Lectura y sexismo | Letras Libres
artículo no publicado

Lectura y sexismo

Sobre los hábitos sexistas en la lectura.

Da bastante pena estar tomando café y encontrarse textos como éste, en que el autor califica de idiota y absurda la iniciativa #readwomen2014, propuesta por la escritora e ilustradora Joanna Walsh, que llama la atención sobre prácticas lectoras sexistas en el mundo anglófono. Walsh no se está inventando nada: su información está basada en el censo anual de la organización Vida: Women in Literary Arts, que comprueba que en los principales suplementos y revistas culturales, el número de mujeres reseñistas y reseñadas es inferior –en algunos casos la diferencia es bastante marcada– al de la presencia masculina.

Qué pereza leer y escuchar, además, lo de siempre: que proponer la lectura de mujeres es también discriminación; que no, que no es cierto que  las mujeres sean discriminadas en la industria editorial, que eso lo demuestra la abundante cantidad de editoras y funcionarias culturales; que hay que leer mujeres no porque son mujeres sino porque son grandes escritoras; que allí están sor Juana y Elena Garro y Silvina Ocampo y Alejandra Pizarnik y Angélica Gorodischer y Alice Munro y Virginia Woolf y Sylvia Plath y Flannery O´Connor y un largo etcétera que comprueba que a las mujeres escritoras nadie tiene que hacerles ningún favor.

Como si el sólo hecho de nombrar a cualquiera de ellas comprobara alguna otra cosa más que su existencia, como si escribir el nombre de Josefina Vicens o de Nellie Campobello asegurara que sus libros circulan y se leen. Como si el sexismo y la misoginia fueran ejercicio exclusivo de los hombres. Como si evidenciar que leemos más a hombres que a mujeres, que hay más críticos que críticas, más reseñados que reseñadas, atentara contra la masculinidad jodida del macho que desde su posición de poder suelta dos o tres sarcasmos mal cosidos, además del comentario condescendiente sobre lo que “hay que leer”, cuando en realidad nadie tiene por qué leer nada nunca.

Y la pregunta es: ¿pasa lo mismo con la literatura en español? 

Por supuesto que un censo de publicaciones culturales ayudaría a conocer el estado de las cosas, pero basta con acercarse un poco al mundo literario –en este caso, a algunos reconocimientos del escenario hispanohablante– para encontrar patrones:

Premio Internacional Alfonso Reyes: 3 mujeres premiadas en 37 entregas.

Premio Herralde de Novela: 2 mujeres premiadas en 32 entregas.

Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances (o como se llame ahora): 3 mujeres premiadas en 23 entregas. 

Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos: 2 mujeres premiadas en 18 entregas.

Premio Alfaguara de Novela: 4 mujeres premiadas en 24 entregas.

Premio Nacional de Ciencia y Artes del Gobierno de México (Categoría Lingüística y Literatura): 5  mujeres premiadas en 63 entregas.

Premio Nacional de Poesía Aguascalientes: 7 mujeres premiadas en 46 entregas. 

Aunque la selección de ejemplos responde más al capricho que al método, no parece haber duda sobre la desproporción. Habría que ver lo que sucede con los premios en donde la plica sí se abre después de haber elegido un ganador. Habría que incluir publicaciones de libros y no sólo revistas, para comenzar a entender las relaciones entre discriminación, autocensura y acceso de las mujeres a los medios impresos. Tampoco estaría mal preguntarnos por qué parece normal que uno de los escritores jóvenes más leído y celebrado en este país declare que las mujeres, por el simple hecho de serlo, leen todas igual o entienden lo mismo y por qué eso pasa por ingenioso o divertido.

¿O es que las escritoras simplemente no escriben bien y por eso no ganan premios? De nuevo: los números de tres o cuatro premios no significan nada, pero no estaría mal que, en lugar de censurar campañas, obviemos su proselitismo y reflexionemos sobre cómo la misoginia, el machismo y el clasismo típicos de la sociedad mexicana dirigen muchas de nuestras prácticas artísticas y culturales.