Las Posadas, noposí | Letras Libres
artículo no publicado

Las Posadas, noposí

Y bien, resulta, según este cronista sorpresivamente supo un día no muy lejano, que las Posadas —las fiestas mexicanísimas que en noches de diciembre se realizan o se realizaban en los vecindarios de la ciudad de México (hoy Esmógico City) con desfile de los vecinos y sus parentajes en doble fila, portando velitas y veladoras, cantando “eeen el nooombreee del cieeelo, ooos pido posaaada” y llegándose a la puerta de otro vecino (y su parentaje) para celebrar la noche en que María y José peregrinaron en busca de un lugar cubierto donde habría de nacer el Niño redentor—, las Posadas, como le decía, serán tradición, sí, mexicanísima, pero también son de raíz pagana, pues a su modo, y antes de que llegara don Hernán con sus compinches dizque cristianísimos, las celebraban los antiguos mexicanos para saludar el advenimiento de su dios de la guerra, Huitzilopochtli, y esas fiestas se efectuaban en más o menos los mismos días del mes llamado Panquetzaliztli, el cual en el calendario juliano corresponde al mes de diciembre, y...

—Noposí, mi buen —me interrumpe el taxista filósofo mientras trata con el tosijoso bochito de rodear el Zócalo ebrardiano pletórico de patinadores en el hielo—, ¿no que nuestra mexicanidad se halla en peligro de extinción por las perniciosas influencias de índole gabacha y del tal Santiclós?, ¿y no que los ilustres ancestros de su mero servidor de usted fueron totalmente vencidos por los gangsters hirsutos y sin bañar que con la cruz traían la espada y los cuacos más guerreros que retozones?, ¿y no que las Posadas serían tradición inventada por el virreinato gachupín para amansar a la insurrecta raza?, pues aistá, resulta que las Posadas no sólo son mexicanísimas sino además aztequísimas, prehispanísimas, autoctonísimas, ¡iiijaiiijaijaiii!, y... disculpe el grito salido de un viril pecho nacional, tranquilícese, don, pues uno, además de orgullosamente post-azteca, también es buen cristiano y no va a sacar el elegante, el oscuro, el relampagueante y sacrificial cuchillo de obsidiana, y menos en estas sincréticas fechas huitzilopochtlianas y cristianas que cabalmente son de paz y fraternidad entre congéneres, ¿o qué, no?, ¡noposí!

Milenio Diario, Miércoles 17 de diciembre, 2008