La mosca | Letras Libres
artículo no publicado

La mosca

Al salir del portal

un solemne me obliga

a la primera sonrisa

educada,

pero de pronto,

me distraigo

y aflora mi cara de idiota:

es que la mosca

me llama con su vuelo

insistente,

que me absorbe

con más fuerza

que el vuelo silencioso

y ondulado de la mariposa.

La urbanidades me cansan,

me obligan a un esfuerzo

de hipocresía.

La mosca es espesa,

no vive del aire,

vuela de uno a otro

excremento,

pero el ruido de su vuelo

me devuelve

al sol de la broma y el juego.

Cuando debo sonreír,

sonrío,

pero no entiendo

por qué sonreír en ayunas

de placer y disfrute;

la mosca,

con su vuelo ladino y pegajoso,

interrumpe reverencias y zalamerías,

entonces y sólo entonces,

verdaderamente, sonrío

e, incluso, me vence

la risa franca. ~