La vida de nosotros | Letras Libres
artículo no publicado

La vida de nosotros

No por casualidad encontré a tantos cubanos entre los espectadores madrileños de La vida de los otros: lo que cuenta Florian Henckel von Donnersmack en su película es, al fin y al cabo, la vida de nosotros. Cinco años antes de la caída del Muro de Berlín, el Ministerio para la Seguridad del Estado (Stasi) comienza a vigilar a la pareja compuesta por un dramaturgo y una actriz, pertenecientes ambos a una elite bien vista hasta que el ministro de Cultura y un teniente coronel de la Stasi se preguntan si en aquella pareja no habrá gato encerrado. Y les siembran de micrófonos el apartamento, pinchan sus conversaciones telefónicas, disponen que un capitán transcriba sus diálogos y sus acoplamientos.

El filme gira en torno a ese capitán, asomado a la intimidad de otros, que se transforma en un Schindler de lista breve (pero afiliado a la Gestapo). La Stasi es casi caballerosa dentro de su maldad. Deja fuera la tortura, a excepción de su variante psicológica. Y en la mejor escena del filme asistimos a una clase magistral sobre interrogatorios, de la cual se desprende que allí arribaban a confesiones sin golpe alguno, gracias a la falta de sueño y a la repetición de un cuestionario.

Cuando un ministro todopoderoso quiere acabar con alguien, se ve obligado a pedir que le encuentren algún detalle inculpatorio, como si la maquinaria del Estado necesitase de pruebas previas. Un amigo alemán que sufrió la atención de la Stasi durante esos años me asegura que lo histórico del filme es falso, no por su policía secreta cuasi legalista, sino por la burda Stasi que aparece en él. Según experiencia suya, los esbirros resultaban más sutiles, procuraban no dar pie a la creación de víctimas famosas, y gran parte de los dramaturgos y actores exitosos de Alemania Oriental contaban por entonces con permiso para atravesar el Muro y adentrarse en Occidente. (Por qué volvían: he ahí la tremenda cuestión.)

Devaluada como empeño histórico bajo cualquiera de estas dos razones, La vida de los otros podría ser apreciada por su factura. Aunque tampoco lo consigue. Sabemos, por ejemplo, las razones del dramaturgo para obrar en contra del poder que respetaba, pero desconocemos (y esto resulta primordial en la historia) por qué traiciona el capitán a la Stasi, qué lo hace apiadarse de sus vigilados. ¿Amor por la actriz? ¿Respeto hacia el talento del dramaturgo? ¿Emoción hasta las lágrimas ante una pieza de piano? ¿Lecturas de Brecht? ¿Sana envidia de la felicidad ajena? La película padece de muchos finales, y en uno de ellos sale a relucir la bondad del capitán: lo movió la bondad. Un caso de conciencia como el suyo podría extenderse durante páginas. El cine, en cambio, exige puntualidad y contundencia.

Aquí cabría enumerar otras torpezas narrativas (valga la delación incompleta, y luego completa, del escondite de la máquina de escribir): la historia marcha mal desde el momento en que el gabinete de escucha es instalado encima del apartamento de los espiados. Como si la Stasi contara con un débil sistema de microfonía, o se tratase de una nueva versión de Sliver… Inexacta, simplificadora y mal resuelta, La vida de los otros no es capaz de mostrar con veracidad un sistema político y una época. Pero parece constituir un buen vehículo (quizás por inexacto y simplificador) para representar ante el gran público ciertos procedimientos que no cesaron con la caída del Muro de Berlín, que habrán desaparecido dentro de Alemania, pero aún refluyen, por aquí y por allá, para cargarse a gente incómoda: periodistas, ex espías, políticos, catedráticos...

La vida de los otros ha recibido el Oscar a la mejor película extranjera. A la salida del cine, varios nos cuestionamos si podrá ser vista en Cuba. No hay duda de que otros títulos premiados en la misma ceremonia serán exhibidos allá, pero la ópera prima de Florian Henckel von Donnersmarck difícilmente llegará a los cines cubanos. Circulará en secreto, irá de mano en mano. Constituirá un motivo más de vigilancia para las fuerzas del Departamento de Seguridad del Estado de la República de Cuba, discípulas y herederas de aquella Stasi. ~