La muerte y el encantador de serpientes | Letras Libres
artículo no publicado

La muerte y el encantador de serpientes

      El fanatismo puritano y asesino ha atacado Marrakech. La solidaridad con las víctimas y la condena al terrorismo deben ir acompañadas de una firme determinación: promover la libertad individual y la democracia en Marruecos.

    Comienzo con una frase de H. L. Mencken, que a menudo repite, con añadidos propios, Salman Rushdie: “El puritanismo es temer que alguien en algún lugar del mundo esté siendo feliz. La mejor respuesta al puritanismo es la felicidad. No tenemos, de ninguna manera, que convertirnos en el espejo de las personas que nos odian. Tenemos la obligación de ser felices”.

    El terrorista que se inmoló ayer en Marrakech, matando a más de 15 personas, era sin duda un puritano y tenía un miedo tremendo a que otros (todos, cualquiera, tú, yo) fueran felices. De otra manera, no habría elegido la plaza de Yemaa el Fna, llena de historias, de encantadores de serpientes y de tragafuegos, de turistas, de cafés, ejemplo de algo que, siendo Marruecos, no es Marruecos sino “patrimonio cultural de la Humanidad”.

    Hemos sido muy negligentes con Marruecos, pensando que era mejor que todos los países de su entorno y pensando que la situación estaba controlada. Somos basura si disfrutamos de la democracia y defendemos dictaduras, por muchos vínculos económicos que tengamos con ellas.

    Hasta antesdeayer, en Marruecos, un país con un 40% de población analfabeta, las mujeres vivían “en régimen de semiesclavitud”, y no son palabras mías, sino de Tahar Ben Jelloun, que pasa por ser uno de los intelectuales marroquíes más reputados y el interlocutor más privilegiado con Occidente. Tahar Ben Jelloun no apuesta por la democracia real sino que defiende un aguado reformismo político de maneras suaves [Amo inventare storie; publicado en Italia por ADV]: es decir, más de lo mismo, pero endulzado; la estrategia que está siguiendo el rey Mohamed VI, con poco éxito.

    Me gusta mucho más la postura de otro escritor marroquí, Abdelá Taia, que no se anda con remilgos. Esto dice de su país: “Vengo de un mundo, el musulmán, donde el grupo y el control social es muy fuerte. La noción de individuo no existe y eso es lo que más me molesta. El problema de Marruecos es que no hay posibilidad de ser, ya desde que naces. Y lo peor es que tampoco existe un espacio donde poder ser. Esta intimidación ejercida sobre las personas hace que la gente tenga miedo, hasta el punto de que tu existencia pasa por lo que dice tu padre, tu madre, la vecina, el clérigo...”. Abdelá Taia concluye que solo hay una posibilidad, abandonar y largarse al primer mundo. Pero creo que hay otra: que la democracia llegue a Marruecos, como parece estar llegando a todo el norte de África, empujada por la necesidad de un mundo otro.