A la memoria: Calígula | Letras Libres
artículo no publicado

A la memoria: Calígula

El sobrenombre Calígula quizás remita la imagen de un tirano de gustos temibles, un hombre temperamental y maduro que utilizaba el impulso de su carácter oscuro para aterrorizar Roma y sus territorios. Lo cierto es que el emperador no pasó de los 29 años y que en su corto reinado se hizo fama, hasta nuestros días, de ser el más despótico, caprichoso y vil de los emperadores romanos. No obstante, su sobrenombre es contrapunto de su biografía: significa “botitas”, y se debe a que de niño solía pasearse entre las líneas del ejército romano calzando las caligas o botas legionarias durante las campañas del general Germánico, su padre, a quien acompañó en el Rin y Siria.

Nacido como Cayo Julio César Germánico en el año 12, llegó al poder luego de una larga serie de muertes nebulosas: su padre fue envenenado, al parecer por el emperador en turno, Tiberio, dada su creciente y amenazante popularidad; luego su madre Agripina fue exiliada y dejada morir de hambre. Astuto y ambicioso, Calígula acompañó a Tiberio durante su retiro en Capri, enterró su enorme resentimiento y conquistó la confianza del emperador como el mejor de sus sirvientes. Al poco de estipular que su hijo Gemelo cogobernara con Calígula, Tiberio murió asfixiado con una almohada. Entonces Botitas reinterpretó mañosamente su voluntad y asesinó a Gemelo: tomaría el poder en 37. Sería el tercer emperador de Roma.

Los primeros años de su gobierno fueron marcados por la popularidad: capitalizó la buena fama de su padre, eliminó ciertos impuestos, organizó batallas de gladiadores: el pueblo lo comparaba con Augusto. Luego enfermó gravemente y lo alcanzó su sino: tras curarse, gastó el tesoro imperial en obras privadas y ociosas y sus manejos deficientes produjeron una hambruna general, pero la crisis no aminoró su estilo dispendioso y excéntrico. Suetonio, Tácito, Filón de Alejandría, Séneca el joven y Dion Casio dieron testimonio de sus peculiaridades: a lo largo del tiempo planeó fundar una ciudad en la cima de los Alpes, construyó para sí un barco con pisos de mármol, presuntamente practicó el incesto con sus hermanas y las obligó a prostituirse, nombró a su caballo Incitatus cónsul y sacerdote y le edificó una villa con 18 sirvientes, movilizó a sus hombres para conquistar Britania y llegados al canal solo les ordenó recoger conchas en la arena. También se presentaba públicamente vestido como dios y firmaba ciertos documentos como “Júpiter”. Cuando en alguna comunidad judía uno de los templos que construyó para su adoración personal fue destruido, ordenó instalar una estatua suya en el Templo de Jerusalén.

No resulta inexplicable, entonces, que Botitas haya inspirado parte de Yo, Claudio, la novela de Robert Graves que en 1976 devino en serie televisiva de la BBC, o que a su figura se deban las películas tituladas Calígula, una de Szabolcs Hajdu (1996) y otra donde lo interpreta Malcolm McDowell (el también protagonista de La naranja mecánica), así como la obra homónima de Albert Camus (1944). Tampoco parece improbable que a los 29 años el emperador fuera asesinado por una conspiración de pretorianos y senadores. La encabezaba Casio Querea, a quien el tirano denigraba por su afeminamiento llamándolo Venus y Príamo. Comúnmente se acepta el 24 de enero como la fecha del asesinato.

Las cenizas de Calígula se depositaron en el Mausoleo de Augusto hasta que, en 410, durante el saqueo de Roma, los invasores sembraron el aire con ellas.

- Jorge Degetau

(Imagen tomada de aquí)

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