Leed, leed | Letras Libres
artículo no publicado

Leed, leed

(O AL MENOS COMPRAD LIBROS)

Desde septiembre de 2003, Nick Hornby escribe una columna en la revista estadounidense Believer. En ella habla, informalmente, de los libros que ha leído durante el mes (sí, es el sueño de todo lector: que le paguen por comentar sus lecturas sin tener que adoptar el ceño fruncido de un reseñista de verdad). Ahora que leo estas columnas reunidas en un libro, sin embargo, me doy cuenta de otra cosa: juntas, son más un ejercicio autobiográfico que crítico. Me explico. Hornby cuenta que lee libros sobre futbol porque es hincha del Arsenal desde pequeño, que lee libros sobre niños autistas porque su hijo lo es, que ya no lee tanto como antes porque no tiene la necesidad de escribir montones de notas en los periódicos para llegar a fin de mes, que le gusta sobre todo la novela contemporánea y que se aburre con la mayor parte de los clásicos, que acumula los libros que quiere leer ya en su mesita de noche y los que no sabe cuándo leerá en la estantería de la salita, que a veces trata de leer después de cenar pero que siempre acaba encendiendo el televisor y que –y esto es muy importante– compra muchísimos más libros de los que puede leer.

En ese sentido, es perspicaz el comentario que hace a la lectura de So many booksLos demasiados libros, de Gabriel Zaid, el único libro en lengua española que lee en dos años junto a Soldados de Salamina.

“En So many books –dice Hornby–, Gabriel Zaid lidia con la cuestión que aparece constantemente en esta columna: ¿por qué diablos tomarse la molestia [de leer]? ¿Por qué molestarse en leer a esos cabrones y por qué molestarse en escribirlos? […] El mejor momento de Zaid, sin embargo, está en el segundo párrafo, cuando dice que [traduzco de la versión inglesa]: 'las personas verdaderamente cultas son capaces de tener miles de libros sin leer sin perder la compostura ni el deseo de tener más'. ¡Ese soy yo –prosigue Hornby– ¡Y probablemente tú! ¡Miles de libros sin leer! ¡Verdaderamente culto! […] Y de repente tengo una epifanía: todos los libros que tenemos, los que hemos leído y los que no hemos leído, son la más plena expresión de nuestro yo. Mi música también soy yo, por supuesto […] Pero a cada año que pasa, y con cada compra caprichosa [de libros], nuestras bibliotecas son más capaces de explicar quién somos, hayamos leído los libros o no.”

- Ramón González Férriz