La fuerza de lo cursi | Letras Libres
artículo no publicado

La fuerza de lo cursi

En los primeros años ochenta, en medio de los modernos grupos de la Movida –etiqueta que ya no se sabe si sirve o no– o de la Nueva Ola, un grupo tuvo un éxito apabullante con su primer álbum homónimo: Mecano. ¿Qué tenía ese trío pseudofamiliar de techno-pop para arrebatar el número uno en ventas a Radio Futura, Alaska y los cantantes melódicos del posfranquismo? ¿Eran edulcorados, les faltaba autenticidad, eran un producto? En Mecano 82 (Lengua de Trapo, 2013), Grace Morales intenta dar respuesta a estas preguntas rastreando en hemerotecas y analizando las circunstancias de la composición, grabación y lanzamiento del primer álbum del grupo en el año 82: “Mecano fue, en ese contexto sociocultural, el primer fenómeno pop masivo de la democracia.” De ese álbum inicial se vendió medio millón de copias en el año de su aparición, Mecano se separó en 1992, se reunió brevemente en el 98 y, desde entonces, la especulación sobre su vuelta siempre ha estado ahí. Hay una pregunta fundamental, que no se formula, pero que articula el libro y el misterio del triunfo de Mecano: ¿explica algo de España y de los primeros años de la democracia el éxito en todas las capas de la sociedad de este grupo de buenos chicos?

Morales, fundadora del fanzine Mondo Brutto, escritora y testigo de los primeros pasos de Mecano, recoge opiniones de periodistas musicales, productores y músicos solicitadas ex profeso para el libro. También aparecen testimonios y fragmentos de entrevistas de los componentes del grupo. Sin embargo, los trata con una falta de rigor que invita a la desconfianza. En una nota al pie, la autora confiesa: “He recopilado declaraciones del grupo en torno a los años 81-83, redactando un ‘Cuestionario Frankenstein’ […]. He cambiado las preguntas y el orden de los textos, me he inventado otros, aprovechándome de la ventaja de saber el desenlace de la historia y de conocer claves sobre los tres artistas que ellos apenas tenían en esos años. También me he permitido añadir literatura humorística y algunas dosis de fantaciencia”. Es decir, que hay extractos reales y extractos inventados o manipulados y no se indica cuál es el grado de intervención que han sufrido.

El libro tiene otros defectos: da una impresión de escritura y edición algo apresuradas, cierta tendencia a la redundancia y la circularidad, y quitando los cotilleos del mundo musical del momento (el rechazo de los grupos “auténticos” de Mecano, el afán del pequeño de los Cano por ser admitido en el selecto club de los de la Movida, las maniobras de las discográficas, las acusaciones de plagio o influencia de la melodía de “Los amantes” en “Common People” de Pulp, y los inicios de José María Cano como cantautor) las ideas más interesantes del libro están planteadas muy al principio y en las páginas finales. A pesar de eso, es una lectura ágil y entretenida. Quizá decepciona un poco la falta de profundidad y de una reflexión más sosegada. Pero podría ser un problema de expectativas: esperaba un acercamiento al grupo y a su popularidad desde un punto sociopolítico, que el libro se arriesgase a dibujar más claramente al trío como una metáfora de los comienzos de la democracia; una idea arriesgada, pero no disparatada, y planteada de manera más bien tímida en el libro

Mecano se publicó el mismo año en que España organizó un Mundial de fútbol, el año en que el psoe llegó al poder. Tierno Galván acudió a la presentación del álbum. Su popularidad era tal que llegaron a dar nombre a un coche: el Renault Clio Mecano. Era el grupo preferido de las infantas y del príncipe Felipe: Nacho Cano compuso la música para la boda de los príncipes de Asturias y Ana Torroja se hizo amiga personal de las infantas. “La publicidad de cbs los presentaba como la promesa de una música pop que nada tenía que ver con el estereotipo de persona conflictiva. Ellos eran gente sana. Buenos chicos, nada de delincuentes, melenudos o figuras sospechosas”, dice la autora.

Para Morales, “La década de los ochenta fue a juicio (o más bien en el sentimiento) de una generación el triunfo de una nueva España que se quitaba, a ritmo de sintetizador, melodías y estribillos pegadizos, la pátina de una época de miseria y estancamiento, según el tópico de la propaganda política y comercial”, y Mecano era el grupo que encarnaba esos valores: “Su pop de línea clara, repleto de canciones pegadizas, era la herramienta perfecta para ambientar esa parcela amable, moderna y de confort que muchos querían edificar sobre un espacio gris, atrasado y taciturno.” El texto promocional los presentaba como “El comienzo de una nueva era. La confianza en una nueva generación, joven, bella y valiente.” Se produjo una identificación entre Mecano y el progreso que se abría en España. De hecho, “El blues del esclavo”, de Descanso dominical (1988), debe de ser de las primeras canciones en español sobre el Estado del bienestar: “[…] quiere obtener / descanso dominical, un salario normal, / dos pagas, mes de vacaciones / y una pensión tras la jubilación”. Se puede concluir que Mecano es el grupo de un cambio más vistoso que real.

Las rimas ripiosas, los errores o el humor ingenuo caracterizan las letras de Mecano. Fran Nixon sostiene: “Supongo que esa es una de las habilidades de Mecano, de acuñar frases memorables, por muy ripiosas que nos parezcan. Creo que para hacer cosas memorables hay que arriesgarse a hacer el ridículo.” Y, desde luego, por decirlo de forma suave, Mecano bordeaba la línea del ridículo (“Yo soy uno de esos amantes / tan elegante como los de antes”; “Te dije: nena, dame un beso / y tú contestastes [sic] que no”; “El ser negrito es un color / lo de ser esclavo no lo trago”; o el título de la canción dedicada a Dalí: “Eungenio Salvador Dalí”); al mismo tiempo no tenían complejos a la hora de escribir sus canciones: la perra Laika, viajes espaciales, una historia de amor entre un hombre y una máquina conviven con temas propios de la indolencia adolescente como el amor, la resaca o querer ir a fiestas a las que no te han invitado, que irían abandonando para dejar sitio a una profundidad no menos ridícula. Tal vez el éxito de Mecano se explique en el título de uno de los capítulos finales del libro de Grace Morales: “La fuerza de lo cursi”. ~