La libertad de un pueblo | Letras Libres
artículo no publicado

La libertad de un pueblo

España, año 2050: Abuelito, cuéntame cómo nos hicimos independientes.

Año 2050.

-Abuelito, cuéntame otra vez la historia de cómo nos independizamos, porfi.

-Ay, Pelayo, mi pequeño patriota. Nunca te cansas de escucharla, ¿verdad? Ven, siéntate en las rodillas del abuelo Rodrigo y presta atención.Todo comenzó el 27 de septiembre de 2015. En aquel tiempo yo era un humilde diputado del PP por Soria, pero eso estaba a punto de cambiar para siempre. No fue fácil: Roma no se hizo en un día, ¿sabes, hijo? Fueron años de dura lucha. Nos robaban. Nos maltrataban. Pero nada nos detenía. Durante la legislatura anterior, España fue un clamor independentista. Millones de banderas rojigualdas teñían nuestra piel de toro, las manifestaciones se sucedían cada fin de semana, decenas de autobuses llegaban a la plaza de Oriente desde todos los rincones del país para pedir el fin de la opresión. Uno de los momentos más emotivos sucedió durante la celebración de la “Vía Española”, el 12 de octubre del año anterior. Los ciudadanos unimos nuestras manos desde Santiago hasta Murcia y desde Huesca hasta Huelva para reivindicar nuestro derecho a la autodeterminación. Todavía se me pone la piel de gallina al rememorarlo.

-¿Y no teníais miedo, abuelito?

-Claro que sí, hijo, pero el destino de la nación estaba por encima de sus hombres. Siempre recordaré las palabras del presidente Arturo: “Puede que nos quiten la vida, pero jamás podrán quitarnos la libertad”. Ya digo que aquellas elecciones fueron históricas. Por primera vez, el PP y el PSOE concurrimos con una única lista, a la que llamamos "Juntos por el sí". El número uno de la candidatura fue José Luis Centella, de Izquierda Unida. ¡Qué maravilla, qué crisol de ideologías hermanadas por la patria! En las listas también estaban notables figuras de la sociedad civil: había profesores, economistas, abogados de Manos Limpias, ¡hasta José Luis Perales!

-¿El del velero llamado Libertad, abuelo?

-Ese. ¿Verdad que es bonita la alegoría del barco, hijo? Y, como guinda, la lista la cerraba Raúl González.

-¿El Gran Capitán, abuelo?

-El mismo, Pelayo. El siete de España. Pero no te emociones tan rápido, pequeño, que queda mucho partido.Los resultados electorales no fueron los esperados. La noche del 27 de septiembre no hubo nadie bañándose en la Cibeles, ni se descorchó champán extremeño. El independentismo retrocedía, ¡maldición!, todo por culpa de las grandes ciudades y su manía cosmopolita.Los meses que siguieron fueron muy difíciles, y muchos perdieron la fe. No teníamos mayoría para investir al presidente Arturo y, durante algún tiempo, el proyecto independentista pareció una nave a la deriva.

-¿Y cómo lo arreglasteis, abuelito?

-Fue el presidente Arturo, claro. En un gesto de magnánima generosidad, nuestro líder renunció a La Moncloa, se sacrificó por el bien de España.

-Pero si luego fue presidente, abuelo.

-Bueno, hijo, luego sí. Pero al principio dijo que se iba.

Así fue como el PP llegó a un acuerdo de investidura con Podemos. A cambio de la renuncia de Arturo, los de Pablo Iglesias nos mandaron varios de sus diputados a Génova, y relevaron a otros tantos.

-¿Y no es un acuerdo un poco loco, abuelo?

-Hijo mío, algún día te darás cuenta de que la patria es más importante que la ideología. Y, bueno, la verdad es que tampoco nos venía muy bien que se repitieran elecciones, ¿sabes? Ni al PP ni a Podemos, así que todos pusimos de nuestra parte para llegar a un acuerdo.

-Entonces, si Arturo no era presidente, ¿quién lo sería en su lugar?

-Ahí es donde entra en juego tu abuelo, Pelayo. El presidente Arturo me dio la oportunidad de mi vida al proponerme para La Moncloa. Después, Podemos aceptó: gracias a dios que esa vez decidieron no celebrar una asamblea. Y así fue como tu abuelo se convirtió en el presidente tres trillones de España. Mira, esta foto es de aquel día, aquí estoy con el líder Arturo. Ay, qué jóvenes estamos.

-¿Ya llevabas peluca entonces, abuelo?

-Bueno, Pelayo, no cambies de tema, que me distraes. ¿Por dónde iba? Ah, sí. Tras el acuerdo histórico, el Real Madrid me dedicó en Twitter un mensaje personal, mira tengo la captura de pantalla: “Felicidades, presidente García. Que el acierto os acompañe en esta etapa histórica y apasionante que hoy inicia nuestro país, España”.

-¿Qué es Twitter, abuelo?

-Pues una cosa de viejos, hijo.

Luego la situación se torció un poco. No era fácil gobernar con esos costrosos de Podemos, ¿sabes? Tuvo que volver el presidente Arturo para arreglarlo. Pero valió la pena. Por fin somos libres.

-¿Y por eso el Madrid no juega la Champions, abuelo?

-Por eso mismo, Pelayo. Y ahora calla un poco, muchacho, que empieza el Chelsea-Bayern.

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