Latinoamérica: un optimismo cauteloso | Letras Libres
artículo no publicado

Latinoamérica: un optimismo cauteloso

El periodista británico Michael Reid lleva años siguiendo de cerca la evolución de América Latina. Desde 1992 se encuentra al mando de la sección americana de la revista The Economist, pero ya diez años antes había empezado a informar acerca de la región para distintos medios ingleses como la bbc y el Guardian. Fruto de esa experiencia, Reid ha escrito un inteligente y profundo análisis, El continente olvidado. La lucha por el alma de América Latina (Belacqva), en el que no sólo desmenuza y confronta las diferentes razones del persistente fracaso de los países de la región a la hora de conseguir niveles óptimos de desarrollo, sino que se muestra optimista y señala también el abanico de razones por las que muchos de esos países se hallan –o hallaban hasta el estallido de la crisis global– en una situación nunca antes vista a lo largo de su historia para, si realizan las reformas adecuadas, alcanzar finalmente la estabilidad y desarrollo que les han sido esquivos. Sobre todo eso hablamos con el autor.

 

 

Cuando señala el propósito de su libro, habla de la combinación de libertad, seguridad, eficacia gubernamental, prestaciones sociales y capitalismo generador de empleo, que pese a haber sido esquiva a los países latinoamericanos a lo largo de su historia, se hallaba mucho más a su alcance que en cualquier otro momento. ¿Cómo se ha visto afectada esa visión optimista por la recesión mundial?

Lo que argumento en el libro es que la combinación de democracia, estabilidad financiera y económica con inflación baja había empezado a crear las condiciones para que muchos países de América Latina empezaran a aprovecharse de la globalización. Se dieron unos cinco años dorados, desde mediados de 2003 a mediados de 2008, con un crecimiento promedio de 5,5 %, con muchas consecuencias positivas en términos de una reducción significativa de la pobreza, e incluso en algunos países empezó a verse una reducción de la desigualdad de los ingresos y el surgimiento de una nueva clase media baja. Efectivamente, la recesión pone en peligro algunos de estos avances, pero diría un par de cosas: primero, a diferencia de las recesiones del pasado que se han dado en América Latina en los últimos treinta años, ésta viene de afuera, no viene de adentro, y no está siendo magnificada por desequilibrios internos. Hasta ahora los sistemas financieros de la región se han mostrado bastante sólidos y no existe una crisis de confianza en las monedas, como ha ocurrido tantas otras veces. Segundo, por primera vez, los gobiernos, o la mayoría de ellos, tienen la posibilidad de actuar de forma contracíclica, en lugar de profundizar la recesión con recortes en el gasto público, han podido mantenerlo o incrementarlo con programas modestos de estímulo, además de poder cortar las tasas de interés. Dicho esto, todo depende de cuán larga y cuán profunda sea esta recesión: será eso lo que determine el verdadero riesgo para esa estabilidad que se había logrado con tanto esfuerzo.

 

Pareciera que los gobiernos de centro, que en teoría avanzaban en la dirección adecuada económicamente, como Chile, Perú o Brasil, están siendo reforzados, en lo que a popularidad respecta, por esta crisis...

Pareciera que sí, pero creo que todavía es difícil saber qué consecuencias políticas traerá la actual situación económica. Pero sí, en principio esos gobiernos están saliendo bien parados, incluso Calderón en México sigue siendo bastante popular. La popularidad de Lula ha bajado un poco, pero ha bajado de un nivel estratosférico a un nivel terrenal. Como decíamos antes, también el impacto político dependerá de la duración y severidad de la recesión en los distintos países, y también de la efectividad de sus gobiernos a la hora de minimizar los impactos sociales de la crisis. Salvo que ésta se agrave mucho más, yo no creo que vaya a haber cambios radicales en política económica en los distintos países de la región. En parte porque los países con gobiernos radicales como Venezuela están siendo fuertemente afectados, y cuentan con menos margen de maniobra. Hay varios factores que influyen en la intensidad con que la recesión afecta a cada país: por un lado, los vínculos económicos con Estados Unidos, que son enormes en el caso de México, Centroamérica y el Caribe, sobre todo México, que está siendo muy afectado debido a la integración de su industria con la industria estadounidense, además de la reducción de remesas, que también afectan a los países centroamericanos, igual que el turismo. Por otro lado, la intensidad del impacto depende de la credibilidad de las políticas económicas, y eso afecta a países como Venezuela, Argentina y Ecuador.

 

¿Qué rumbo cree que tome el proyecto chavista con los distintos ajustes que está debiendo hacer debido a la coyuntura actual?

El precio del petróleo ha caído bastante, pero sigue siendo relativamente alto en términos históricos, se halla a sus niveles de 2005. Aún así, es evidente que Venezuela se enfrenta a muchas dificultades, es el único país de entre los grandes de América Latina que ha tenido que anunciar un recorte importante en el gasto público este año, y uno ve en algunas de las medidas últimas, como la expropiación de empresas que brindan servicios a la industria petrolera, la muestra de que PDVSA, la empresa estatal de petróleos, tiene falta de liquidez. En el libro digo que el día en que el precio del petróleo caiga significativamente, la resaca después de la fiesta va a ser fuerte, lamentablemente. Y pienso que empezamos a ver ese escenario, aunque hay un cierto colchón. Chávez ha demostrado ser alguien a quien no le importa descapitalizar el país para enfrentar problemas de coyuntura. Tiene también una capacidad de endeudamiento interno con los bancos venezolanos. Irónicamente, Chávez está apostando por una recuperación del capitalismo en el mundo, con la consecuente subida del petróleo, hacia finales del año, para así poder enfrentar con mayor tranquilidad el año que viene. Si eso no se da, yo pienso que Chávez tendrá serios problemas, probablemente tendrá que devaluar la moneda, con lo que aparece el riesgo de entrar en un círculo vicioso de devaluación-inflación-pobreza. En el plano político, hemos podido ver en las últimas semanas que está endureciendo las medidas contra la oposición, cabe suponer porque presiente un periodo difícil, en el que el rechazo popular hacía él mismo crecerá. Vamos a ver en qué termina eso, pero es una tendencia bastante preocupante.

 

¿Cree que así como hay un hostigamiento interno, Chávez abrirá el frente exterior, como ha ocurrido recientemente con el gobierno peruano debido a la concesión de asilo a uno de sus principales opositores?

No lo sé. Evidentemente Chávez es ahora mismo una figura disminuida en la región, no cuenta con la chequera que tenía antes para comprar influencia, pese a que conserva su red de alianzas. Como mencionaba antes, Obama es un enemigo mucho más difícil y sutil de lo que fue Bush; y se ha notado un acercamiento pragmático entre Chávez y Uribe últimamente. Ocurre que estos enfrentamientos con los vecinos no son bien vistos, en general, por los venezolanos. Pueden servir a corto plazo, en coyunturas electorales, creando un sentimiento de unidad nacional, pero me parece que, por lo general, a la gente en Venezuela no le gustan esos líos.

 

Me gustaría conocer su opinión acerca de esta nueva forma de gobernar que Evo Morales parece haber descubierto, que implica estar constantemente en campaña, constantemente en disputa con la oposición y, paradójicamente, con las instituciones.

Bolivia es un caso extremadamente complejo. A diferencia de lo que ocurre en Venezuela, es evidente que Evo representa una reivindicación histórica étnica. Por más que él es culturalmente un mestizo y no habla aimara correctamente, ha logrado encarnar las reivindicaciones de la población indígena, cuya exclusión no es tan exagerada como algunos pretenden pero que sí ha sufrido una discriminación estructural. Pero la forma de hacer política de Evo, al igual que Chávez o Correa, pasa por la movilización y polarización constante. Ahora, desde mi punto de vista, esa manera de hacer política tiene consecuencias negativas en el mediano plazo, porque creo que los países en la región avanzan cuando logran construir consensos para mejorar instituciones, lo que es imposible en ese escenario de polarización.

 

Fuera de esa confrontación y de lucha interna, ¿qué políticas reales ha implementado Morales para insertar a Bolivia en el mercado latinoamericano y global?

Lo que ocurre en Bolivia es una vuelta a un estatismo, todavía moderado comparado con Venezuela, por ejemplo. Y el camino, tantas veces transitado, de un nacionalismo basado en los recursos naturales. La estatización parcial del gas natural, por ejemplo, en el corto plazo rindió ingresos fiscales importantes que el gobierno ha usado y que ha traído como consecuencia que, en efecto, haya y se vea más dinero en Bolivia, según todos los informes. Dinero que se ha utilizado en construir caminos rurales, salud, educación, etc. La pregunta pasa por la sostenibilidad de ese modelo de desarrollo, porque no está habiendo una inversión significativa en el sector del gas, además de que ya hay evidencia de corrupción en la empresa estatal. Lastimosamente, se está repitiendo la historia de Bolivia, ésta es la tercera vez que se nacionaliza la industria de hidrocarburos, y me temo que la oportunidad histórica de aprovechamiento de este recurso natural se está volviendo a perder. Brasil, el cliente natural para el gas, a partir de la nacionalización empezó a buscar colocar el grueso de su inversión en otros lugares.

 

Brasil se ha convertido en el interlocutor más importante entre la región y el resto del mundo, sobre todo desde la llegada de Obama a la Casa Blanca. Un papel nuevo en el contexto latinoamericano para un país que históricamente se ha mantenido al margen y que ha funcionado como un continente por sí mismo...

En efecto, el otro fenómeno realmente significativo en la región ha sido el surgimiento de Brasil como poder regional indiscutible en América del Sur, aunque haya quien pretenda discutirlo aún. Esta nueva posición se basa en la adopción, después de un comienzo muy difícil y caótico para la democracia brasileña, del plan real con Fernando Henrique Cardoso a mediados de los noventa: a partir de ahí Brasil entra en este camino de reformas consensuadas, estabilización de las finanzas públicas y de la moneda, y apertura de la economía, con lo que encuentra una senda de crecimiento sostenido, lo que consigue ubicar al país como un poder a tener en cuenta en el mundo. Hay una continuidad y un consenso entre las políticas económicas y sociales de Cardoso y Lula. Hay elecciones el año que viene y el panorama para el partido de Lula se ha complicado con la enfermedad de su candidata, Dilma Rousseff. Pero si gana, por ejemplo, José Serra, alcalde de Sao Paulo y posible candidato del partido de Cardoso, pienso que habrá una continuidad en el proceso con ciertos cambios en política exterior. No tengo dudas de que Brasil va a salir de la recesión mundial relativamente más fuerte de cómo entró, porque su sistema financiero es sólido, no está agravando la recesión y Brasil es ya un país acreedor y no deudor a nivel internacional.

 

Pareciera que tanto la falta de distribución de la riqueza como la corrupción gubernamental son problemas a los que Lula no ha sabido enfrentarse.

Efectivamente, una de las reformas que falta en Brasil es la gran reforma política que Lula dijo iba a ser la prioridad en su segundo periodo y no ha podido cumplir. A mí me parece que hubiera sido importante aprovechar el rechazo público a la clase política que suscitó el escándalo del “mensalão” (trama de corrupción destapada en 2005 en el seno del Partido de los Trabajadores, donde algunos diputados cobraron mensualidades –de ahí el nombre– por votar a favor de proyectos de especial interés para el Ejecutivo) para plantear esa reforma, cosa que Lula no hizo. Lograr mayorías para cambios estructurales en el congreso brasileño es complicado, dado que existe una proliferación exagerada de partidos. Los presidentes saben que es problemático tratar una reforma política en el Congreso, razón que los lleva a evitar enfrentarse a ella. No hay que olvidar que Brasil es un país de carácter federal con una dimensión continental, por lo que tiene una evolución más paulatina que algunos países de habla hispana en América Latina. Me parece que el punto de fondo aquí es que ese proceso de reformas consensuadas y continuidad política es mucho más sólido que el brillo pasajero de reformas dictadas desde arriba por un Fujimori o un Menem.

 

Los Kirchner siguen ahí, a pesar de que Argentina sigue en declive...

En el corto plazo me parece que el momento decisivo va a ser la elección legislativa de este año. El hecho de que los Kirchner hayan adelantado las elecciones tres meses, en contra de lo anunciado anteriormente, y que el propio Néstor Kirchner esté encabezando la lista en la provincia de Buenos Aires y sus intentos por presionar a gobernadores y alcaldes para que sean candidatos “testimoniales”, todo esto muestra el grado de dificultad al que se enfrenta el gobierno. Ahora, la gran ventaja que tienen es que no existe una oposición articulada y coherente. Hay dos grupos de oposición: uno alrededor de los restos del Partido Radical, y otro alrededor de lo que podríamos llamar la derecha peronista. Creo que la relativa estabilidad del gobierno de los Kirchner depende de si logran mantener una mayoría, aunque más débil, o si definitivamente la pierden. Si ocurre esto último, la presidenta enfrenta un final de mandato bastante complicado. Argentina es un caso patológico de declive en el último siglo y me parece que el meollo de ese declive se encuentra en que no se ha logrado que los gobiernos sean responsables ante la ciudadanía en el uso del dinero público. La clase política, los diferentes gobiernos, no gozan de la confianza de los ciudadanos.

 

¿Cree que el proyecto, llamémoslo bonapartista, de los Kirchner, en complicidad involuntaria con el resto de la clase política está terminando de minar esa confianza de los argentinos?

Es sorprendente la forma en que Cristina Fernández ha perdido la confianza de buena parte de los argentinos, porque cuando llegó a la presidencia tenía un nivel alto de popularidad, la clase política estaba esperanzada creyendo que iba a ser más pragmática, más moderada que su marido, que iba a abrirse más al mundo. Todo eso se fue al traste rápidamente con su obstinación de enfrentarse al campo. ¿Qué es lo que había detrás de ese pleito? Una necesidad de buscar los fondos para poder mantener políticas fiscales expansionistas más allá de lo razonable. Eso lleva a este enfrentamiento con el campo por el tema de los impuestos sobre las exportaciones, que el gobierno estaba desesperado por mantener. Una política que, al comienzo, podía ser legítima, dado que el campo se benefició de la devaluación en 2002, pero que se había mantenido por demasiado tiempo y se había incrementado exageradamente. Luego estuvo la medida de estatizar el sistema privado de pensiones, que en principio pudo ser una medida popular dado que había muchas críticas a la manera en que se manejaban esos fondos de pensiones. Pero si ese era el problema, había que reformarlo, nacionalizarlo no es más que una manera de buscar financiación para mantener el gasto público en unos niveles que van más allá de lo sostenible. Como decía antes, esta viene siendo la historia de Argentina en los últimos cincuenta años, la tragedia es que si los Kirchner hubieran sabido moderar sus políticas para lograr un aterrizaje suave de la economía hace unos dos o tres años, hoy en día Argentina gozaría de una mejor posición.

 

¿Cree que la falta de liquidez del gobierno de Venezuela, aliado del gobierno de los Kirchner, quienes han sido beneficiarios de su petróleo barato y otras prebendas, se va a sentir con mayor intensidad en Argentina?

Creo que la pregunta para la región en estos dos o tres años que vienen es que en la medida que la recesión golpea los ingresos fiscales y los ingresos de exportación, ¿de dónde van a sacar los fondos para mantener el gasto público y la estabilidad? Ahora, los países que han seguido políticas más creíbles, más responsables, van a poder emitir bonos todavía, aunque a un precio mayor, y algunos irán al FMI, como México y Colombia, que ya han ido. ¿Dónde pueden ir Argentina, Ecuador y Venezuela? ¿Los Kirchner van a tragarse su orgullo y acudir al FMI? China también puede ser una fuente de préstamos, pero a un nivel relativamente pequeño. Como decía antes, Venezuela puede prestarse dinero de la banca interna, pero Argentina y Ecuador no tienen esa salida.

 

Ahora que menciona China, Perú ha sido uno de los últimos países en firmar un tratado de libre comercio con China. ¿Cómo ve ese acuerdo?

Tanto en Perú como en Brasil empieza a notarse la demanda china como una suerte de colchón en este momento de recesión. La aparición de China como inversor y mercado es un dato muy importante para el Perú y otros países de la región, pero por otro lado, un acuerdo de libre comercio podría también quitar la posibilidad de defender algunos sectores industriales en Perú. Dicho esto sin conocer los detalles del acuerdo suscrito por ambos países, tendría que analizar el conjunto de las normas del tratado. Pero me preocuparía, por ejemplo, que la industria textil peruana quedase en una situación muy vulnerable.

 

¿Cómo ve el viraje de timón de Alan García y su partido?

El fondo del pozo en lo económico para el Perú fue a finales de los años ochenta, con el primer gobierno de Alan García, mientras que políticamente hablando, el fondo puede haber sido al final del régimen de Fujimori. Aun así, me parece que ha habido un proceso muy interesante en el Perú, a partir de la derrota de Sendero Luminoso y la apertura de la economía, hace unos quince años. Ha habido una senda de crecimiento económico fuerte, basada en una economía de mercado abierta al mundo y basada en una diversificación y crecimiento de las exportaciones, tras muchas décadas de estancamiento. El problema ha sido la incapacidad y debilidad del Estado para complementar ese proceso de crecimiento económico con políticas sociales más eficaces e inversión pública en infraestructura, en mejorar el sistema educativo y de salud, principalmente. Además de una incapacidad del sistema político para representar los intereses y solventar los conflictos existentes en la sociedad peruana. Y en el caso específico de Alan, hay una cierta paradoja, porque de alguna manera él encarna la historia del apra: en su primer mandato gobernó como el apra de los años treinta, revolucionario, populista y nacionalista; y en su segundo periodo gobierna como el apra de los cincuenta, moderado y capitalista.

 

Los partidos, o más bien candidatos, dado que es difícil hablar de partidos en el Perú, que se perfilan como alternativas al actual gobierno son la hija de Fujimori o incluso un posible retorno de Humala. ¿A qué peligros cree que se enfrenta el país en esa tesitura?

En mi opinión el elemento que falta en el Perú, como bien señala, son partidos y dirigentes políticos sólidos y confiables. Dicho esto, el país va a tener que gobernarse con los políticos que tiene. Mi impresión es que una mayoría, no una mayoría grande, pero sí una mayoría del país quiere proseguir en esta senda de vinculación con el mundo. Mientras que hay un sector del sur andino, no demasiado vinculado con el resto del país y por ende con el resto del mundo, que se siente rezagado y que mira este proceso de globalización con recelo, sector representado por Ollanta Humala. Pero insisto, yo creo que hay una mayoría del país que cree que hay que seguir con el proceso iniciado. Lo que no sé es qué candidato será el que logre recoger los votos de esa mayoría, mayoría que creo se verá, como ya es costumbre, en la segunda vuelta de la elección. Eso sí, como en el caso de otros países latinoamericanos, dependerá de cuán profunda sea la recesión actual.

 

Terminemos el repaso a Sudamérica hablando de Chile. El candidato de la Concertación, Eduardo Frei, se halla por detrás del candidato de la derecha, Sebastián Piñera, mientras que la presidenta Bachelet ha repuntado en las encuestas, precisamente cuando se acerca el final de su mandato.

Es muy interesante lo que ocurre en Chile. Primero, dado que la Concertación ha estado en el poder por unos diecinueve años no sería sorprendente sino más bien lo normal, lo natural, que la oposición ganase las elecciones. Creo además que, desde el punto de vista de la consolidación de la democracia chilena, sería importante que exista una alternancia en el poder y que se constate la existencia de una derecha democrática. Por otro lado, en términos puntuales, creo que al elegir a Frei, la Concertación ha elegido al único candidato con posibilidades reales de ganar a Piñera. Luego, en efecto, el gobierno de Bachelet ha subido en las encuestas, y creo que en parte porque la población se ha dado cuenta de que gracias a las políticas fiscales rigurosas de la Concertación el gobierno está en condiciones de realizar medidas de estímulo significativas. Sin embargo la conducción política de Bachelet en sus primeros años no fue demasiada efectiva y también la Concertación se muestra un tanto cansada, como suele ocurrir con formaciones políticas que detentan el poder por mucho tiempo. Queda por ver si esos factores son suficientes para que Piñera gane las elecciones.

 

¿Cómo se verá afectado México ya no sólo por la recesión sino por lo que ha supuesto ser el foco de la pandemia de la gripe A?

Sabemos que el mundo es injusto, pero es bastante injusto que México no deba sólo enfrentar la recesión más intensa de la región debido a su integración con la economía de Estados Unidos y la violencia desatada por el narcotráfico, esto último debido también en parte a su cercanía con el mercado americano además de a la debilidad histórica del Estado mexicano en temas de seguridad y administración de justicia, pero encima de todo eso, llega esta gripe que se supone que quita otro 0,3, 0,5 según el gobierno al PIB, y que ha tenido un impacto desastroso en el sector turístico. Para mí la pregunta aquí es si como consecuencia México se sacude y empieza a realizar reformas estructurales pendientes, tanto en lo que concierne al sector público como a los monopolios privados, o si el país entra en un periodo de incoherencia política y con ello la estabilidad se pone en cuestión. Creo que el resultado de las elecciones legislativas de julio va a ser importante a este respecto. Por lo que sé, en México hay cierta expectativa por la posible victoria del PRI, y que se entiende que esa victoria puede suponer la antesala a su regreso al poder en las elecciones presidenciales de 2012. Sin embargo, la naturaleza de ambas elecciones es distinta, en las legislativas lo que se pone a prueba es, sobre todo, la organización y el aparato del partido, mientras que en unas presidenciales lo que se pone a prueba es al candidato. Por lo que yo creo que esos augurios son algo prematuros. El país se enfrenta a un momento muy duro, muy difícil y complejo, y si bien el presidente Calderón está realizando algunas reformas importantes como la policial, creo que falta sentido de la urgencia, que los problemas avanzan más rápido que las soluciones.

 

Tras las fotografías y los buenos deseos expresados en la Cumbre de las Américas y luego en los cambios en la relación entre Estados Unidos y Cuba, ¿cree que ese cambio de tono se traduzca en políticas concretas, en reformas estructurales de la administración Obama para con Latinoamérica?

Me parece que va a haber algunos pequeños cambios más en la política americana respecto a Cuba, pero el levantamiento del embargo depende de que la administración imponga esa idea como argumento político dentro del partido demócrata, y no creo que vayan a dar mucha prioridad a ese debate. Creo que el principal tema latinoamericano de esta administración van a ser las relaciones con México, una prioridad impuesta por los acontecimientos, dado que los problemas de seguridad mexicanos son casi asuntos de seguridad doméstica para Estados Unidos. En otro orden de cosas, mucho depende de la capacidad de la economía americana para salir de la recesión. No hay lugar a dudas de que su poder va a verse disminuido, relativamente hablando, porque evidentemente Estados Unidos sigue siendo muy importante para el resto del continente, pero hoy en día existen otras opciones de alianzas comerciales para la región. El problema para América Latina es que muchos de los temas de mayor importancia para los diferentes países en su relación con Estados Unidos, son temas de política doméstica dentro de Estados Unidos, como es la migración, el narcotráfico, el tráfico de armas e incluso el etanol, que ahora importa mucho a Brasil. Por todo esto, yo no veo que, más allá de mejores modales y un mejor ambiente general, vaya a haber grandes cambios de fondo en las relaciones entre Estados Unidos y la región.

 

¿Cuáles cree que sean las consecuencias reales de las políticas del gobierno de Obama con respecto a Cuba?

Bueno, yo pienso que este va a ser un proceso muy lento. Por un lado, yo sospecho que a Obama le gustaría levantar el embargo, pero para eso tiene que ganar una batalla política en el Congreso que no es prioritaria para él en este momento. En segundo lugar, no hay ningún indicio de que los hermanos Castro estén deseando desmontar el comunismo en Cuba, aunque parecen querer realizar algunos ajustes en el manejo económico para conseguir hacerlo más eficiente. Va a ser un proceso de cambio muy lento hasta que Fidel muera, y ahora mismo parece que Fidel goza de mejor salud que hace un año. El tercer factor aquí es, como decíamos antes, lo que ocurra con Venezuela. Existe una dependencia mutua entre los dos países, el petróleo venezolano es muy importante para el régimen castrista, pero también los servicios de seguridad e inteligencia cubanos son muy importantes para la supervivencia de Chávez. Más allá de eso, hay un evidente cambio de actitud de Estados Unidos para con Cuba, un ambiente en el que el gobierno americano afirma no estar buscando derrocar a Castro, por el contrario, parece que la idea es crear las condiciones para que sea el propio pueblo cubano el que logre cambiar las cosas. Y eso, creo, resulta muy positivo en el mediano plazo.

 

¿Y con respecto a Europa? Sin ir más lejos, el ex presidente Felipe González hablaba hace unos días por enésima vez de la necesidad de que España sea el interlocutor europeo con Latinoamérica, una idea que no se ha visto articulada en políticas reales ¿Cree que esta Europa golpeada por la crisis y aquejada de serios problemas en su consolidación como espacio supranacional pueda plantear soluciones a América Latina?

Bueno, ese ha sido el discurso español por veinte años. Y efectivamente, España es el único país europeo que le da tanta importancia a la relación con América Latina, la inversión española ha sido importante y significativa en la región. Dicho esto, creo que el surgimiento de Brasil supone una complicación para España, porque Brasil no se siente en la necesidad de tener un hermano mayor español, todo lo contrario, Brasil no siente que necesite a España para hablar con Europa, puede hacerlo por su propio peso, por su participación en el G-20, donde Lula juega un papel más importante que Rodríguez Zapatero. En menor grado, esto también se aplica a México. España, además, siempre habla de una “política europea” para América Latina, pero termina siguiendo su propia política con cada país de la región. Aparte de esto, creo que el dato principal es que Europa está muy golpeada por la crisis, está muy vuelta hacia adentro, y mientras que hace veinte o quince años Europa era el único contrapeso a Estados Unidos en América Latina, ahora existe China, y detrás de China, la India.

 

Tras la lectura de su libro, que realiza un extenso y profundo panorama de los diversos conflictos, rémoras y dificultades históricas de los países latinoamericanos, pareciera que es inevitable hablar de Latinoamérica como laboratorio constante, incógnita perenne. ¿Cree posible que llegue el día en que hablemos de América Latina como realidades tangibles y no como apuestas a futuro?

En el libro expongo un optimismo cauteloso y el argumento central que recorre el libro es que este periodo de democracia en la región iniciado en los años ochenta, combinado con apertura y estabilidad económica, es una cosa novedosa y a la vez bastante promisoria. Pero, claro, también subrayo tres grandes problemas que persisten en la región: uno es la baja calidad de los sistemas educativos; el segundo, el crimen organizado y la inseguridad pública; y el tercero es la falta de igualdad de oportunidades. A los que sumaría un cuarto asunto, que no está en el libro y que es la cuestión ambiental, que creo está exigiendo respuestas con cada vez más urgencia dada la vulnerabilidad de la región frente al cambio climático y el papel vital de la Amazonia en detener o acelerar esto. Ahora, me parece que dado que se han superado algunos problemas del pasado, por lo menos existe el debate público acerca de estos puntos, e incluso en algunos países existen ya iniciativas para combatirlos. Es un proceso lento, pero es un proceso impostergable y vital. Pese a esto, pienso que es importante reconocer que sí ha habido progreso en los últimos veinticinco años, porque el discurso ocioso de que todo es un desastre en América Latina, que la pobreza y la desigualdad no hacen sino aumentar, para empezar, muchas veces es contrario a los hechos, y en segundo lugar es un discurso que lleva a la búsqueda de soluciones milagrosas, de dirigentes populistas y soluciones a la cubana que no son realmente soluciones. A mi me parece que el camino para la región pasa por las reformas incrementales y sostenibles, ajustes y correcciones de aquellos mecanismos que no funcionan, y la búsqueda de consensos y fortalecimiento de las instituciones democráticas. Creo que eso es lo que va a poner a la región en el camino hacia la prosperidad, y soy relativamente optimista, no en todas partes por igual, pero sí en muchos países. ~