Las razones de la mala leche | Letras Libres
artículo no publicado

Las razones de la mala leche

Las políticas contra la droga cuestan a los gobiernos y a los ciudadanos miles de millones de dólares. Quizá sea momento de intentar poner en práctica otro modelo.

La Organización de Consumidores y Usuarios de España acaba de publicar un informe que demuestra que la calidad de la leche entera que se vende es bastante mala.

Pero lo cierto es que no quiero escribir de la leche, sino de la legalización de la droga. Porque me parece un momento adecuado para que empecemos a hablar de ella en serio: en los medios de comunicación y en los parlamentos locales y en las instituciones supranacionales.

Aunque cerremos los ojos, aunque finjamos que no, la gente se droga: en todas partes y sin demasiados problemas, porque los traficantes trabajan sin descanso para sostener su gran red de distribución.

Las mafias son violentas, crean ejércitos, manejan enormes cantidades de dinero, corrompen, socavan la democracia.

Las políticas contra la droga cuestan a los gobiernos y a los ciudadanos miles de millones de dólares: gastos policiales, judiciales, penitenciarios, sanitarios, preventivos, fiscales... Miles de millones de dólares que podrían dedicarse a otros asuntos más importantes: educación, asistencia social, infraestructuras, pago de la deuda...

En las últimas elecciones en Holanda, hubo propuestas, de partidos de muy diferentes ideologías, para la legalización de la droga, y el argumento principal fue el económico: dejaría de malgastarse en represión y se multiplicarían los ingresos por impuestos, que la droga legal tendrá que tener, por supuesto, como el alcohol, el tabaco o los donuts.

Ahora nos vamos de Afganistán, escalonadamente, y es ese abandono el que me lleva a insistir en la necesidad de pensar las maneras de legalizar la droga.

Afganistán es el mayor productor de opio del mundo. De ser legal, su producción agrícola, que necesita de mucha mano de obra, y su posterior procesamiento, que también necesita una fase industrial, en la que entran las garantías sanitarias, la mecanización, el envasado o el diseño, podrían generar una economía que ayudara a estabilizar su democracia frágil, con la amenaza constante de los talibanes, cuyas víctimas favoritas son las mujeres.

Años y años de políticas represivas, y muy severas en muchos casos, no han conseguido que se deje de vender y de consumir droga. Quizá sea momento de intentar poner en práctica otro modelo, que no niegue que la droga está ahí, tan a mano como la leche, aunque sea malísima.