De la hermosura | Letras Libres
artículo no publicado

De la hermosura

Astucias que le son y astucias que no le son
dijera Ovidio: los tacones
le son, ojalá altos, lo bestial
visible, los pezones, no importa
lo exiguo del formato, el beso
bien pintado, parisino
el aroma, azulosos
sin exceso los párpados, sigiloso
el zarpazo longuilíneo
de la piel, visionario
el fulgor, especialmente eso, visionario el fulgor.

Y, claro, áureos los centímetros
ciento setenta del encanto
del tobillo a las hebras
torrenciales del pelo. —"Piénsese
irrumpe entonces a esa altura Borges, ¿quién
sino el Aleph pudiera entera animala así olfatearla,
durarla, perdurarla en su enigma, airearla,
mancharla hasta serla, ya libre, des-
adjetivarla, quién,
especialmente eso, la hartara?"

Especialmente nada, muchachos, ¡videntes
de otra edad! ¡Borges,
Publio Ovidio!, nada: lo cierto
es que no hay nada, salvo
cada 28 sangre
de parir y ése es el juego. De ahí vinimos viniendo los
poetas malheridos aullando
mujer, gimiendo
          hermosura, eternidad
que no se ve; especialmente eso, muchachos,
que no se ve. ~


— Felicitamos a Gonzalo Rojas por la recepción, este mes, del Premio Cervantes de Literatura.
  • Fue en Santiago de Chile en el año de 1938. La voz de Vicente Huidobro resonó en los oídos de un poeta muy joven que acababa de provocar a su maestro. Ese poeta se llamaba Gonzalo Rojas y tenía 21 años; Huidobro andaba por los 45 cuando se enfrentaron en una escena paradigmática.
          
         Cum subit illius tristissima noctis imago,
         quae mihi supremum tempus in urbe fuit,
         cum repeto noctem, qua tot mihi cara reliqui.
         labitur ex oculis nunc quoque gutta meis...1