Ángeles menores, de Antoine Volodine | Letras Libres
artículo no publicado

Ángeles menores, de Antoine Volodine

 

Antoine Volodine (Chalon-sur-Saône, 1950) es prácticamente un desconocido en España. Sin embargo, en Francia se le considera un autor singular avalado por dieciséis novelas publicadas desde 1985. Sus cuatro primeras obras (Biographie comparée de Jorian Murgrave, Un Navire de nulle part, Rituel du mépris y Des enfers fabuleux) fueron editadas en la colección Présence du Futur de las ediciones Denoël, especializada en ciencia ficción. No obstante, ese encasillamiento le resultaba incómodo a Volodine, incluso tras haber recibido en 1987 el Grand Prix de la Science-Fiction Française. A partir de su quinta novela (Lisbonne, dernier marge, Minuit, 1990), la crítica considerará que la continuidad y las constantes (temáticas y formales) que caracterizan su obra –visión alucinada o sonámbula de un mundo que se pudre paulatinamente– desbordaban los límites de las distopías clásicas. Grosso modo, los elementos con que Volodine construye sus relatos, como si fuese la puesta en escena en distintos planos de un teatro barroco, serían los siguientes:

Fragmentación de la trama en secuencias, pecios de un naufragio vivencial, aparentemente inconexas, pero que, a la postre, cierran un círculo o conforman una suerte de banda de Moebius.

Personajes que comparten más de una obra (Breughel, Yasar Dondog, Izmaïl Dawkes, Gina Longfellow….)

Inclusión de entrevistas ficticias o apuntes ensayísticos que derivan el tema a otros ámbitos o niveles paralelos.

Intervención de escritores (a modo de heterónimos de Volodine. Atención: Volodine también es un pseudónimo) cuyas narraciones se imbrican, al igual que una matrioska rusa, unas con otras.

Desarrollo de la acción en espacios cerrados, carcelarios o suburbios degradados. Ecosistemas contaminados, yermos o selvatizados por una flora proliferante.

Tiempo anacrónico (un presente indiscernible de un futuro catastrófico) bajo un sistema pos-totalitario en decadencia.

Reversibilidad entre lo real y lo onírico, la vida y la muerte, el represor y el reprimido. Confusión en la identidad de los personajes –cuyos significativos nombres poseen una sonoridad poética– así como en las voces que dan cuenta del relato.

Volodine ha definido su proyecto narrativo como literatura post-exótica. En Le Post-exotisme en dix leçons, leçon onze (Gallimard, 1997), señalará las líneas maestras de ese empeño que no pretende convertirse en un nuevo movimiento literario ni en un estilo específico. El término post-exotismo, nacido como una boutade en una entrevista para evitar Volodine particularizar sobre su obra, fue adoptado como mera referencia, una “marca de origen” que alude a una escritura disidente, refractaria, puesta a parte (de la centralidad literaria), velada, extranjera, ajena al mercado y obsesionada en su propio desarrollo narrativo. Una escritura que inquiere sobre la condición humana (sus filiaciones y sociabilidades, sus emociones, su intestina parte maldita…) y su funesto devenir (autodestrucción de la especie); escritura que relaciona ficción y crisis de la política de izquierdas (anhelo y, a la vez, frustración por una revolución –liberadora, fraternal e igualitaria– que pudo haber sido y no fue; puesto que, paradójicamente, llevaba en su germen el fracaso); escritura cuya compleja arquitectura narrativa y potente fabulación estimula la actividad reflexiva del lector.

Ángeles menores, libro galardonado con el Prix du Libre Inter en 2002, son los primeros relatos de Antoine Volodine traducidos al español. La trama de la novela se despliega en 49 narraciones breves. Esos capítulos, en principio sin relación entre sí, irán componiendo una extraña historia que acontece en un futuro indeterminado en el que la humanidad se halla en la fase final de su crepúsculo. Sólo algunas zonas están pobladas, pero viven en la precariedad y no logran organizarse socialmente ni tener descendencia. Para solventar esa infertilidad, se están realizando pruebas experimentales en un asilo carcelario, llamado Trigo Moteado, donde están recluidas unas ancianas inmortales; quienes, mediante ritos chamánicos, hacen nacer de un bulto de trapos a Will Scheidmann. Este ser que surge mágicamente de la nada, supone la esperanza de sus genitrices para que regenere la agónica revolución igualitaria que en tiempos remotos se implantó en el mundo. Sin embargo, Will Scheidmann favorecerá la resurrección del capitalismo y sus mecanismos de injusticia y desigualdad, pensando que eso supondría un revulsivo para retornar a la pureza revolucionaria. Las ancianas inmortales le juzgarán por traición, condenándole a morir fusilado. Después de muchos intentos fallidos de ejecución, finalmente, sustituyen la condena a muerte por la de narrar a diario fragmentos de las vidas de las ancianas para que éstas no pierdan su memoria.

Ángeles menores será el conjunto de narratos de un determinado día. Aunque se supone que el orador es Will Scheidman, su voz se confunde con otros personajes (los sueños de María Clementi o el texto de un manuscrito del novelista suicidado Fred Zenfl). En algunas ocasiones tenemos la sensación que el relato corresponde a alguien que ya ha muerto y, al igual que la luz que nos llega de una estrella extinta, oímos el eco de sus agónicos y postreros murmullos. La aleatoriedad de identidades, la distorsión de las voces y las constantes trasgresiones de la dimensión temporal, contribuye al ambiente onírico que atraviesa la novela.

El tono de Ángeles menores, en sintonía con la mayoría de las obras de Volodine, es sórdido, ambiguo, disgresivo y lábil. Su sarcasmo del desastre trasmite dolor, malestar e incertidumbre. La lógica y la razón son tan espectrales como sus personajes; todos ellos (atormentados, untermenshs, mutantes, minusválidos…) buscando, en la alteridad de los otros, salvaguardar los restos menguantes de su propia humanidad. La advertencia que figura en el dintel de la puerta del infierno en La Divina Comedia de Dante se podría aplicar a aquellos que intenten penetrar en la obra de Volodine: “Voi che intrate, lasciate ogni esperanza”. ~