La sombra de las nubes sobre el agua | Letras Libres
artículo no publicado

La sombra de las nubes sobre el agua

com passa l'ombra dels núvols sobre el riu
     la teva mirada vacil.la ran de l'aigua
     — A. Ràfols-Casamada

Sin estridencias ni concesiones a la moda, en un trabajo plural y constante en el que se dan cita la pintura y el dibujo, la poesía, la prosa diarística y el ensayo, el pintor catalán Albert Ràfols-Casamada ha construido a lo largo de más de medio siglo un universo artístico y poético absolutamente personal que constituye hoy en día un referente cultural de primer orden en nuestra sociedad.
     Tras la gran antológica que el MACBA de Barcelona y el IVAM de Valencia dedicaron al artista hace escasamente dos años, ésta es la primera exposición de Ràfols-Casamada en su ciudad natal. Contemplar de nuevo esta pintura, reencontrarse con ella, invita a una indefinible alegría. Reconocemos un lenguaje pictórico, fiel a sí mismo y a los rasgos que lo han caracterizado, pero también, al mismo tiempo, sentimos una sensación profunda de sorpresa, como si asistiésemos al nacimiento de una pintura, como si la contempláramos por vez primera. La frescura y la intensidad de los colores cálidos —ocres, marrones, amarillos—, colores de la tierra y de la proximidad —Tierra desnuda, lleva como título uno de los cuadros más bellos de esta exposición—, la honda sonoridad espacial de los azules, la extraña conjunción de vigor y delicadeza en el trazo, el tenso equilibrio entre forma y color en la composición, nos confirman de nuevo en un espacio —un espacio en cuya contemplación también nosotros hemos crecido— en el que no existe la repetición sino la sucesión, la aventura, el ahondamiento en un lenguaje, en su esencialización.
     En la madurez de Albert Ràfols-Casamada, pintura y naturaleza son parte de un todo en el que ya no tiene sentido hablar de realidad y representación. Más que nunca, el tema de la pintura es aquí la propia pintura; ir al fondo de ella misma significa para el artista penetrar en el ámbito secreto al que sólo ella puede acceder: "Cada cuadro —ha escrito el pintor— es una nueva aventura, una nueva exploración de un territorio desconocido". La pintura dice sobre el mundo en la medida en que lo hace sobre sí misma, en que ahonda en su propio lenguaje, tras haberse desembarazado de un concepto impuesto de realidad que deja fuera aquello en que la vida se manifiesta con mayor intensidad. Para Ràfols-Casamada, lo que el color sabe de sí mismo, de su realidad, sólo el color lo puede expresar: "Del azul al rojo, del blanco al negro: cada color tiene un significado propio que sólo se puede expresar mediante el color". La pintura se alimenta de sí misma como tema en la medida en que define un lugar de coincidencia con la vida.
     Claustro en el que del mundo sólo quedan unos pinceles, la tela, lápices, unos colores, el pintor se encierra en su estudio para ver, cierra los ojos para mirar. No desea mostrar el mundo, definirlo en sus trazos más evidentes, como si para ser realidad el arte tuviera que supeditarse a un concepto demasiado pobre de aquélla. Tampoco quiere, como pudiera pensarse, expresar una realidad que previamente ya conoce. Ante ese espacio de luz blanca, desnudo de elementos, lo que el pintor anhela es suscitar lo que él mismo ignora, encontrar lo que desconoce, lo que el propio espacio reclama. La sola espera del trazo llena de intensidad, de latencia, ese espacio hasta entonces vacío de sentido. Espacio hondo que genera unas formas y unos signos que a su vez lo transforman. Universo pictórico que es, por tanto, y antes que cualquier otra cosa, manifestación del lugar que lo origina, del ámbito verdadero de la pintura.
     Toda la obra de Ràfols-Casamada nos enseña que la realidad interior del arte es parte constitutiva y esencial de eso que llamamos "lo real". ¿Cómo no llamar realidad a una obra de arte que nos retorna, que nos sitúa en el centro mismo de la vida? La mirada, entonces, traspasa un límite, un umbral casi siempre infranqueable. No mira la realidad, está en la realidad, viaja en ella —tangible aunque inapresable— como sobre las aguas la sombra de las nubes. ~