Las bodas | Letras Libres
artículo no publicado

Las bodas

Si en el pasado las tendencias de vanguardia abogaban por el amor libre, ahora participan en la renovación del prestigio matrimonial. El progresismo terminó por abrazar las convenciones sociales.

Hasta hace relativamente poco, el matrimonio fue visto con desprecio desde posiciones avanzadas. En obras tan distintas como El amante de Lady Chatterley y las películas de Tarzán, los convencionalismos burgueses quedaban atrás. La superioridad moral exaltaba el amor libre.

Nadie se hubiera imaginado las posiciones avanzadas que hoy exhiben las bodas y hasta los vestidos de novia. Menos aún que esta renovación del prestigio matrimonial se volviera una militancia gay y lesbiana.

El amor libre tiene raíces religiosas que se remontan a la predicación de Cristo y San Pablo sobre la libertad frente a la ley; a la secta cristiana de los adamitas (siglo ii) que deseaba restablecer el Paraíso practicando el nudismo y rechazando el matrimonio; al mandamiento de San Agustín (siglo iv): “Ama y haz lo que quieras”; a los Hermanos del Libre Espíritu (siglo xii), cuya teología recomendaba la pobreza, negaba el pecado y practicaba la promiscuidad; a la secta de los picardos (siglo xvi), adamitas de Bohemia que en una isla del río Nezarka fundaron una comuna nudista donde el matrimonio era pecado y no se permitía la propiedad individual.

Los escritores libertinos (Pietro Aretino o el Marqués de Sade) parecen continuar esa tradición, pero son otra cosa: donjuanismo epicúreo, individualista y antirreligioso. Las pensadoras del anarquismo y el feminismo se distancian de esa promiscuidad en favor del amor libre: el matrimonio al margen de la ley y las convenciones sociales. Mary Wollstonecraft (A vindication of the rights of woman, with strictures on political and moral subjects, 1792) aboga por la igualdad política y social de las mujeres, pero no la promiscuidad. En el siglo XX, la posición de Emma Goldman (Anarchism and other essays) es la misma.

Distinta fue la posición de Alexandra Kollontái en los primeros años del régimen soviético. Tuvo mucho poder, predicó el amor libre y abogó por la igualdad educativa, política y sexual de las mujeres, así como el derecho al divorcio y el aborto. Pero acabó asustando a Lenin, que la desterró como embajadora en Noruega (también estuvo en México). Escribió la Autobiografía de una comunista sexualmente emancipada (1926).

Charles Fourier soñó un nuevo mundo de armonía social, amor libre y poco trabajo que sería la culminación del progreso (Teoría de los cuatro movimientos: salvajismo, barbarie, patriarcado y civilización, 1808). Marx y Engels (Manifiesto comunista) lo tildan de socialista utópico. El surrealismo recobra ese sueño. André Breton escribe El amor loco (1937) y “Oda a Charles Fourier” (1947); Octavio Paz, Bajo tu clara sombra (1937) y La llama doble (1993).

Bertrand Russell (Marriage and morals, 1929) se lanzó contra la moralidad victoriana y escandalizó por sus propuestas de educación sexual y amor libre. Sigmund Freud (El malestar en la cultura, 1930) no creía en el amor ni en la libertad, sino en la represión, aunque de hecho el psicoanálisis contribuyó a la crítica de las ideas convencionales sobre la sexualidad. Fue criticado por Herbert Marcuse (Eros y civilización, 1955), que se volvió el filósofo de la rebelión juvenil.

Paralelamente, había surgido el movimiento de la planificación familiar con una orientación distinta: la paternidad responsable, el tamaño de la familia. Pero los métodos para lograrlo eran aplicables al margen de la vida familiar. En 1961, el lanzamiento comercial de Enovid 5, la píldora anticonceptiva, facilitó la emancipación de las mujeres y permitió a los flower children reinventar las comunas de los primeros siglos del cristianismo.

Gloria Steinem funda en 1971 la revista Ms. (tratamiento que desplazó el uso de Miss y Mrs.) y en 1987 declara la victoria: entre las personas avanzadas, casarse no es de buena reputación (“not having a good name”, Wikipedia, bajo “Free love”). La revolución sexual había culminado en un nuevo conformismo. Y, quizá contra eso, en el año 2000, Steinem se casó.

Las bodas como militancia gay y lesbiana tienen algo de “inversión de valores” (Nietzsche) y de “inversión carnavalesca” (Bajtín). Pero no invierten los valores victorianos, sino la milenaria tradición del amor libre contra el matrimonio. ~