Las voces del Quijote | Letras Libres
artículo no publicado

Las voces del Quijote

Una ambiciosa adaptación radiofónica celebra el 400 aniversario de la segunda parte de la primera novela moderna.

Javier Marías escribió que las traducciones contribuyen a que los libros conserven su actualidad: las nuevas versiones permiten que rejuvenezcan de un modo que no siempre está al alcance de una obra en su propia lengua. Este año, en el que se cumplen cuatrocientos años de la publicación de la segunda parte del Quijote, la que convierte el libro en la primera novela moderna y, posiblemente, también posmoderna, está propiciando nuevos avatares de un libro inagotable. Mientras se buscan los restos de su autor y si continúa la tendencia inaugurada por Arturo Pérez Reverte y Andrés Trapiello, quizá los españoles dejemos de remediar los errores tácticos de nuestro seleccionador nacional y empecemos a corregir a nuestro mejor novelista.

El Quijote y su creador han inspirado muchas encarnaciones y creaciones derivadas: desde las ilustraciones de Doré a las de Antonio Saura, desde las interpretaciones de Fernando Rey, Nikolai Cherkasov a la de Juan Luis Galiardo, la versión teatral de Fernando Fernán Gómez y la recreación de Ramón J. Sender y Alfredo Castellón en Las gallinas de Cervantes, o las películas inacabadas de Orson Welles y Terry Gilliam. A veces se juega con el imaginario, se reinventa o se disfruta de dar un nuevo matiz a una obra que se admira. En ocasiones esto convive con la intención de acercar la obra al público.

Ese propósito pedagógico es un elemento central de El Quijote del siglo XXI, una versión radiofónica realizada por Radio Nacional de España y la Fundación BBVA que se estrena esta noche a las 24:00 (hora española). La producción, que cuenta con las interpretaciones de José María Pou (Don Quijote), Javier Cámara (Sancho Panza) y José Luis Gómez (narrador), Michelle Jenner (Dorotea), Antonio de la Torre (ventero) o Concha Velasco, también conmemora el medio siglo de una grabación histórica de Radio Nacional de España donde participaron Adolfo Marsillach, Fernando Rey, Francisco Rabal y Nati Mistral. La dirección es de Benigno Moreno, la realización de Mayca Aguilera y la música original de Luis Delgado. Son diez horas de grabación que se han realizado a lo largo de unos nueve meses y se emitirán íntegramente a partir de octubre, en veinte programas. En ellos habrá, además del capítulo, entrevistas a expertos en una obra que, como explicó en la presentación del proyecto el presidente de la Fundación BBVA Francisco González jugando con el léxico de otros campos, fue “una innovación radical y un cambio de paradigma”. Una de las ideas que impulsan el proyecto –que siempre es una combinación de lo viejo y lo nuevo– es la posibilidad de llegar a todo el mundo hispanohablante.

José María Pou explicaba que de joven, “1,95 y escuálido”, “siempre me decían que haría de don Quijote”: aunque el personaje le había rondado en ocasiones, paradójicamente, su Quijote es un Quijote que no vemos. Pou hablaba del placer de pronunciar algunos de los parlamentos. Javier Cámara, que bromeó diciendo que no recordaba si había dado un acento manchego a Sancho Panza, reivindicó el papel de la iniciativa privada en la cultura y sugirió una continuación del proyecto, con textos que vayan desde “Lorca a Mayorga y los que vengan después”. Concha Velasco, que interpreta a uno de los mejores personajes secundarios de una novela llena de voces, diálogos e historias leídas, recordó la importancia que tuvo en su infancia la radio, y versiones dramatizadas de novelas como Fortunata y Jacinta.

Francisco Rico, uno de los mayores expertos en la literatura del Siglo de Oro y responsable de la edición de referencia de El Quijote, es el guionista de esta versión.  Para él, el inconveniente de adaptar una obra maestra es también su ventaja: nunca se sustituye el libro, pero siempre queda algo de su calidad de esa obra. “Los grandes libros –decía– viven en el texto y en el contexto”. José María Gómez señalaba que “el ritmo nace del propio texto” y recordaba otra frase de Rico: “El Quijote no es un libro para ser leído, sino para ser contado”. Mario Vargas Llosa ha escrito: "El gran tema de Don Quijote de la Mancha es la ficción, su razón de ser, y la manera como ella, al infiltrarse en la vida, la va modelando, transformando". La novela vive por sí misma y nada puede sustituir la experiencia del texto, pero también vive en variantes.

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