La importancia de la diversidad | Letras Libres
artículo no publicado

La importancia de la diversidad

¿Qué controla el número de especies de un ecosistema y por qué algunos son más propensos que otros a ser invadidos por variedades exóticas? ¿Cuáles son los mecanismos de la competición por los recursos y cuál es su implicación en la diversidad de especies y su coexistencia? Estas son preguntas candentes en un momento en el que la actividad humana, la globalización y la facilidad de desplazamiento amenazan incluso los santuarios más vírgenes del planeta. Por sus respuestas a estas preguntas, el científico estadounidense David Tilman (Aurora, Illinois), catedrático de la Universidad de Minnesota, ha resultado galardonado con el Premio Fundación bbva Fronteras del Conocimiento en la categoría de Ecología y Biología de la Conservación.

La carrera de David Tilman se ha centrado en desarrollar teorías sobre biodiversidad y composición de ecosistemas basadas en sus propios experimentos sobre competición de recursos en comunidades de algas y de praderas. Nacido en 1949, se sintió atraído por la física, pero su amor por las matemáticas y la biología, unido a su sensibilidad por los problemas de la sostenibilidad, le inclinaron al estudio de las teorías predictivas en la ecología. Por ello, se describe a la vez como un ecólogo experimental y como un teórico. Dirige la Reserva de Cedar Creek, una estación de investigación que cuenta con 2.800 hectáreas de terreno y donde estableció nuevos sistemas experimentales de estudio a largo plazo que le han llevado a sus contribuciones fundamentales. Su nueva teoría estocástica ha ayudado a convertir la ecología en una ciencia más predictiva y cuantitativa, que ayuda a resolver muchos de los conflictos entre la “teoría neutral” y la “teoría del nicho”. Una de sus aserciones más conocidas se refiere a la importancia de la diversidad y su fuerte impacto en el funcionamiento de los ecosistemas. Hoy en día la necesidad de conservar la biodiversidad puede parecer una obviedad o algo indiscutible. Sin embargo, a principios de la década de los noventa la situación no era la misma. Tilman ha recordado que fue una “enorme sorpresa porque hasta entonces se creía que el funcionamiento de los ecosistemas venía determinado por unas pocas especies importantes, y que las demás no eran relevantes”. Su trabajo publicado en Nature en 1994 ha sido uno de los más citados de la ecología moderna. El científico sostiene que los ecosistemas se debían conservar, sí, pero por “una cuestión moral, no científica”.

El equilibrio es un compromiso entre capacidades que hace posible la coexistencia de un alto número de especies. La teoría de Tilman predice que, cuantas más de ellas coexistan en una comunidad ecológica, menos recursos quedan libres para que se aprovechen las especies intrusas, lo que hace la invasión menos probable. La habilidad de la planta invasora para establecerse va a depender de los recursos no aprovechados por los individuos ya establecidos y de sus necesidades concretas. Tilman, muy preocupado por los efectos de la presión del ser humano sobre el planeta, nos asegura que “los mecanismos y las matemáticas de la economía de la naturaleza son sorprendentemente similares a los de la economía de una sociedad humana”. La analogía con la economía es importante, desde su punto de vista, porque las elecciones económicas de los consumidores pueden estar causando un daño global al medio ambiente.

Tilman también ha llevado a cabo diversos estudios para determinar la conveniencia y necesidad de utilizar ciertos vegetales para la obtención de biocombustibles. Su investigación ha contribuido a definir políticas basadas en el conocimiento científico y dirigidas al uso de la tierra y al equilibrio del carbono a escala mundial, algo que ha tenido implicaciones en cuestiones prácticas como la producción de esa nueva fuente de energía. “Los biocombustibles no son la solución para nuestro problema de emisiones de gases de efecto invernadero”, ha afirmado. Para él, “hay muy pocas formas ventajosas para el medio ambiente de hacer biocombustibles”, y pasan por cultivar especies no de consumo humano con técnicas que fomenten la biodiversidad. Sin embargo, no echa las campanas al vuelo porque “estos biocombustibles podrían sustituir solo hasta el diez por ciento de la gasolina que empleamos, así que nunca resolverían nuestro problema de emisiones. Lo realmente importante es que desarrollemos métodos de transporte mucho más eficientes”.

Por sus numerosas contribuciones a la ciencia obtuvo un puesto en la Academia Nacional de Ciencias en el 2002. También fue galardonado el año pasado con el Premio Ramón Margalef de Ecología, que concede la Generalitat de Cataluña. El premio Fundación bbva Fronteras del Conocimiento en la categoría de Ecología y Biología de la Conservación, dotado con 400.000 euros, le ha sido concedido por fundamentar científicamente el valor de la biodiversidad que hace que los ecosistemas sean “más productivos, más resistentes ante invasiones de especies exóticas y más estables ante fenómenos perturbadores como la sequía”, tal y como ha explicado el acta de su tribunal. El jurado menciona su hallazgo de que la relación entre el grado de destrucción de un ecosistema y el impacto sobre las especies que lo integran es más compleja de lo que parecería, hasta el punto de que puede acontecer lo que David Tilman ha definido como una “deuda de extinción”.

En la actualidad, el trabajo de Tilman se concentra en la mejora y el incremento de la productividad agraria evitando los costes de un aumento de su impacto ambiental. En una de sus últimas publicaciones, en la revista Nature del pasado noviembre de 2014, indaga e investiga sobre cuál sería la dieta humana más adecuada y conveniente si queremos dejar a nuestros descendientes un medio ambiente preservado, contribuyendo a una reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y cómo no, a una mejor salud y expectativas de vida para los habitantes de todo el planeta. Sin duda, un asunto inaplazable. ~