La violencia, el dolor y el diálogo | Letras Libres
artículo no publicado

La violencia, el dolor y el diálogo

Ante la cuota de encono es necesario volver a Sicilia, recuperar el tumbo y volver a las víctimas.

Hace cinco años, el poeta Javier Sicilia escribió que la muerte de un hijo es siempre antinatural y por ello carece de nombre: porque no se es huérfano ni viudo, “se es simple y dolorosamente nada”. Cinco días atrás, su hijo  Juan Francisco y tres amigos habían sido asesinados por uno de los grupos criminales que actúan en la zona de Morelos y Guerrero y que adoptó más tarde el nombre de Guerreros Unidos.

A esos criminales se dirigió para decirles a nombre de miles “estamos hasta la madre”, para estregarles que se habían vuelto a tal grado cobardes que incluso perdieron la dignidad para matar. “Su violencia –explicó– ya no puede ser nombrada porque ni siquiera, como el dolor y el sufrimiento que provocan, tiene un nombre y un sentido. […] su violencia se ha vuelto infrahumana, no animal, sino subhumana, demoniaca, imbécil”. 

El poeta ha rechazado que se hable de las víctimas de la violencia de los últimos años como si fueran criminales, porque aunque lo fueran, “son también víctimas que hay que reconocer para saber de dónde provienen y qué no les dio el Estado, y qué nos les dimos la sociedad, para haber fracturado sus vidas”.

Sicilia se negó a hacer girar sus demandas, y su energía, en torno al dolor de su familia y condujo un movimiento por la paz y a favor de las víctimas que desfalleció porque perdió su vigencia para muchos oportunistas que lo acompañaron y que emigraron cuando les llegó la urgencia de conducir nuevas agendas políticas o bien, cuando Felipe Calderón dejó de ocupar el papel de villano y la inercia de los imbéciles solo enderezó los enconos contra su sucesor.

Cuando sobrevino la tragedia de Iguala, Sicilia vio a la sociedad tomar el camino que ya había demostrado ser el equivocado. Hace menos de un año publicó una carta a los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos. “Yo sé que el dolor de las víctimas es tal que las hace creer que su dolor es el único y que la justicia que reclaman es también única –les escribió–. Pero no en la realidad de un país que las produce de manera casi exponencial”. 

Manifestó su preocupación de que ni las familias ni las organizaciones que los acompañan directamente hubiesen abrazado, en el dolor de sus 43 hijos desaparecidos, el sufrimiento de las víctimas de toda la nación, y a partir de allí buscar algo más. “No se encierren en sí mismos –pidió–. Es lo que quieren el Estado y los criminales. Saben que allí radica su debilidad y la posibilidad del olvido al que nos quieren arrastrar a todos”. 

A los entonces candidatos presidenciales les reprochó contentarse simplemente con hablar de la inseguridad, de acusar de corruptos a los otros partidos sin expresar ningún camino humano y a corto plazo para construir la paz. Al hoy Presidente le recordó el uso patrimonialista de la nación de su partido, representante del voto corrompido, el voto comprado, el voto no ciudadano, el de la miseria moral. A Andrés Manuel López Obrador, quien se alista para ser nuevamente candidato, lo asoció con la intolerancia, la sordera, la confrontación con aquellos que no se le parecen o no comparten sus opiniones, al mismo tiempo que mencionó sus principales virtudes: el resentimiento político, la revancha sin matices, el mesianismo y la incapacidad autocrítica.

Contra las fundadas dudas de que aquel diálogo no serviría y no transformaría nada, Sicilia y otros aceptaron sentarse frente al presidente y su gabinete, frente a legisladores y candidatos partidistas, convencidos de que el diálogo es fundamental como una práctica de la democracia “para construir los caminos de la paz, que son los más difíciles de recorrer”.

Si no somos capaces de construirlos, lo que nos aguardará será esta espantosa violencia que ya vivimos, pero multiplicada exponencialmente”, era su conclusión.

Ante la cuota de encono puesta en el caso Iguala desde varios meses a la fecha y a escasas semanas de que varias familias en Veracruz perdieran a sus hijos, entregados por agentes policiacos de la entidad a integrantes de grupos criminales, mientras el gobernador dice que la violencia en la entidad se reduce al robo de frutsis y pingüinos, es necesario volver a Sicilia, recuperar el rumbo y volver la vista hacia las víctimas, entre las que también hay buenos policías asesinados mientras hacían su trabajo ycuyas vidas también han sido destrozadas y tratadas con la misma impunidad e indiferencia. ~

 


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