publicado

Cambios de piel

Rodrigo Rey Rosa

1986. Cuentos completos

Madrid, Alfaguara, 2014, 496 pp.

¿A qué denominamos “autor”? La pregunta es inevitable ante una “obra completa”, puesto que la completud que se le atribuye y la noción de “obra” solo se sostienen si se define al autor como una especie de invariante que otorga sentido (o un sentido supletorio) a un conjunto de textos: que esa invariante no existe, y que, por consiguiente, no es posible hablar de “obra” (y menos aún de “obra completa”) es puesto de manifiesto una vez más por estos cuentos del escritor Rodrigo Rey Rosa (ciudad de Guatemala, 1958).

Además de algunos no publicados previamente en libro, 1986 reúne relatos procedentes de todos los libros de Rey Rosa: El cuchillo del mendigo (1985), El agua quieta (1989), Cárcel de árboles (1991), Lo que soñó Sebastián (1994), Ningún lugar sagrado (1998) y Otro zoo (2005). Los primeros tres presentan a un autor cuya admiración por Jorge Luis Borges lo convierte en un epígono. En la mayor parte de los cuentos de El cuchillo del mendigo, El agua quieta y Cárcel de árboles aparecen las que podríamos denominar las obsesiones borgeanas: la ceguera, los tigres, el sueño, los espejos, los nombres de Dios, su revelación, el doble, el infinito, la venganza, etcétera. El “primer” Rey Rosa se vale en ellos de una economía de recursos y un uso de la elipsis que benefician a sus cuentos; los perjudican, en cambio, cierto deseo de exotismo, cierta atmósfera deliberadamente onírica, cierto afán de trascendencia y (lo que es más importante) el recuerdo de los que los inspiraron, como “Las ruinas circulares”, “El Aleph”, “La forma de la espada”, “El sur” y otros.

Lo que soñó Sebastián y Ningún lugar sagrado no abandonan por completo las inquietudes metafísicas de los cuentos del “primer” Rey Rosa, pero las someten a una actualización que el lector agradece. El “segundo” Rey Rosa es, de lejos, el mejor: un autor maduro y en posesión de una serie de recursos que utiliza con precaución, de forma minimalista. A este Rey Rosa es a quien se refieren buena parte de los textos de apoyo de esta edición, en los que se destacan su “máxima economía de estilo” (Edgardo Dobry), su carácter “contenido, parco, intrigante” (Raphaëlle Rérolle), “despojado hasta el máximo” (Pere Gimferrer), “parco, delicado y rotundo” (Javier Rodríguez Marcos). No es accesorio que algunos de los mejores cuentos del libro se encuentren en esta etapa: “La peor parte”, “Cabaña” y “Hasta cierto punto”.

El “tercer” Rey Rosa (en Otro zoo y en los relatos inéditos en libro) es el más actual y se caracteriza por el exceso descriptivo y por cierto amaneramiento, por ejemplo en los diálogos implausibles entre padre e hija de “Otro zoo”, “Gracia” y “El hijo de Ash”. Los cuentos de este periodo refuerzan tres constantes de la producción de Rodrigo Rey Rosa: un cierto carácter experimental (en los cuentos “Entrevista en Ronda” y “Desventajas de la santidad”, que participan del subgénero de la entrevista imaginaria), su interés por las relaciones de poder y una aproximación al presente, en particular al presente centroamericano, especialmente productiva allí donde se trabaja con materiales reales; en ese sentido, es posible que “1986” y “Gorevent” (basados respectivamente en una historia contada por su protagonista al escritor y en una noticia de prensa, como algunos de los que aparecen en Ningún lugar sagrado) sean los mejores cuentos del volumen.

1986 (que su autor dice entregar a la imprenta con “resignación” y “hartas reservas”) no está a la altura de las novelas de Rodrigo Rey Rosa, en especial El material humano y Los sordos (2009 y 2012 respectivamente), pero tiene el mérito de echar por tierra la ficción confortable de la invariante que denominamos “autor”. Que Rodrigo Rey Rosa haya mudado de piel varias veces y siga haciéndolo es la buena noticia que traen estos cuentos, a cuyo lector el escritor guatemalteco pide (con enorme acierto) “indulgencia”. Los seguirá un volumen recopilatorio de sus novelas. ~