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artículo no publicado

Leer te da sueño

Entre la mitología de la lectura, el sueño no es algo que se enaltezca de la misma manera que otro tipo de actitudes que se supone que tienen los lectores cuando se les concibe como público.

Es normal encontrarse con suposiciones con respecto a por qué la gente no lee que suenan más o menos así: “a la gente le da miedo la literatura”, “los libros imponen”, “la manera en que se habla de literatura es tan solemne que a la gente no le interesa acercarse a ese mundo”. O cosas más “científicas” del tipo:

 

Pero si nos guiamos por la más reciente Encuesta Nacional sobre Consumo Digital y Lectura, las personas que declaran no tener gusto por la lectura también ofrecen dos razones relevantes por las que no leen:

En primer lugar, la respuesta más popular es “no sé”. Suponiendo que esto sea cierto, la mayor parte de los no lectores jamás se han puesto a pensar en esto.

Hay otra razón, sin embargo, que se presenta de manera mucho más precisa: a la gente no le gusta leer porque leer da sueño.

Entre la mitología de la lectura, el sueño no es algo que se enaltezca de la misma manera que otro tipo de actitudes que se supone que tienen los lectores cuando se les concibe como público: se habla de que los lectores se movilizan, viajan, imaginan, se rebelan, aprenden, disfrutan, contagian, enseñan, pero nunca duermen. Se permite soñar, pero no dormir.

Incluso la idea de leer y disfrutar de la lectura se describen como una actitud en contra del sueño y a favor de la vigilia: allí está, por ejemplo, García Márquez cuando narra la impresión que tuvo una noche al empezar a leer La metamorfosis de Kafka y cómo no pudo dejar de leer hasta que lo acabó, varias horas después de madrugada.

Los horarios de la literatura, gracias a la herencia romántica que todavía no nos podemos sacudir, son nocturnos, lo que tiene sentido si concebimos lo literario como algo opuesto a lo productivo: leer se presenta como una actividad rebelde, que prefiere desperdiciar ese momento que otros usan para descansar, luego de otra larga jornada de explotación y burocracias.

Hay, sin embargo, un grupo de personas que en la lectura no encuentran más que lo opuesto: aburrimiento y somnolencia. Ahora, para poner esto en perspectiva, parece que la cantidad de lectores (o de gente que declara gusto por la lectura) es significativamente mayor a la que no lee: ocho de cada diez personas. Y una pregunta interesante que no se hizo podría ser: ¿por qué te gusta leer? Esa respuesta sería de gran ayuda para planear esas cosas llamadas campañas de promoción a la lectura.

Si es verdad que, como dice la encuesta, se lee más por gusto que por obligación, quizá sea hora de cambiar también los prejuicios que explican insuficientemente las razones para no leer.