Las siete mil vidas de Cat Power | Letras Libres
artículo no publicado

Las siete mil vidas de Cat Power

Una garrafa de vino tinto no fue suficiente para apagar los fuegos de Jukebox, la segunda compilación de covers realizada por la otrora arisca y perturbada cantante sureña ahora reconvertida en super mami del blues, Chan Marshall. No sé si su notorio cambio de imagen es también un cambio de esencia, pero intuyo en todo caso una peligrosa y atractiva vuelta de tuerca, o mejor, un estallido del talento artístico y musical de esta rabiosa e indómita belleza originaria de las planicies suburbanas de Atlanta, estado de Georgia, Unión Americana, hemisferio occidental, planeta Tierra.

Chan Marshall es tan buena en el difícil arte de la evocación —en Jukebox desfilan leyendas como Hank Williams, Billie Holiday, Bob Dylan, Janis Joplin, etcétera— que sólo ella puede reeditarse a sí misma en covers como si se tratara de (creo que lo es) un clásico; o como dijera un crítico de la revista Spin refiriéndose a su reinterpretación de titanes como James Brown o Joni Mitchell, escuchen las versiones de Cat Power y cuestionarán la integridad de los originales.

La imagen platinada de una Chan Marshall despampanante en la portada de Jukebox, quien según sus propias palabras ha dejado de vestirse como un dude y prefiere los diseños de Marc Jacobs así como un par de botas marca Ugg con las cuales resaltar sus piernas suculentas; el triunfo en la guerra contra su reputada inseguridad y proverbial timidez escénica; sus reiteradas promesas sobre el fin de los tiempos de autodestrucción y exceso; sus días en una clínica de rehabilitación y el cotidiano cara a cara con el fantasma del alcohol; la aceptación y alarde de su descarada belleza; el blues siempre soberbio; todo, todo eso, lo lleva a uno a pensar e incluso a temer –vaya estupidez: como si el malditismo decimonónico mantuviera el prestigio que todavía le atribuyen ciertas almas dizque maliciosas y cinicotas– que el ángel iracundo llamado Chan Marshall haya recuperado sus alas rotas y se disponga a empezar una nueva, bienaventurada y demasiado prometedora era. Falsos temores: sería como si un desconcertado Tom Waits comenzara un día a cantar con una armoniosa voz de terciopelo azul; como si una sosegada y por lo tanto imposible Nina Simone hubiera cantado loas al buen humor en sus impredecibles presentaciones ante el público; como si una noche te cruzaras con el poeta J.M. Fonollosa entrando al bar del brazo de una soñolienta ama de casa; como si las historias de Raymond Carver corrieran el riesgo de pasar por relatos de superación personal o John Fante dejara de hablar en sus novelas de tipos atribulados que cubren los hoyos en las suelas de sus zapatos con un pedazo de cartón. Puros temores y lamentos vacuos. Pero algo irresistible ocurre con Cat Power: se llevaron la desesperación y nos han dejado la belleza.

- Bruno H. Piché